El Grupo BRICS. Un mito que se derrumba

Está teniendo lugar una profunda recesión económica en Brasil, con un déficit fiscal record, lo cual ha desembocado en una crisis gubernamental que condujo a la destitución de la Presidenta. Esto, unido al “destape” de un extenso caso de corrupción en una de las estrellas del país; la estatal industria petrolera Petrobras, que ha salpicado a notables figuras de la política y producido una honda alteración en lo que mundialmente hasta hace muy poco era visto como un exitoso tejido político en esa nación, obra de la izquierda sudamericana.

Estas circunstancias, obviamente, llevan a muchas personas a pensar si esto que está ocurriendo en una de las piezas más importantes del grupo de las mayores y más pujantes economías del planeta; el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) no pone en duda la vigencia de lo que se “vendió” como un paradigma del desarrollo actual y hacia el futuro, a partir de supuestos notables desempeños y crecimientos económicos de ese conjunto de naciones en los últimos años. Una de esas personas, colega y amiga, doctora y profesora en Economía que vive en España, me hizo la pregunta: ¿Hasta qué punto esa situación en Brasil no echa por tierra ese referente de un nuevo tipo de desarrollo económico, e inclusive, al propio concepto del grupo BRICS? En las siguientes notas trataré de dar mi  punto de vista sobre esta interrogante y se verá que no es sólo un problema de Brasil……..

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Comenzando por los orígenes de esa categoría de los BRICS. Ese agrupamiento de naciones  comenzó a partir de un estudio elaborado en el año 2001 por la firma inversionista norteamericana Goldman Sachs sobre las potencialidades de las grandes economías emergentes del mundo. En ese informe denominaba a los cuatro países que originalmente formaban ese conjunto como el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Esto quedó ahí inicialmente; pero surgió la idea y se sembró la semilla. Hubo una primera reunión informal de los líderes de esas cuatro naciones en el 2006 y una primera reunión formal de cancilleres, en Rusia, en el año 2008. A partir del 2009 se han reunido sistemáticamente cada año los jefes de gobierno de esos estados, a los cuales se sumó Sudáfrica en el 2011.

No cabe duda que ese grupo de países constituye un formidable potencial de todo tipo de recursos. Y que su significado estratégico resulta determinante en el mundo actual y que lo será mucho más hacia el futuro. Una muestra de ello es la extensión geográfica del conjunto de esas naciones, que representa más de una cuarta parte del planeta; cuentan con más de un 40% de la población mundial; producen aproximadamente una quinta parte del PIB global; generan un 35% del total de la energía eléctrica de la Tierra, entre otros indicadores significativos. Es decir, el mundo tiene que contar con ellos. Pero ojo, con cuidado.

¿ Qué de común tienen, además de ser muy grandes sus escalas nacionales. en términos de superficie y población? Son varios los rasgos que comparten. Lo primero es que, históricamente hablando, esos cuatro estados originales fueron en el pasado, y en algunos casos hasta épocas no tan remotas, y aún en el presente (aunque no se reconozca), naciones imperiales. Sudáfrica, por su parte, fue hasta hace poco una colonia de imperios europeos.

Este hecho, que a simple vista pudiera no tener mayor significado, puede que condicione ciertos rasgos culturales y costumbres propias que conectan con su situación del presente. Así, por ejemplo, en esas naciones del grupo BRICS – quizás exceptuando Brasil- el sentido de la democracia, tal como se concibe en el occidente europeo o americano, no tiene mucho sentido o, en el mejor de los casos, un significado diferente al que se le da en las regiones occidentales.  Por otra parte, las cinco naciones que forma el grupo de los BRICS no son, para nada, estados homogéneos, con grupos humanos semejantes e identificados con una misma cultura, lengua, religión, costumbres, etc. Por el contrario,  esas naciones son todos estados multiétnicos, multilingües, multiculturales, etc. y también, obviamente, con una enorme dispersión en  cuanto a los niveles integrales de desarrollo económico o social que se pueden encontrar al interior de esos estados. Por todo ello, cualquier generalización que se realice sobre cada uno de estos países, considerando sólo el hecho de disponer del status político de ser estados-naciones, no garantiza la corrección de las conclusiones.

Realicemos una muy breve incursión sobre cada uno de esos países, para ilustrar lo que tratamos de demostrar.

El Brasil,  entre los años 1822 y 1889 fue el Imperio de Brasil, base del Imperio portugués, con Rio de Janeiro como su capital.  Con sus actuales 208 millones de habitantes, distribuidos en 8,5 millones de km2, según el Instituto Brasileiro de Geografía y Estadística, está integrado por cinco grandes regiones naturales. Cada una de ellas de entre 0,6 y 4 millones de km2  y la menor con 12 millones de habitantes, con climas, relieves, vegetaciones e hidrografías disímiles, pero también con poblaciones con características y niveles de desarrollo muy desiguales. Son, en la práctica, “cinco naciones brasileñas”.

En Brasil coexisten inmensas zonas de alto grado de subdesarrollo económico y social con otras partes, en el sur específicamente, que son territorios que comparan con niveles de desarrollo económico e industrialización de países europeos. Por esa razón, hablar de un ritmo o tasa de incremento promedio anual de la economía brasileña en su conjunto es un sinsentido, en el estricto significado estadístico económico. Brasil tiene el dudoso honor de ser uno de los países, sino el que más, con las mayores desigualdades económicas y sociales del mundo. Pero, si además de esto se añade que su crecimiento económico interanual ha sido relativamente bajo e inestable y que en años recientes ha fluctuado desde un máximo de un 7,6% en el año 2010 respecto al 2009 hasta un – 3,8% en el 2015, en relación con el 2014, podrá suponerse el profundo desequilibrio en que se encuentra esa nación. Según los expertos, en este momento se presenta la peor caída económica en los últimos 20 años y una de las más agudas en las últimas ocho décadas. 1  

Es cierto que durante los ocho años de mandato del Presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva, entre los años 2003 y 2010, las políticas de su gobierno lograron sacar de la pobreza extrema a 30 millones de brasileños y que se logró un ritmo de crecimiento promedio de la economía del orden del 4%, no tan bajo, aunque nada extraordinario. Verdad es también que en la etapa de Lula la nación pasó de ser deudora a acreedora, saldando su deuda externa. Pero, esto ocurrió en años en que existió una elevada alza internacional en el precio de las materias primas y, en particular, de muchos productos agrícolas que produce Brasil  y también una enorme demanda de China de esos productos, todo lo cual fue muy bien aprovechado por el gobierno de Brasil en ese momento. Hay que decir también que otras naciones latinoamericanas no explotaron esas oportunidades. Pero todo ello quedó atrás. Posteriormente se revirtió una parte importante de los logros alcanzados y es difícil pensar que Brasil, con independencia de su gran potencial, pueda ser considerado actualmente como un verdadero referente o modelo de desarrollo económico y social. El “nuevo milagro brasileño” se esfumó…..por ahora.

Rusia, por su historia e identidad nacional, fue, es, y será un imperio; con independencia de las alternancias en los regímenes zaristas, socialistas o democráticos y de las etapas buenas o malas de su economía. Quien conozca un poco esa nación se da cuenta que ese es su modo natural de existencia; un centro, Moscú, con una enorme periferia, también integrada por múltiples etnias, culturas, lenguas e intereses; que no son sólo el pueblo ruso. La sicología intrínseca de gran potencia, que también lo ha sido durante mucho tiempo, permea las diferentes capas de esa sociedad.

Luego de los primeros tormentosos y críticos años de la transición del Socialismo inacabado al Capitalismo incomprendido, que caracterizó la desintegración de la Unión Soviética y su reconversión en Rusia durante toda la década de los años noventa del pasado siglo, siguió una etapa de alto crecimiento económico en los primeros años del presente siglo, que llegó al 6.5% – 6,8% en los años 2002-2003. Casualmente, en el caso de Rusia, al igual que en el de Brasil,  coincidió ese alto crecimiento con el período de elevados precios de las materias primas y Rusia es, ante todo, un productor y exportador de materias primas y, en primer lugar, de hidrocarburos, que representan la tercera parte de los ingresos totales de su presupuesto.

Pero esta situación, del mismo modo, cambió. Con la caída de los precios de esos productos se precipitó la disminución de los crecimientos de esa nación y ese ritmo, que entre los años 2000 y 2008 estuvo entre el 5% y el 10%, de un año a otro, en el 2009 cayó a -7,8% y de ahí en lo adelante ha ido descendiendo, manteniéndose entre el 3 y el 4%, hasta llegar a un estimado del -3,7% para el 2015 2 En Rusia se ha estancado la producción industrial. Su falta de dinamismo obedece, entre otras razones, a la falta de inversión en su infraestructura. Algo similar ocurre en otros sectores, como las comunicaciones. Ha perdido su autosuficiencia alimentaria y depende en casi un 50% de la importación de alimentos. Por otra parte, los problemas sociales son muy graves. La población de Rusia, en términos absolutos, desciende por millones de personas. La tasa de mortalidad es vez y media la de natalidad y la esperanza de vida del hombre ruso actualmente es inferior a la de muchos países subdesarrollados.  Todo esto unido a una tradicional corrupción galopante y la ampliación de las desigualdades y la brecha entre ricos y pobres. Se repite la historia. Rusia tampoco es ningún referente o modelo a seguir.

En la India, luego de milenios de imperios autóctonos que se sucedieron y extendieron en el tiempo, un imperio venido desde el exterior, el Inglés, ocupó totalmente su territorio y colonizó esa nación desde mediados del siglo XIX hasta 1947, en que alcanzó su independencia. La India es hoy el segundo mayor país del mundo, en cuanto a cantidad de población, con más de mil trescientos millones de seres humanos, muy cerca de China.

Igual que en los casos de Brasil y Rusia, en sus 3,3 millones de km2  de la India viven infinidad de grupos étnicos, con culturas, religiones, historias e intereses diferentes. En el caso de la India cierto es que su crecimiento económico en los últimos años no ha estado tan subordinado a la evolución de los precios de las materias primas en el mercado mundial, y se ha alcanzado un cierto grado de diversificación de su economía y que, en términos per cápita, ha estado creciendo en el intervalo de entre un 5 y un 7% de un año al otro desde inicios del año 2000 a la fecha, siendo uno de los países con mayores ritmos de crecimiento global en ese período.

Pero, al propio tiempo, aunque la situación ha mejorado en los últimos años, aún la mayoría de esos grupos humanos que integran la nación india viven en condiciones de pobreza muy elevada. Se estima por el Banco Mundial que en el año 2011 todavía el 58% de la población vivía con sólo 3,10 $US, por día, en términos de paridad del poder de compra 3 India sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, no obstante su potencial, que incluye una dotación de plantas nucleares y, en números, el principal productor de películas del mundo.

A partir de los años noventa del pasado siglo XX el gobierno hindú ha seguido una política de privatización de los recursos naturales; bosques, minas, etc. que ha conducido a muchas tensiones y desplazamientos de cientos de millones de personas de las zonas rurales. A pesar del “éxito macroeconómico” de la India todo ese proceso de expansión ha estado acompañado de una ampliación de las desigualdades sociales. En particular, se mantiene una alta tasa de violencia y de falta de derechos de las mujeres, que incluye el sacrificio de recién nacidas, partiendo de una sociedad hindú que sigue siendo profundamente patriarcal y machista y donde, además, se mantienen muchas manifestaciones de enfrentamientos religiosos y étnicos.

Como si esto fuera poco, un estudio del año 2012, elaborado por R. Vaidyanathan, profesor de finanzas en el Instituto Indio de Administración de la ciudad de Bangalore, concluyó que en la India se pagan anualmente 70 mil millones de dólares en sobornos, a cambio de servicios gubernamentales comunes y corrientes. En igual sentido se pronunció Joginder Singh, exdirector del Buró Central de Investigaciones del Departamento de Policía: “Los pobres son las peores víctimas de la corrupción, pues no se salvan de desembolsar sobornos cada vez que necesitan hacer un trámite en una oficina pública. La corrupción es lo que mantiene a la mayoría de los indios en la pobreza, pese a que viven en un país rico en recursos naturales y humanos”, dijo Singh, 4 No parece que esa nación sea tampoco un buen referente.

La República Popular China es la mayor nación del conjunto BRICS y, posiblemente, el “alma inspiradora” del grupo. Ese gigantesco país asiático ha obtenido un extraordinario e innegable éxito al convertirse en la primera potencia comercial y económica del planeta, en sólo poco más de tres décadas y media, partiendo de unos niveles muy altos de pobreza generalizada. Pero, al propio tiempo, con frecuencia se obvia el hecho de que China fue un próspero imperio durante miles de años, hasta que, por circunstancias políticas internas y externas, se sumió  primero en un estancamiento durante el siglo XIX, y luego en un gran retroceso durante prácticamente todo el siglo XX.

A mediados de ese pasado siglo, y al calor de los sucesos de la Segunda Guerra Mundial en Asia y del ejemplo de la entonces pujante Unión Soviética, tuvo lugar una revolución en China que, bajo la dirección de Mao Zedong, fundó la República Popular en 1949, estructuró el país e inicialmente permitió recuperar logros económicos y sociales a partir de un esquema de sociedad socialista, al estilo soviético. Pero el voluntarismo político y la férrea ideología económica de Mao durante los años sesenta, y hasta finales de los setenta del pasado siglo, específicamente hasta su desaparición física en 1978,  condujeron a la nación asiática a una profunda crisis económica y política que llevó al aislamiento del país y a la muerte a millones de seres humanos.

Esa situación sólo comenzó a cambiar luego del fallecimiento de Mao, con el ascenso al poder de Deng Xiaoping, hombre proveniente de las propias altas esferas del Partido Comunista de China y que había sido penalizado por sus ideas reformistas. Deng Xiaping rompió con las concepciones de la extrema izquierda de Mao y emprendió una transformación total de la economía y de la sociedad china, con un modelo enteramente nuevo; un conjunto de reformas autodenominadas “Socialismo con características chinas” pero que, en esencia, resultó ser una peculiar mezcla de capitalismo de Estado con  capitalismo empresarial nacionalista y neoliberal; con fuerte participación de la inversión extranjera, especialmente norteamericana. Deng Xiaoping, al propio tiempo, logró mantener el control político del gobierno, dirigido por el Partido, con muy pocos atributos y ejercicio de lo que en Occidente se conoce como Democracia, y una alta dosis de represión y de control ciudadano. Esta situación se mantiene hasta el presente.

En China los resultados macroeconómicos, medido en términos de ritmos de crecimiento promedio anual, han estado en torno al 10% en los últimos treinta años y esto ha producido una extraordinaria expansión económica. Pero aquí tampoco esto significa necesariamente que haya tenido lugar un verdadero proceso de desarrollo, en su sentido integral, desde el punto de vista social, ambiental y económico. 5

Una parte de esa nación, especialmente en las zonas costeras, se ha convertido en una gigantesca planta de ensamblaje industrial, orientada a la exportación; una maquila, con tecnología y recursos fundamentalmente provenientes de los países industrializados de Occidente, aprovechando la mano de obra barata y, hasta ahora, disciplinada de los chinos. Ese sistema económico ha profundizado las desigualdades sociales y se estima que China ya hoy compite con Brasil por el primer lugar en cuanto a la brecha en ingresos de la población.

En la propia comparación de la base de datos del Banco Mundial del porcentaje de la población que vive sólo con 3,10 US$ diarios se tiene que para China esa proporción es de un 27%; es decir, más de la cuarta parte de todos sus habitantes. Al propio tiempo, según un estudio del 2016 de la firma china Hurun, en Beijín viven 100 personas que disponen de fortunas personales mayores a los 1 000 millones de dólares: esto es, 95 más que los “billonarios” que viven en New York. En China, 568 personas son mega millonarias y su patrimonio conjunto es mayor que el PIB de Australia. Esa cifra comparable de mega millonarios en los Estados Unidos es de 535.

A principios del año 2016, el Tribunal Supremo Popular de China y la Fiscalía de ese Estado instauraron oficialmente la pena de muerte a los líderes corruptos que malversen o reciban sobornos superiores a los 463 mil dólares. Esa sanción se aplicará siempre que esas personas no se arrepientan y no devuelvan lo malversado, en cuyo caso se cambiará la pena de muerte por cadena perpetua. Pero, el fenómeno de la corrupción sigue siendo una constante generalizada en la sociedad china, habiendo sido objeto de análisis y discusión, casi permanente, en las altas esferas de la dirección política de esa nación. En síntesis, la experiencia de China, a pesar de sus éxitos macroeconómicos y comerciales, no parece ser tampoco el referente ideal que muchos ven en esa nación.

Por último, Sudáfrica, el “hermano menor”, y más reciente miembro de los BRICS, es igualmente una nación muy contradictoria y notoria por su diversidad étnica, cultural, de lenguas, y de creencias religiosas. Una medida de esa  multiplicidad está dada por el hecho de que su Constitución reconoce once idiomas como oficiales del país. El 80 % de la población sudafricana pertenece a la raza negra y el 20 % restante se reparte entre blancos, hindúes y de otras nacionalidades. La colonización europea del territorio de Sudáfrica comenzó a mediados del siglo XVII (En 1652 se asentaron los holandeses) luego vendrían alemanes, belgas y sobre todo ingleses, y su status colonial se prolongaría hasta 1994, en que triunfa la causa de Nelson Mandela y se pone fin al apartheid. Pero esto no significó, para nada, el fin de la pobreza y las desigualdades.

Sudáfrica es la economía más potente del África Sub sahariana. Su riqueza minera es una de las más importantes del mundo (oro, platino, diamantes, níquel, cromo, uranio, etc.) lo que quizás determine su pertenencia al grupo BRICS,  pero es igualmente una de las diez naciones más desiguales del mundo, en materia de distribución de los ingresos. Se estima que aproximadamente la cuarta parte de la población está desempleada y que esa misma proporción vive con menos de 1.25 US $ diario. Esa nación es un importante polo de atracción turística, a pesar de que existe una gran ola de criminalidad, de corrupción y de descontrol social. Ese país, por razones obvias, también se aleja bastante de lo que podría ser considerado como un modelo de desarrollo a imitar.

En resumen: No obstante sus dimensiones y potencialidades económicas, ninguno de los cinco estados que conforman el llamado grupo BRICS parece estar llamado a convertirse en verdadero ejemplo a seguir. Coinciden en sus orígenes imperiales y en lo relativo a grandes extensiones territoriales, volúmenes de población, riquezas naturales, diversidad cultural, de lenguas y de etnias. Y, en algunos casos y hasta cierto punto, en crecimientos globales relativamente altos en los últimos años.

Pero, también se repiten al mostrar elevados grados de desigualdad en la repartición de los ingresos, agudos índices de pobreza, de problemas sociales, de contaminación ambiental, de corrupción. Índices que denotan que aún la tarea del desarrollo de esas naciones…..sigue siendo una “asignatura pendiente” a pesar del crecimiento, y que en este Grupo BRICS son más los mitos que las realidades.

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1  Ver: Anuario Estadístico de la CEPAL 2015 y diario El País;             internacional.elpais.com/internacional/2015/12/01/actualidad/1448994684_803887.html    

2  Ver: Indicadores del Desarrollo Mundial, Base de Datos Banco Mundial;  http://databank.bancomundial.org/data/reports

 3  Ver: Idem a la nota anterior

4  Ver: http://www.ipsnoticias.net/2013/10/corrupcion-hunde-a-los-indios-en-la-pobreza/ 

5  Ver en este propio blog el trabajo anterior: ¿Qué significa que la economía crezca al 2,5% en lugar del 2,4%?

 

¿Qué significa que la economía crezca al 2,5% en lugar del 2,4%?

Un ejercicio recurrente del Fondo Monetario Internacional, de otras instituciones financieras internacionales, y también de las nacionales, es realizar de manera sistemática y frecuente correcciones de los estimados para el crecimiento económico, bien sean al alza o a la baja, Estos son, casi siempre, ajustes de uno, dos o, a lo sumo, tres décimas de puntos porcentuales, entre una y otra proyección. Cada vez que se producen estos ajustes ellos siempre resultan alimento obligado de la prensa nacional e internacional. Pero, en términos prácticos: ¿Qué  significado real puede tener una diferencia de uno, dos o tres décimas de puntos porcentuales, en un contexto de crecimiento de una economía que crezca entre un 2 y un 3%, como promedio anual? Verdaderamente, su principal sentido es poder decir que esa economía se mueve, que no está inerte, y sugerir, muy débilmente, en qué dirección tiende a desplazarse. Es, ante todo, un mensaje a los inversionistas potenciales…. Hasta ahí. Pero esto, la inmensa mayoría de las personas no lo sabe.

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Para comprender mejor el significado del “crecimiento económico” es posible que sea conveniente  vincular este concepto y diferenciarlo del “desarrollo económico”.  No fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando algunos notables economistas norteamericanos y europeos comenzaron a sistematizar, mediante modelos económico-matemáticos, los conceptos necesarios para entender el proceso del crecimiento económico, para más tarde llegar a una profundización, y a una expresión más depurada, en lo que constituyen las teorías del desarrollo económico. 1

Aunque existieron, y existen, múltiples escuelas e interpretaciones sobre estos procesos, se llegó a un consenso, bastante generalizado, en el sentido de que el crecimiento económico se refiere, esencialmente, a la relación circular que hay entre la expansión de las cantidades de factores o recursos que se aplican en un sistema económico durante un periodo y su manifestación en un incremento en el producto final del sistema. En este sentido, se refiere a relaciones que tienen una expresión fundamentalmente cuantitativa; esto es, de aumento de las cantidades o magnitudes de los resultados económicos, en dependencia del incremento en los recursos invertidos

Por su parte, el desarrollo económico va un gran paso más allá. Consiste en las transformaciones estructurales que conducen a cambios profundos y permanentes en las relaciones entre esos factores, recursos y producciones en un período determinado. Esto es, las mutaciones, las renovaciones, esencialmente cualitativas, que producen una modificación del funcionamiento de todo el sistema.

Es evidente que para lograr un verdadero Progreso Económico se requiere tanto de un proceso de crecimiento económico, que aporte el sustento de expansión volumétrica, así como también las transformaciones en la composición, eficiencia, eficacia y productividad del sistema; esto es, los cambios integrales en las calidades del trabajo y de la vida, que traen un proceso de desarrollo económico.

De esta forma, es posible que en un determinado país, en un período, se pueda producir un proceso de crecimiento económico, de aumento de los volúmenes de las principales variables que definen su sistema económico, sin que se produzca un verdadero proceso de desarrollo económico, de innovaciones o transformaciones económicas, sociales, tecnológicas, ambientales, que conduzcan a una verdadera diferenciación en el tiempo de esa sociedad en relación consigo misma y con otras naciones. Puede ser sólo una expansión de la economía.

Pero lo inverso es imposible que ocurra. Es decir, que en una nación o región se pueda dar un proceso de desarrollo económico sin que esté presente un determinado, alto y estable, ritmo de crecimiento o de expansión económica, por un período más o menos largo. Y esta realidad se desconoce con mucha frecuencia. Especialmente por los políticos que prometen procesos de desarrollo económico, como fórmulas mágicas o como conejo sacado de un sombrero, sin que esté presente una sustentación en un crecimiento económico, lo suficientemente constante, elevado y sólido, de las variables fundamentales. Esta conclusión, que pudiera parecer una verdad de Perogrullo, resulta esencial y muchas veces olvidada. Un símil que en ocasiones se utiliza para ilustrar a qué se refiere esta situación es la del vuelo de un avión. Se sabe que para que una nave pueda despegar debe alcanzar en tierra una velocidad tal como para que pueda levantarse.  Si no lo logra, no llega a subir. A la economía le sucede lo mismo. Es imprescindible que en un trayecto o recorrido suficientemente largo alcance una velocidad  (tasa de crecimiento) tal que le permita cambiar su estado. Si no lo logra, tampoco llega a levantar vuelo (desarrollarse).

¿Qué significa esto? Algo que si no es tan conocido es la relación que existe entre los ritmos o tasas de crecimiento promedio anual (la velocidad) y lo que tarda una variable en crecer. Así, se puede demostrar matemáticamente las siguientes relaciones:

Años que tardará (aproximadamente) una variable en duplicarse a distintas tasas de crecimiento promedio anual  

TASA (en %)

AÑOS

0,1

700

0,2

350

0,5

140

0,7

100

1,0

70

2,0

35

5,0

14

7,0

10

Esto quiere decir que una economía cuyo Producto Interno Bruto crezca al 0,7%, como promedio cada año, tardará 100 años en duplicarse. Si lo hace entre el 1% y el 2%, entonces demorará, respectivamente, entre 70 y 35 años en duplicarse. A un 2,5% sería unos 30 años. Esta es la realidad que acontece, como proceso histórico, en la mayoría de las naciones no desarrolladas y, en especial en América Latina.

Si se toma, como criterio generalizado, que un cambio generacional se produce cada 25 años, entonces las personas que nacen en países que crecen al 1% como promedio anual, tendrán que esperar casi tres generaciones para ver duplicado el Ingreso de su país. Y el Ingreso, calculado por habitante, requeriría de mucho más tiempo, si la población crece a un ritmo mayor que el del Ingreso.

Según datos del Estudio Económico para México de la OECD para el año 2015, la tendencia al crecimiento promedio que presenta la economía de este país, medida a través del Ingreso por Habitante, durante los últimos 45 años, es del 0,6%. Cierto es que  han tenido lugar alzas y bajas durante este largo período, pero el crecimiento, en general,  ha sido muy bajo, cambiante e inestable, lo cual constituye, en sí mismo, una irregularidad en el funcionamiento de una economía a largo plazo.

Para un período más cercano, y utilizando un indicador más convencional, y no por habitante, durante los sexenios de los presidentes Zedillo, Fox y Calderón, en esos 18 años, el PIB de México, medido en términos absolutos, creció a una media geométrica anual del 2,5%. Y en lo que va la actual administración de Peña Nieto se registra un crecimiento en torno al 2,05% 3

Entonces, se puede afirmar que con una  evolución en el crecimiento económico promedio de la nación azteca, tal como el que ha tenido lugar durante un muy extenso período, es muy difícil – por no decir imposible-  que pueda sustentarse una tendencia al desarrollo que resulte apreciable y significativa a los ojos de sus actuales ciudadanos. Y ello no parece ser una cuestión de alternancia de partidos o de figuras, sino algo mucho más profundo y aún pendiente de enfrentar. Por otra parte, para un país con las características y potencialidades que tiene México, no existe una explicación clara y suficientemente aceptada de las posibles causas de este anémico y endémico crecimiento.

Para que se tenga una idea de los ritmos de desarrollo sostenidos que suponen poder lograr el tránsito de una economía subdesarrollada a otra desarrollada, baste señalar que las tasas de crecimiento promedio del PIB de China entre 1979 y el 2014, en 35 años, fue del 9.7%  4; Entre 1976 y el 2014, el pequeño estado de Singapur creció, como promedio, a un 6,8% 5: El crecimiento económico de Corea del Sur, entre 1961 y el 2014, fue en promedio de un 7,4% anual 6 . Es decir, las naciones que se han ido desarrollando a finales del siglo XX e inicios del XXI (asiáticas en su totalidad) han crecido todas a ritmos cercanos o superiores al 7% promedio anual, durante 30 o 40 años. Esto es, duplican sus niveles de producción cada 10 años, en tanto que las que crecen al 2% demoran 35 años en duplicarlo. Y esta diferencia es significativa, especialmente para la mayoría de los seres humanos que vive en una u otra circunstancia.

Bajo tales condiciones ¿Qué sentido práctico puede tener entonces una discusión de una décima de puntos porcentuales en una escala del 2 o 3% de crecimiento anual??? Lamentablemente muy poco significado. El mayor problema es otro y estos enfoques no lo reflejan…….. La tarea sigue pendiente.

1  Entre esos pioneros se encontraban Sir Roy Harrod, Nicolas Kaldor, Joan Robinson, de Gran Bretaña;  Evsey D. Domar,  Robert   Solow, Paul A. Samuelson, de EUA; entre otros. 

2  Tomado de: Bustelo, F. “Historia Económica. Introducción a la historia económica mundial. Historia económica de España en  los siglos XIX y XX”; Edit. Complutense; Madrid; 1994; pág. 43

3 http://www.mexicomaxico.org/Voto/PIBMex.htm

4 China Statistical Yearbook, 2015

5 http://www.libremercado.com/2015-04-10/como-se-convirtio-singapur-en-el-pais-mas-rico-del-mundo-1276544926/ 

6 http://www.theglobaleconomy.com/South-Korea/Economic_growth/

 

 

¿Significa el “BREXIT” el inicio del fin de la Unión Europea?

Esta pregunta me la hizo un amigo hace unos días y pensando sobre esto que, al parecer, está en la mente de muchas personas, me decidí a escribir las siguientes consideraciones sobre el tema

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Un poco de historia nunca viene mal

Como casi siempre sucede, es conveniente echar mano a la historia para, como dijo un ilustre personaje en su momento, poder explicar las raíces del presente y también descubrir los posibles embriones del futuro. Por esto es importante entender de dónde partió ese sistema integracionista que hoy es la Unión Europea y en el cual participan 28 Estados (serán 27 cuando se produzca la salida del Reino Unido o el llamado BREXIT, o British Exit).

Lo primero a señalar es que ese proyecto concebido hace 65 años fue inicialmente, y ante todo, una iniciativa franco-alemana. Nació a partir del aprendizaje de las muchas desgracias dejadas por las milenarias guerras europeas, y más específicamente por la Segunda Guerra Mundial, lo cual llevó al convencimiento en algunas de las personalidades de la Europa de ese entonces que era necesario crear mecanismos que impidieran, de manera definitiva, que se repitiera una vez más esa terrible experiencia.

Así, los franceses tuvieron una idea muy audaz y arriesgada, a sólo cinco años de terminado el conflicto mundial. Esta era poner, bajo una sola alta autoridad común, toda la producción del carbón y el acero de Francia y de Alemania. Es decir, unir las producciones de estos dos recursos estratégicos para la reconstrucción posbélica; el carbón y el acero, producidos por Francia, una de las naciones más afectadas por la agresión nazi, así como la producción de estos renglones generada en la nueva Alemania; el país agresor, vencido y ocupado por varios ejércitos– entre ellos el propio francés. Era una idea verdaderamente intrépida. El proyecto se manejó en secreto por Jean Monnet, Comisario General del Plan de Modernización y Equipamiento del Gobierno francés durante abril de 1950 y se lo entregó a Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia en ese momento, quien inmediatamente, el 9 de mayo de 1950, se lo hizo llegar al jefe de gobierno de la recién constituida República Federal de Alemania, el Canciller Konrad Adenauer. Los alemanes acogieron con entusiasmo el plan. Era para ellos una nueva oportunidad; la esperanza de no volver a perder, por tercera vez, la batalla por expandir las fronteras económicas y comerciales germanas dentro de Europa, que era lo que, en última instancia, había dado lugar a las dos guerras anteriores. Esta vez se abría la coyuntura de hacerlo de manera diferente; por vías pacíficas, cooperativas y ordenadas.

Nació de esta forma la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, con la firma del Tratado de París, en abril de 1951, suscrito no sólo por Francia y Alemania, sino también por Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. En esta nueva Europa Común, entre los actores importantes no quiso estar presente, no obstante que fue directamente invitado, el Reino Unido.

Dentro de las concepciones iniciales del llamado “Plan Schuman”, que dio origen a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), se contemplaba su ampliación a otras naciones europeas, así como su expansión posterior a otros productos, y la creación gradual de espacios de libre circulación de personas y capitales entre los países miembros.

Seis años más tarde, en 1957, la CECA se transformó y se convirtió en la Comunidad Económica Europea (CEE) y surge la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EUROATOM), integrada por los mismos seis países fundadores de la CECA.

En el año 1961, el Reino Unido, junto con Irlanda y Dinamarca, solicitan su ingreso a la Comunidad Económica Europea. Pero dos años más tarde, en 1963, es el Gral. Charles de Gaulle, en ese momento presidente de Francia, quien entonces expresa las dudas de su país acerca de la verdadera voluntad británica de incorporarse a la Comunidad y veta la petición. Luego de esto, a los pocos días, se suspenden las negociaciones de adhesión de todos los países solicitantes. Transcurrirían cuatro años más, en 1967, cuando el Reino Unido, junto con Irlanda y Dinamarca, vuelven a solicitar su ingreso a la Comunidad. El Gral. de Gaulle sigue negado a aceptar la incorporación británica. No es hasta 1972, en que el Reino Unido, acompañado de Irlanda, Dinamarca y Noruega, firma los tratados de adhesión a la Comunidad Europea. Para ese momento, Charles de Gaulle ya había dimitido como Presidente de Francia, en 1969, y fallecido un año después. De no haberse dado estas circunstancias, posiblemente en esa ocasión tampoco el Reino Unido hubiese sido admitido en la Comunidad. Por su parte, el pueblo noruego votó NO a la adhesión, por primera vez, en un referéndum. Luego lo haría nuevamente, en otra ocasión.

En 1973 ya es la “Europa de los 9”. A inicios de los años ochenta se debate dentro de la Comunidad sobre la contribución británica al presupuesto comunitario, lográndose un acuerdo en este sentido. Pero en 1984, y ante las protestas británicas, la Comunidad se ve en la necesidad de otorgar una “compensación monetaria” al Reino Unido, a fin de reducir su contribución al presupuesto comunitario. Grecia se incorpora en 1981; España y Portugal lo hacen en 1985. Ya para ese año es la “Europa de los 12”. En 1993 la Comunidad Europea se convierte en la Unión Europea, con 15 Estados miembros. En el 2004 se produce, de golpe, la incorporación de 10 países, la mayoría de ellos antiguos estados de la desaparecida Unión Soviética, o de su esfera de influencia, que buscaban un “nuevo acomodo” dentro de Europa.

En mi criterio, esa abrupta decisión del Consejo Europeo de aceptar a esas naciones tenía, entre sus propósitos finales, pegar las fronteras de la Unión Europea, lo más posible, a la cercanía geográfica con el gigante ruso. Esto, en otro orden, era una muy vieja aspiración, siempre insatisfecha – tanto de Francia como de Alemania. Ya es la “Europa de los 25” En el 2007, otros dos estados ex socialistas a los que “se les hizo tarde”: Bulgaria y Rumanía, entran a la Unión Europea. Y suman 27 naciones.

Desde su incorporación efectiva, en 1973, y hasta el presente, la participación del Reino Unido dentro de la Comunidad y de la Unión Europea ha sido conflictiva en diferentes aspectos y esto se ha ido haciendo cada vez más patente a medida que “ha crecido aceleradamente la familia europea”. Los británicos, de manera creciente, han tratado de mantenerse lo más distante posible de las decisiones comunitarias europeas.

Así, por ejemplo, nunca se sumaron a los dos principales proyectos de la Unión: el Acuerdo Schengen, de 1995, sobre el cese de control de visas en las fronteras comunes, y el establecimiento de la moneda común europea, el euro, en 1990. En el 2012 se negaron a firmar el Pacto Presupuestario, conciliado entre París y Berlín, que establecía fuertes normas de disciplina financiera. En noviembre del 2015, el hoy ex primer ministro inglés, David Cameron, envió una carta al presidente del Consejo Europeo plantándole un conjunto de “reivindicaciones” para la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Estas estaban referidas a la reducción del flujo migratorio de la UE al Reino Unido, con la prohibición de ayuda social a los migrantes, eliminación de normas burocráticas establecidas por la UE, fortalecimiento de la soberanía británica, incluyendo renunciar a “avanzar hacia una unión más estrecha”, entre otros aspectos. Es decir, el BREXIT no fue más que una “crónica de una muerte anunciada”, parafraseando a García Márquez.

¿Qué puede significar este divorcio para el Reino Unido y para Europa y el resto del mundo?

Como en toda separación, siempre hay sus partes buenas y sus partes malas. Aquí lo primero es recordar que ni el Reino Unido le debe su actual poderío económico a Europa ni Europa tampoco se lo debe al Reino Unido. Ya no son los tiempos de la Inglaterra de la Primera Revolución Industrial y del nacimiento del Capitalismo, y esto parecen olvidarlo algunos británicos.

Para el Reino Unido, su salida de la Unión Europea, va a representar, indiscutiblemente, la pérdida de las excepciones arancelarias de quienes constituyen sus socios principales, los otros europeos; una merma significativa de inversiones europeas que se realizan, de manera preferencial, en territorio británico; la pérdida de puestos de trabajo por desplazamiento de las exportaciones británicas; la libra esterlina, como consecuencia de todo lo anterior, perderá posición frente al euro; entre otros aspectos.

Pero, también para los ingleses, esta separación va a significar dejar de pagar las contribuciones al presupuesto de la Unión Europea, que se estiman alrededor de los 11 300 millones de euros anuales, y sobre lo cual ha habido tradicionales litigios; se producirán reducciones y mayor control sobre la migración europea y de otras naciones, si bien los ciudadanos británicos que viven en otros países europeos también podrían perder sus status. El Reino Unido podrá estrechar, aún más, sus fuertes relaciones comerciales e inversionistas con los Estados Unidos, lo cual ha sido siempre una aspiración británica.

En síntesis, habrá para el Reino Unido costos, y también beneficios, y realmente es muy difícil, por no decir imposible en este momento, realizar un balance definitivo de los resultados de su salida de la Comunidad, tanto en términos monetario-financieros como sociales y políticos.

Para la Unión Europea el BREXIT representa un golpe duro, pero no necesariamente la destrucción del sistema de integración. En este caso, la propia posición del tradicional aislamiento y separación británica del resto de Europa beneficia a la Unión Europea. Por ejemplo, al no participar el Reino Unido en la Zona Euro ni en el Acuerdo Schengen, no hay nada que mover en estos aspectos. La Unión Europea siempre podrá establecer acuerdos comerciales con el Reino Unido, lo cual deberá ser del interés de ambas partes. Un Reino Unido aún más “norteamericanizado” por supuesto que debilita las posiciones europeas en la arena política internacional, y la reducción del mercado inglés para productos procedentes de la Europa Continental afecta a los productores europeos. La pérdida de la contribución británica al presupuesto de la Unión Europea, no obstante su tradicional resistencia a pagar, claro está que afecta el balance financiero de la Unión. Y, por su parte, una política migratoria inglesa más restrictiva crea mayores presiones sobre las restantes regiones europeas, entre otras afectaciones.

En síntesis, posiblemente en lo inmediato las afectaciones del BREXIT van a ser mayores para la UE que para la Gran Bretaña, y con muy pocas ventajas para el Sistema Europeo porque, indiscutiblemente, en el tablero de Europa, el Reino Unido no es precisamente de las naciones a las que hay que “empujar”, en el sentido económico. Tampoco hay que olvidar que el proyecto comunitario europeo transitó, durante sus primeros treinta años de vida, sin la presencia inglesa, y que esto no fue un obstáculo para su consolidación y avance.

Por otra parte, la teoría del “efecto demostración negativo” que pudiera dar el ejemplo del BREXIT, y que pudieran seguir otras naciones comunitarias, conduciendo al final a una desintegración de la Unión Europea, consideró que tampoco es un factor determinante. En mi opinión personal hay naciones que hoy forman parte de la Unión (no voy a mencionarlas por sus nombres) que si deciden salir del Sistema, el proyecto integracionista europeo ganaría. Pero esas no son las que se van a autoexcluir porque son las que más tienen que ganar de la integración. Los otros países, que son la mayoría del potencial productivo, industrial y comercial de la Unión, aunque ya hoy son una minoría, en términos del número de Estados, son los más comprometidos políticamente con el proyecto europeo y con su integración recíproca. Esos tampoco “se van a ir”. Si, eventualmente, un Estado o parte de éste, decidiera salirse, seguiría funcionando el Esquema.

En cuanto al impacto para el resto del mundo pienso que las implicaciones serían mucho más débiles que las que sufrirán los involucrados directos; el Reino Unido y la Unión Europea. Y que, una vez producida la separación, existirá una tendencia a mediano-largo plazo al reacomodo y a la estabilización de los efectos, bajo las nuevas circunstancias de las relaciones económicas y políticas internacionales. Obviamente, los mercados mundiales se resienten; las bolsas son muy sensibles a cualquier suceso y muestran, inmediatamente, su nerviosismo. Ya lo han hecho sólo con el anuncio del posible BREXIT, pero a esto ya nos tienen acostumbrados. Mientras existan las bolsas, siempre habrá razones para las perturbaciones, porque de eso, y de los movimientos especulativos asociados a esas perturbaciones, es que viven. En un “mar sereno y en calma” las bolsas perderían una buena parte de su actual razón de existir. Y las propias bolsas no pueden permitir esto.

En el caso de América Latina, y de México en particular, los impactos del BREXIT serán siempre mucho menores que los problemas internos que ya tienen, y que no están asociados para nada a los británicos, y ni tan siquiera al resto de los europeos. Es mejor preocuparse, y ocuparse, de las tareas internas pendientes, y no cumplidas, y dejar a otros sus propios rollos.

La Globalización del Miedo

A partir de la década de los años setenta del pasado siglo, en muchas partes del mundo comenzó a levantarse con fuerza una gran ola de miedo frente a un “nuevo” proceso que, aunque existía hacia mucho, sólo entonces empezaba a conocerse y percibirse de una manera casi universal, como una amenaza real: Surgió así el Miedo a la Globalización y a sus diferentes manifestaciones.

Treinta años después, con el inicio del siglo XXI, no había desaparecido aquel miedo original a ese proceso. No obstante, ya se comprendía mejor, y aunque seguían latentes –y en algunos casos incrementados – muchos de sus riesgos y problemas, apareció un nuevo temor, luego de la tragedia de las Torres Gemelas en el año 2001. Emergió un fenómeno, también aparentemente nuevo, quizás consecuencia del primero: La Globalización del Miedo…

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En estas notas no abordaré las expresiones del Miedo a la Globalización. Esto ya lo hice en el capítulo 3 de mi libro Globalización, Innovación y Competitividad. Sobre verdades, mitos y falacias 1, publicado en marzo del 2016 por Amazon. Aquí sólo me referiré a su nueva contrapartida: La Globalización del Miedo.

Lo primero a destacar es que no hay nada esencialmente nuevo. Nada que no haya existido antes y durante la larga marcha de la Humanidad. Lo relativamente novedoso aquí puede ser el alcance, las implicaciones y las formas actuales del Miedo Global, así como las dificultades para enfrentarlas.

Para comprender las bases de lo que está ocurriendo es necesario recurrir a tres conceptos interrelacionados, realidades que han acompañado al surgimiento y desarrollo de la “Civilización-Incivilización” humana desde su nacimiento hasta hoy. Esos conceptos vienen a ser como escalones o niveles de un mismo problema, y estos son: el Dogmatismo, el Fundamentalismo y el Terrorismo. Conceptos sobre los cuales en estos tiempos se habla mucho, pero que en ocasiones se confunden y no se comprende sus relaciones y diferencias. Los tres constituyen las bases de “La Globalización del Miedo”.

El Dogmatismo, del griego “dogma”, es el establecimiento de un conjunto de opiniones o creencias propias de un sistema humano. Los dogmas son conceptos o principios que no pueden ser cuestionados, discutidos o negados, bajo ninguna circunstancia. ¿A qué se debe su existencia? Esta pregunta puede ser respondida de una forma o muy sencilla o muy complicada. Optemos por la primera variante. Los dogmas son una creación humana, las piezas de una construcción social. Son los “ladrillos” o elementos esenciales, sin los cuales esa construcción se vendría abajo. Son las partes que fundamentan un sistema conceptual. Ni el dogma ni el dogmatismo existen en la naturaleza. Son elaboraciones humanas, vigentes para determinados espacios y tiempos. Nacieron con el humano y sólo con él desaparecerán.

Esos constructos, que asumen la forma de dogma, reflejan una necesidad tanto de una organización o institución como de los individuos que la integran. No existe la posibilidad de comprobar empíricamente o demostrar un dogma. Es sólo una cuestión de fe, de convicción interna. Lo crees y lo aceptas, o no. Cada grupo humano establece el sistema de dogmas, el dogmatismo, que le resulta más apropiado a los iniciadores de ese conjunto. Los dogmas no evolucionan, no cambian, aunque se modifiquen las circunstancias que les dieron origen pues, como no son cuestionables, obviamente, no pueden ser perfectibles. Si se pudieran cambiar, entonces ya no serían dogmas.

Los dogmas, y su expresión sistémica, el dogmatismo, son recursos a los que se aferran grupos humanos definidos, en lugares y tiempos determinados, para sustentar posiciones o creencias, sean estas religiosas, políticas, económicas, militares o cualquier otra. Por su carácter, los dogmas no son ni buenos ni malos. Son sólo creencias y prácticas instituidas para defender necesidades espirituales y/o materiales de un conjunto de personas.

Sin embargo, el dogmatismo, cuando trasciende determinados límites, y llega a sus extremos, sube de nivel y se convierte en Fundamentalismo. Para ser más preciso, el Fundamentalismo viene a ser el desarrollo del dogmatismo en sus últimas consecuencias; cuando se transforma en un cuerpo de doctrinas o dogmas estructurados entre sí, y que responden a un acatamiento total de esos principios, de manera intransigente y absoluta. En ocasiones, la defensa de determinados dogmas por parte de grupos humanos, cuando se llega a esta escala, puede conducir, como ha ocurrido muchas veces, a posiciones extremas, sin límites, en contra de las personas que no forman parte de ese grupo o que no comparten sus creencias o intereses.

El Fundamentalismo descansa en dogmas, que no requieren demostración o convencimiento mediante la razón, y por eso es frecuente que para su implantación, aplicación y mantenimiento sea imprescindible echar mano del terror. Y cuando éste se convierte en práctica usual, en política que se establece como norma, entonces nos encontramos con el Terrorismo, como la herramienta -prácticamente única- para aplicar el Fundamentalismo. Esto es una lógica coherente y muy clara, aunque resulte perversa a los ojos de la mayoría.

Por razones que sería largo explicar aquí , el Siglo XX se caracterizó por el surgimiento de sistemas de Estado dogmáticos, fundamentalistas y terroristas. Nada que ver con religiones o grupos étnicos específicos, sino con espacios geo-políticos e intereses económicos.

En la actualidad es muy lamentable que estos tres conceptos, y todas sus implicaciones, se asocien solamente a un determinado grupo humano, practicante de una religión específica. Nada más lejano de la realidad. Este sistema descrito anteriormente ha estado presente desde tiempos inmemoriales. Hay que reconocer también que prácticamente todas las grandes religiones, cualesquiera sean sus bases, orientales u occidentales, antiguas o modernas, pre colombinas o post colombinas –para no mencionar ninguna de ellas por sus nombres- a lo largo de sus historias han pasado por etapas negras, de mayor o menor duración, intensidad y extensión, en el ejercicio de estas prácticas. Y eso fue, y sigue siendo así, en determinadas situaciones. Y esto lo saben, o deben saberlo, sus practicantes, aunque no lo reconozcan.

Está claro también que el Dogmatismo, el Fundamentalismo y el Terrorismo no son sólo resultados de experiencias religiosas o de grupos étnicos. Es igualmente, y ante todo, un tema político, militar y social. Y aquí si vale la pena mencionar, por sus nombres, situaciones específicas y no tan antiguas.

Por ejemplo, el Nazi Fascismo, en la Europa del siglo XX, y su extensión a Japón, fue una expresión extrema de esta trilogía, que cobró la vida a un total estimado en 70 millones de seres. Durante ese propio pasado siglo, el Stalinismo, régimen dogmático, fundamentalista y terrorista, también extremo, que bajo la férrea mano de Stalin en la antigua Unión Soviética condujo, cierto es que a la victoria de esa nación frente al Nazi Fascismo, pero que pretendiendo ser lo contrario a ese régimen, se convirtió en su réplica; terminando directa e indirectamente con la vida de decenas de millones de ciudadanos soviéticos – además de los muertos por la guerra- en una magnitud que todavía no ha podido ser precisada. Igualmente en China, luego de la Segunda Guerra Mundial, con la llegada al poder de Mao Tse Tung, quien estableció una nueva interpretación de la doctrina comunista, basada supuestamente en el Marxismo, pero interpretada por él al estilo asiático y de manera absolutamente dogmática, fundamentalista y terrorista, y que condujo a la muerte a millones de seres.

Esto sólo por mencionar tres de los casos más conocidos del pasado siglo. A ellos se pudieran añadir otras situaciones, en dimensiones más reducidas y locales, como el Khmer Rojo, en Camboya o “Kampuchea Democrática”, de inspiración maoísta, y que en los años setenta del siglo anterior costó la vida a no menos de la cuarta parte de los habitantes de esa pequeña nación asiática; esto es, unos dos millones de muertos; o el actual caso de Corea del Norte, donde también se estima en millones los muertos por hambre o represión. Estas, y otras manifestaciones recientes del Dogmatismo, el Fundamentalismo y el Terrorismo de Estado, demuestran que estos no son asuntos relacionados sólo con religiones o grupos étnicos específicos. En lo económico, el dogmatismo Neoliberal Occidental, casi Fundamentalista, acuñado en los tiempos de Reagan y Thatcher, también se inscribe en esta historia, aunque no se haya llegado al Terrorismo ni estén contabilizados sus daños colaterales.

Al propio tiempo, en ese mismo periodo de los años setenta del pasado siglo XX y más tarde, coincidiendo con el inicio de las manifestaciones de un mayor despliegue del proceso de Globalización, y de sus atributos (los buenos y los malos), determinados países occidentales, entre ellos los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otros, por diferentes razones –algunas de ellas de dudosa justificación- irrumpieron militarmente y de manera violenta en regiones y naciones orientales. Esto “movió el avispero” en un mundo que ya había cambiado. En los años setenta todo cambió en el planeta…y no nos dimos cuenta en su momento. ¡Consecuencias terribles¡

A la Guerra de Viet Nam, le siguieron las de Irak, Irán, Afganistán…. Y, a pesar de los resultados que se puedan exhibir, en la llamada Época Moderna (después de la Revolución Francesa de 1789) en el fondo nunca Occidente ha logrado ganar una guerra al Oriente. Desde Napoleón a Hitler y de ahí a la OTAN.

En verdad, las derrotas de las naciones orientales a manos de las occidentales, en el peor de los casos, han sido asimiladas por las primeras como circunstanciales; pérdidas de batallas, pero no pérdidas de las guerras. Y esta realidad parece que no ha sido suficientemente comprendida por los políticos y los militares occidentales durante mucho tiempo. Es una cuestión de diferente cultura, inclusive las distintas posiciones y valoraciones frente a cuestiones tan trascendentes como la vida y la muerte. Pero esto no es lo más grave.

¿Qué ha sido lo nuevo y qué ha cambiado y conducido a la Globalización del Miedo?

Es necesario entender que, en general, casi ha desaparecido la posibilidad de la aparición y sostenimiento, en escalas significativas, de Estados Fundamentalistas, en el sentido Nazi-Fascista, Stalinista, Maoísta, etc. Ha avanzado demasiado la Democracia y la Globalización en todo el mundo. La supuesta existencia de tales estados en territorios de uno o más países no pasa de ser una pretensión política o militar, sin ningún viso de realidad. Esta es la buena noticia. Pero eso no es lo más importante, ni para ahí.

La mala noticia es que la Globalización, con el gigantesco empoderamiento tecnológico individual que ha creado, brinda las condiciones necesarias y suficientes para que un individuo o un pequeño grupo aislado, en cualquier lugar del mundo, pueda disponer de un poder capaz de destruir algo que hace sólo cuarenta años era necesario todo un Estado y un ejército de miles o millones de hombres y de dólares para llevarlo a cabo. Y esto es lo terrible. Esta situación escapa del posible control, aun cuando se pueda y deba minimizar sus riesgos

Pensando realistamente: ¿Hubiera sido factible la destrucción del World Trade Center de Nueva York por un grupo terrorista sin existir los actuales recursos tecnológicos? Es difícil suponerlo. Los últimos atentados violentos en diferentes ciudades de Europa o de Estados Unidos indiscutiblemente han requerido de tecnologías para realizarlos.

¿Qué hacer? Enfrentarnos a las nuevas tecnología o renunciar a ellas? ¡Imposible¡ ¿Qué queda entonces? Sólo aprender a vivir en estas nuevas realidades. Es posible que los gobiernos no estén, para nada, preparados para enfrentar esta situación de la aparición de la “Globalización del Miedo”. Por ahora es un problema de cada uno. Recomendación: No esperar por los gobiernos. Buscar resguardos individuales y no por la vía de las armas.

No tiene, ni nunca tendrá sentido, los “pases de cuenta” nacionales por viejas heridas de guerra. En este caso, Viet Nam no podría haber llegado a ser el centro más importante de la producción de Nike, fuera de los Estados Unidos. Alemania no tendría el lugar que ocupa en la economía mundial. China no hubiera llegado a ser el primer exportador mundial.

Es imposible impedir que individuos aislados tomen de su mano el desagravio, el ajuste de lo realizado, con razón o sin razón, y esto no tiene justificación alguna, ni nunca la tendrá. Pero es necesario aceptar que ocurrirá, y que no es evitable. Hay que aprender a vivir con esos riesgos. ¿Qué va a reducir nuestras libertades individuales? Cierto. Es parecido a acostumbrarse a vivir con el peligro de la peste en siglos pasados. Cada época tiene sus sacrificios, y hay que asimilarlos. Estos son los efectos colaterales de la Globalización.

Por último, los Dogmatismos, Fundamentalismos y Terrorismos requieren de herejes, disidentes, enemigos, libre pensadores, etc. En estos tiempos, es difícil llevarlos a la hoguera, pero siempre es posible eliminarlos. Estos también son peligros. En esta historia cada cual ocupa el lugar que le acomoda o que le compete…..

Ver: “Globalización, Innovación y Competitividad. Sobre verdades, mitos y falacias”; Fernández Font, M.; Kindle Pub. Amazon mx; pág. 127-132; Cap. 3. Secc. Detractores y Defensores del Actual Paradigma; marzo 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La buena cara frente al mal tiempo

Todos conocemos el viejo refrán español que dice: “Al mal tiempo buena cara”, pero lo que nadie explica es: ¿Cómo poner buena cara al mal tiempo?

Hace unos días, un alumno que leyó dos de los últimos trabajos publicados en este blog, relacionado uno con el tema de la enorme concentración de las riquezas financieras y monetarias en un puñado de bancos “globales” y sus implicaciones (9 de junio) y el otro sobre el triángulo comercial México-China-EUA y sus asimetrías (4 de junio) me hacía dos preguntas, muy lógicas e importantes. Estas son: Si es cierto que una nueva crisis está por venir, “¿Qué hacer para que el golpe (que evidentemente todos sufriremos) no sea lo suficientemente fuerte como para knockearnos?” y “¿Qué medidas tomar para solucionar el endeudamiento y dependencia de México hacia China?”. Le explicaba al estudiante que, sin ánimos de adivino (que estoy muy lejos de pretenderlo) iba a intentar algo así como una aproximación a una respuesta a estas dos interrogantes que, según mi parecer, ambas tienen una determinada relación. Aquí va la tentativa.

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La proximidad de una nueva crisis monetaria y financiera internacional no es algo extraordinario y la avalan una serie de situaciones objetivas. No obstante el enorme poder de las 28 corporaciones financieras que dominan el mundo1 a los bancos les está yendo muy mal. Y eso es un problema serio, precisamente, por el poder que tienen. El índice KBW, creado en The Philadelphia Stock Exchange, y que es un indicador económico de la capitalización promedio de 24 de esas mayores instituciones bancarias del mundo, apunta en la actualidad a su peor registro desde inicios del 2011. El valor de las acciones de los grandes bancos sigue cayendo. Por otra parte, la “combinación perversa” de un dólar cada vez más fuerte frente a las demás monedas –realmente sin una justificación muy clara, entre otras razones por el nivel histórico de endeudamiento alcanzado por la economía americana- lo cual hace pensar en una posible y catastrófica “burbuja del dólar”; la caída en los precios del petróleo, y en general de las materias primas; el ajuste en los ritmos de crecimiento de importantes economías emergentes, con China a la cabeza, y la contracción de los flujos comerciales y de capital internacionales, en su conjunto conducirá, en un plazo no lejano, a una conmoción de los mercados financieros tradicionales, tanto en los de valores como en los monetarios. En otras palabras, pensando en términos inversionistas, no parece ser un buen momento para refugiarse ni en papeles ni en divisas convencionales.

Al propio tiempo, otros procesos, quizás más técnicos y menos conocidos, como las nuevas regulaciones bancarias internacionales, mucho más estrictas, que deberán entrar en funcionamiento en el 2018-2019, a partir de las normas de la llamada Basilea IV y –aunque de esto no se hable mucho – la posible relación de ese hecho con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, tomando en cuenta el papel del Banco Central Europeo en esa futura norma bancaria y los intereses de la moneda inglesa, podría complicar aún más el escenario.

En estas circunstancias: ¿Qué hacer?….. Lo primero es tratar de alejarse lo más posible de los “focos claros de contagio”. O lo que es lo mismo, buscar alternativas de inversión, de producción y de comercialización. Y es aquí donde la pregunta anterior se imbrica con el tema de la dependencia económica de México con China, en cuanto a la acumulación de una considerable deuda comercial del país azteca con el asiático.

Comenzando con la producción. Hay que recordar que toda crisis financiera, más temprano que tarde, arrastra a la producción y al comercio, los cuales también caen en crisis. Así ha sido y seguirá siendo. La crisis comienza en las finanzas y termina en la producción, el comercio, el empleo y el consumo. Para un país como México es imprescindible que se tomen las medidas de “blindaje” financiero macroeconómico, tal como se viene realizando; elevar tasas de interés, medidas anti-inflacionarias, al tiempo que se procura aumentar el empleo y el consumo y las reservas financieras internacionales, entre otras decisiones. Pero esto no es suficiente. Hay que poner la mirada, muy rápida y especialmente, en la producción.

Este tema da para muchas consideraciones, pero no es el caso abordarlas en este momento. Baste decir que una nación como México dispone de un mercado interno lo suficientemente grande, diverso y poderoso –el onceno mercado interno mayor del mundo- como para poder basar en ese mercado cualquier proyecto de desarrollo económico y, al propio tiempo, proyectar un perfil propio, autosustentable y realista de participación en la división internacional del trabajo. No se trata de dejar a un lado las posibilidades del comercio exterior, de la cooperación y la complementación productiva internacional, que se puedan llevar a cabo mediante los múltiples tratados en que México participa. Todo lo contrario, se trata de fortalecer esas relaciones, pero reorientarlas y dirigirlas con políticas productivas y comerciales estables y coherentes, en función de los intereses de una transformación estructural, integral y a fondo, de la economía.

Expresado de manera más sencilla: Aprovechar todas las ventajas y potencialidades humanas y naturales existentes en el país, en dirección al desarrollo de sectores y actividades en las cuales México puede competir internacionalmente, con cierta independencia de las crisis financieras. Para esto se usarán dos ejemplos; el del Turismo y el Sector Agro-Alimentario.

La historia muestra que una de las actividades económicas menos susceptibles a caídas por crisis financieras es el Turismo. Según datos de la Organización Mundial del Turismo 2 entre los años 2005 y 2010, en el período de mayor intensidad en la última crisis financiera mundial y en el que cayeron casi todas las actividades económicas, las llegadas de turistas internacionales en el mundo se incrementaron de 807 millones de personas en el 2005 a 948,1 millones en el 2010. Fue una de las pocas actividades, a escala mundial, en la que no se vio caída significativa. Este indicador llegó a los 1 133 millones de turistas en el 2014 y se estima que para el 2030 habrá 1 800 millones de turistas internacionales esparcidos por el mundo.

Al igual que existe un índice de competitividad global, elaborado por el World Economic Forum, en el cual durante los años 2014-2015 México ocupa la posición 61 entre 144 naciones del mundo, ese propio Forum mundial elaboró un índice de competitividad en viajes y turismo (TTCI, por sus siglas en inglés) y en el cual México, en el año 2013, ocupó la posición 44 entre 140 países, teniendo por delante a naciones de reconocido potencial turístico, como Suiza, Alemania o EUA, entre otras; pero también a países mucho menos conocidos, y también más pequeños que México, como Singapur (lugar 10), Hungría (39), Montenegro (40), Qatar (41), Polonia (42) y Tailandia (43)….

No obstante esa posición competitiva relativamente desfavorable, la expansión de la actividad turística internacional mexicana ha mostrado avances. La nación azteca se colocó en la décima posición en cuanto a destino de turismo internacional en el año 2014. Pero, al mismo tiempo, China – que como se ha visto, es uno de los principales acreedores comerciales de México, sino el principal- también consolidó su posición como el mayor país turístico emisor del mundo, con más de ¡83 millones de viajeros¡ que salieron de esa nación asiática en el 2012 y donde además son los que más gastan en turismo internacional; con 165 mil millones de dólares en el 2014; bastante por encima de los 111 mil millones que gastaron los norteamericanos por ese mismo concepto. Otro mito que se rompe. Pero, en el 2012, los chinos ocuparon la posición 20 en el ranking de visitantes extranjeros a México. De los más de 83 millones de chinos que salieron al mundo, y no obstante los aproximadamente 40 acuerdos de todo tipo firmados entre México y China en los últimos veinte años, a México llegaron en ese año 47,8 miles de turistas chinos; es decir, sólo un 0,05% del total de los viajeros chinos.3 Esto parece una ilustración de una oportunidad nacional no bien aprovechada, hasta ahora. ¿No sería posible una política más activa, a fin de atraer más visitantes de esa nación asiática que, en otro orden, una parte importante de ellos viaja a zonas cercanas de EUA?

Es muy bueno que México impulse la producción y las exportaciones de manufacturas y determinada especialización en las mismas, como lo está haciendo pero en las relaciones comerciales con China no parece lo más acertado competir a profundidad, por ejemplo, en electrodomésticos, ropa o calzado deportivo, pero si en aquello en que México es un productor único y diferenciable: su propia imagen.

El otro ejemplo de actividades productivas nacionales que tienen una gran potencialidad, con cierta independencia de circunstancias adversas que puedan existir en los mercados financieros internacionales, es el sector agro-alimentario. La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) en un informe de junio del 2016 señala que México ya exporta productos alimenticios por un valor de 84 millones de dólares cada 24 horas 4 y que de enero a abril del presente año el sector agroindustrial reportó un crecimiento en su ventas hasta 4 636 millones de dólares, con un superávit de 186 millones; el mayor nivel de un período similar en los últimos veinticuatro años.

Pero, al propio tiempo, según el Ranking Nacional de Nutrición Infantil (RANNI) la nación azteca ocupa el lugar 50 entre 101 países en cuanto al nivel de desnutrición infantil crónica, con una cifra en el orden de 1,5 millones de niños menores de cinco años en esa situación; para un 13,6 del total de esa población infantil, y donde en la región sur se llega a un 19%; esto es, índices más desfavorables que para algunos países africanos.

Entonces, la pregunta sería: ¿Se están aprovechando realmente todas las posibilidades potenciales para resolver los agudos problemas alimenticios internos que aún subsisten en el país y también tener una participación más activa en la solución de la situación alimentaria mundial? Aquí también la respuesta parece ser negativa.

En resumen, en este tipo de actividades, como las que se han ejemplificado anteriormente, las dificultades y restricciones no parecen estar condicionadas por situaciones de bonanza o de crisis financiera nacional o internacional, sino por problemas de concepción, de políticas, de programación y de desempeño económico nacional.

Hasta aquí dos ejemplos concretos de espacios estratégicos en materia de producción y de inversiones que podrían intensificarse, tratando de “saltar” posibles crisis financieras. Pero… ¿Qué otros caminos se pueden tomar, específicamente, en el ámbito monetario y financiero?

Hay algo claro. El refugio “natural” frente a las crisis monetarias ha sido, y seguirá siendo, los metales; en particular el oro y la plata. Pero…cuidado. Aunque su precio sigue subiendo, parece que el oro físico disponible para comerciar también está agotándose. Hace dos meses, la revista Forbes de México publicó un artículo 5 elaborado sobre la base de un estudio del Comité de Acción Antimonopolio del Oro (GATA por sus siglas en inglés) alertando sobre este tema, y señalando que “queda muy poco oro físico en el mercado londinense para satisfacer los compromisos de entrega que hay en el papel” y que cada día se venden ¡¡200 mil millones de dólares¡¡ en el mercado del “oro” en operaciones pagadas con “papeles” sobre una base física no garantizada. Si, en algún momento, como ya sucedió hace décadas – y es posible que vuelva a ocurrir- a los compradores se les ocurre “pedir su oro”, se producirá un default del pago en físico que, aunque se realice en alguna divisa, la ausencia del respaldo metálico que, en última instancia, es el producto que se está negociando, desataría pánico y un rechazo al papel dinero, que perdería, aún más, su credibilidad. Llegado ese momento el precio del oro subiría sin control. Por tanto, ese refugio “natural” tampoco está seguro…en divisas. Y, para mayor preocupación, en ese propio artículo, se señala que: “Hay una enorme transferencia de riqueza expresada en el oro que abandona Occidente para establecerse en el lejano Oriente, y sobre todo, en China. Jamás regresará.

¿Qué queda entonces? Por supuesto sigue siendo bastante seguro disponer de oro, plata y otros metales preciosos, pero en términos físicos, no en su expresión monetaria, en papeles, por muy confiables que estos parezcan. Al final se retorna, al menos parcialmente, a las bases de lo que fue la corriente mercantilista que prevaleció en la economía internacional desde los inicios de la conquista y colonización de América hasta el comienzo del Capitalismo, con la Primera Revolución Industrial en la Inglaterra Victoriana del Siglo XVIII; el Oro no como representación de la riqueza, sino como expresión de la riqueza en si misma.

Un nuevo espacio en el mundo monetario, una esperanza y una expectativa de sortear los riesgos de los mercados tradicionales, se abrió hace sólo seis años, a raíz de las duras experiencias de la llamada Crisis Subprime, con la aparición de las criptomonedas, primero en los Estados Unidos y mucho más recientemente en Europa, sobre lo cual se trató muy sucintamente en el artículo inmediatamente anterior en este blog 6 Sobre esto vale la pena regresar más específicamente en un próximo trabajo.

 

1 Ver, en este mismo blog, “Sobre 28 gigantes, el castillo del dinero, y el mito del crédito” publicado el pasado 9 junio

2 Ver: Organización Mundial de Turismo (UNWTO), Panorama del Turismo Internacional, edición 2015 consultado en unwto.org/pub

3 Ver: “Destinos turísticos del viajero chino…”; Michel, Angel, L. y Delgado Rios, C.A. en   www.uv.mx/chinaveracruz/files/2015/04/03_Destinos-turisticos.PDF

4    Ver: http://sukarne.com/entrada/sagarpa-destaca-potencial-exportador-de-mexico

5 Ver: http://www.forbes.com.mx/la-muerte-del-mercado-del-oro/

6 Ver en este mismo blog: “Fintech: Una nueva revolución tecnológica a las puertas…. Publicado el pasado 22 de junio

 

Fintech: Una nueva Revolución Tecnológica a las puertas ¿Está preparado?

Aún recuerdo cuando, a inicios de los años noventa del pasado siglo, escuché por primera vez la expresión WWW; WorldWideWeb, en boca de un ingeniero venezolano, amigo desde entonces, quien me explicó en qué consistía aquel “nuevo invento”, que se llamaba Internet. Confieso que, en ese momento, me costó trabajo creer que era verdad lo que me contaba. Para quienes todavía no han oído hablar de Fintech –y puede que sea la mayoría – es posible que en poco tiempo les ocurra algo parecido a esa historia anterior.

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 ¿Qué es Fintech? El término surge a partir de la unión de las primeras letras de dos palabras, en idioma Inglés, que son Financial y Technology. Es decir, la aplicación de las innovaciones tecnológicas a las Finanzas. Como concepto, este término tendrá unos cinco años o seis años, pero su contenido es “abierto”, y al mismo se incorporan, de manera más o menos continua y a una velocidad sorprendente, nuevos productos, sistemas, procesos y empresas.

¿Por qué surge Fintech? Pienso que es un resultado natural de experiencias y conocimientos acumulados por el mundo. Esa tendencia, a partir de los años 2007-2008, se convirtió en fenómeno mundial, claramente definido y definitivo. En primer lugar, Fintech es fruto de la desconfianza. En efecto, de la pérdida de credibilidad en muchas gentes, en particular en los países desarrollados, sobre mecanismos y sistemas bancarios tradicionales, que se fueron gestando y transformando luego de la desaparición del Pacto de Bretton Woods, a inicios de la década de los pasados años setenta, y que trajo consigo profundos cambios y la pérdida de control y la desregulación de esos sistemas. Esto ha prevalecido desde entonces, y ha hecho mucho daño a la Economía Mundial, a la de países y a millones de ciudadanos.

No fue un hecho aislado lo que condujo a la frustración generalizada sobre la efectividad en el funcionamiento de las finanzas mundiales: La crisis de la deuda en América Latina, 1980-1990, con la pérdida de una década en el crecimiento de la región; Lunes Negro, crisis en las bolsas de Nueva York, 1987; Crisis del Peso Mexicano, 1994; Crisis Asiática, 1997; Crisis en Rusia, 1998; Crisis de empresas de alta tecnologías en EUA, 2000; Crisis Argentina; 2001-2002; Crisis sub-prime, en el mundo, 2007-2008; Crisis europea 2009-2013. Ya es difícil creer que esos sistemas puedan marchar adecuadamente porque prácticamente nada ha cambiado en los últimos cuarenta y cinco años, excepto el fortalecimiento y concentración del poder de los bancos y de las instituciones financieras comerciales no bancarias* por encima de gobiernos y de organismos internacionales. Y, cada día, es peor.

El surgimiento de las Fintech es una respuesta de una buena parte del mundo, resuelta a librarse del control, el dominio y las arbitrariedades del sistema monetario y financiero internacional y de sus instituciones; tradicionales y muy conservadoras de sus intereses.

En segundo plano, y esto ha sido determinante, ya se dispone y se manejan las tecnologías necesarias para reproducir las mismas operaciones que realizan los bancos y sistemas financieros comerciales, lo único que de manera privada, personal e independiente. El control sale de las manos de los bancos y pasa a manos de los seres humanos.

¿Cómo se estructuran las actividades de Fintech y su soporte tecnológico? Una manera de explicar el ordenamiento más general de Fintech, de manera muy sintética y esquemática, se muestra en la siguiente gráfica:

gra (2)

Los blockchains son la base computacional de este sistema, en una concepción diferente a la de los servidores tradicionales. Cada bloque es un “libro”, con una numeración alfanumérica única, que se encuentra en cada usuario del sistema (pueden ser millones o cientos de ellos) y todos pueden tener acceso, pero nadie puede, sin autorización, modificar o eliminar un bloque o cambiar algo. Una vez creado el bloque no se puede modificar. Esos bloques se encadenan, y en ellos se reflejan toda la historia de cada transacción. La información está encriptada, codificada, a partir de un sistema muy complejo. Nadie es centro del sistema. Es una tecnología de “registro contable distribuido”. Esa concepción fue desarrollada hace cinco años por los creadores de Bit-Coin; la critptomoneda de mayor divulgación en el mundo. Pero ya hoy se usa en otras muchas aplicaciones de Fintech.

Partiendo de este esquema, las cadenas de bloques se estructuran en nodos, que tienen todos iguales valores y conexión, y que forman una red; un sistema totalmente distribuido, resistente a ataques, hackers y errores. Esa red permite establecer una conexión P2P; es decir, Peer to Peer, o lo que es lo mismo, red de pares, red entre iguales. Sirve para intercambiar información, de forma directa, entre dos o más personas, sin intermediarios. Tecnológicamente hablando no es nuevo. Pertenece a finales de los años noventa. Lo nuevo son sus diversas aplicaciones actuales. Es el sistema en que descansa Skipe, y también las plataformas de todas las criptomonedas.

Las anteriores son, por así decirlo, las bases tecnológicas esenciales de Fintech. Los demás dos elementos del esquema, que se apoyan en estos soportes técnicos, vendrían a ser el equivalente, en las nuevas concepciones, a las dos viejas partes en que se dividen los sistemas financieros tradicionales: Mercados de Capitales y Monetarios.

Shadow Banking. Los mercados “a la sombra”. Son sólo los mercados de capitales que se encuentran fuera de los sistemas financieros formales y de los bancos tradicionales. Son los nuevos prestatarios y prestamistas de créditos, que se ponen de acuerdo, directamente, al margen de los bancos, de sus “tasas de intereses” (usualmente de usura) y de sus reglas.

Son tan legales como los viejos mecanismos, aunque quizás aún menos transparentes y conocidos. Se estima que en la actualidad el total de los activos financieros que se negocian “a la sombra” de los mercados tradicionales en el mundo podría representar un 25%, y que llegará a un 35% o más, en los próximos cinco años **.

Una encuesta sobre Inclusión Financiera en México en el año 2015, presentada en junio del 2016, muestra que el 32% de la población mexicana que ahorra lo hace mediante mecanismos informales, al margen de los bancos.

Criptomonedas: Este es el segundo componente del nuevo sistema Monetario Internacional. El “mercado de criptomonedas”. Un nuevo mercado basado en monedas digitales que se generan, de manera privada, a partir de “minar” mediante las blockchains y que ya no son dólares, euros o yenes; pero que tienen su equivalencia y su valor expresado en la “viejas monedas”. La primera, como ya se dijo, fue Bitcoin, que nació en el año 2009 en EUA, y que sigue siendo la más fuerte, pero ya han aparecido otras seiscientas en todo el mundo. Se abre paso, con mucha velocidad, una criptomoneda europea; OneCoin, que en sólo quince meses de existencia ha “minado” más de 720 millones de unidades, y que tienen un valor actual de 6,24 euros cada una; partiendo, a inicios del 2015, de una cotización de sólo 0,5 euros por moneda. Cuenta, en la actualidad, con dos millones de miembros en ciento noventa países.

¿Cuáles son las principales actividades que se realizan a través de las Fintech? Son las las mismas que realizan los bancos: Pagos y transferencias, préstamos o créditos, operaciones en los mercados de divisas (Forex), seguros, asesoría financiera, gestión de riesgos, banca móvil, etc. A esas actividades tradicionales se les suman otras nuevas: Criptomonedas o monedas alternativas, crowfunding (plataformas de donación y financiación de proyectos colectivos), plataformas de compensación (reconocimientos) y otras. La diferencia esencial es que todas estas actividades se realizan “a la sombra” y mediante P2P, por decenas de miles de nuevas empresas especializadas en diferentes instrumentos de Fintech en el mundo.

¿El sistema bancario tradicional y los organismos monetarios financieros nacionales e internacionales son ajenos a esta nueva Ola? Nada de eso. Ya comprendieron que es un proceso irreversible, y que avanza a pasos acelerados, y lo que han hecho es incorporarse a Fintech, y apuestan fuerte. En un informe de Wharton, de la Universidad de Pennsylvania, de mayo del 2016, se señala que: “La inversión mundial en operaciones Fintech se ha triplicado, hasta los US $ 12 mil millones —sobre todo en EE.UU.— de los US $ 4 mil millones registrados en 2013. En el 2015, la inversión en operaciones privadas de Fintech aumentó casi un 60% más, hasta los $ 19 mil millones…Bank of America gastó $ 3 mil millones en lo que llamó iniciativas de tecnología. Del mismo modo, JP Morgan Chase, gastó también cerca de $ 3 mil millones de dólares en nuevas tecnologías el año pasado.” *** Pero, como en otros aspectos… la delantera mundial actual en Fintech….. la llevan los chinos…..

¿Sustituirán las Fintech a las operaciones y monedas tradicionales? Todo parece indicar que no, al menos, en un buen tiempo. Coexistirán, como conviven internet con los medios convencionales de información y comunicación. Lo único que es posible que quienes estén en las nuevas formas de operar de los mercados monetarios y financieros se encuentren en mejores condiciones para sortear los inconvenientes y riesgos de la próxima crisis monetaria y financiera….que no tardará en llegar….. ¿Está Usted preparado?

*    Ver trabajo anterior; “Sobre 28 gigantes, el castillo del dinero, y el mito del crédito”, en este propio blog
** Ver “Capital Markets, 2020”; Resumen ejecutivo; Pricewaterhouses Coopers, S,L, 2015
*** Ver “¿La tecnología aplicada a las finanzas será finalmente una realidad?”; Wharton, Unv. Pennsylvania; 4/05/2016

Sobre 28 gigantes, el castillo del dinero, y el mito del crédito

A pesar de este título, lo que viene a continuación no es un cuento infantil. Todo lo contrario. No es apto para todas las edades. En ocasiones, hago a mis alumnos la siguiente pregunta: “¿Quién fabrica actualmente el dinero?” Casi invariablemente la respuesta es: “Por supuesto que los gobiernos, los bancos centrales de los países”… Ante esa afirmación, no me queda otra alternativa que decirles: “Pues está equivocado(a). Eso ya no es así, y no son esas instituciones sino los bancos comerciales los que producen el 90% del dinero que conocemos, y sólo el restante 10% es impreso por la banca central de los Estados”….

Pero el problema es aún más agudo: No obstante que todavía existen cientos de miles de bancos en todo el mundo, la tendencia es hacia una mayor fusión o desaparición de los mismos, y ya hoy son sólo 28 entidades financieras (bancarias y no bancarias) gigantes las dueñas del 90% de los activos financieros del planeta.*¡Se podrá imaginar la concentración de poder que esto representa, y lo que es capaz de hacer ese grupo financiero a los 7,3 miles de millones de humanos que habitamos en este pequeño espacio llamado Mundo!

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Un poco de historia nunca viene mal. A partir del año 1971, y por razones que sería muy largo explicar aquí, hubo un cambio trascendental en el sistema monetario y financiero internacional, que había funcionado, con éxito y estabilidad, desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. En ese año, al gobierno de los EUA (R. Nixon) no le quedó otro remedio que romper el llamado “Pacto de Bretton Woods”, que había normado el funcionamiento del sistema monetario-financiero mundial a partir de 1945. Esa decisión condujo, entre otros resultados, al abandono del respaldo en oro del dólar norteamericano, a eliminar las tasas de cambio más o menos fijas entre las monedas y proceder a la libre flotación de los valores de las divisas de todo el mundo. A partir de ahí se generó un enorme y creciente desequilibrio en los mercados monetarios, que engendró una especulación nunca vista y una perturbación crónica en los mercados financieros.

En términos prácticos, a lo largo de estas últimas cuatro décadas y media transcurridas desde ese acontecimiento, las monedas de todo el mundo, con el dólar a la cabeza, dejaron de tener algún respaldo en algo más que no fuera sólo la confianza de los tenedores de las monedas. Se convirtieron en lo que se conoce como dinero fiduciario; esto es puros papeles, en los cuales se confía para casi todo lo que necesitamos, mientras no se demuestre lo contrario.

Bajo estas nuevas condiciones, fueron los bancos comerciales los que “tomaron el mando del mundo”. Y una figura, hasta ese momento más o menos controlada y bajo vigilancia, por todo aquello del respaldo en oro y de la convertibilidad regulada que prevaleció durante mucho tiempo, se desató, y apareció como protagonista de primera plana en el contexto económico mundial: El crédito. Al propio tiempo, el dinero, que hasta ese momento se utilizaba, fundamentalmente, como medio de pago y para hacer negocios, se convirtió el mismo en el mejor de los negocios, y en insuperable base de transacciones especulativas.

El vocablo crédito viene del latín; de “credere”, creer, confiar, y su existencia como concepto y práctica se pierden en la Roma anterior a la Era Cristiana, al igual que los bancos, que ya en el siglo IV AC. existían en varias ciudades griegas. Pero lo que interesa aquí es que el crédito, bajo sus múltiples modalidades y formas de existencia, que se multiplican y crecen en las últimas décadas, ha llegado a convertirse en el corazón; en el centro mismo de la maquinaria que hace funcionar no ya la banca y el dinero, sino todas las economías nacionales del planeta y, por tanto, la propia economía mundial. Y que ese poder no lo tienen los gobiernos, sino los bancos comerciales.

La tendencia dominante en el mundo en los últimos treinta o cuarenta años ha sido hacia la descentralización de múltiples manifestaciones de la vida, la democratización de muchos procesos. Comenzando con el conocimiento y la información, a partir de la revolución en las telecomunicaciones y de internet, hasta las estructuras políticas y el despliegue, con mucha fuerza, de la Sociedad Civil y de sus organizaciones, por encima de partidos tradicionales y de gobiernos. Más, sin embargo, en el ámbito monetario y financiero la tendencia absoluta, hasta hace sólo cuatro o cinco años, ha sido la centralización y concentración del poder y del dinero y esto se ha realizado, en primer lugar, a través de los mecanismos del crédito. Según datos del Banco Mundial, el crédito interno suministrado por el sector bancario en el año 2014 representaba un 173,6% del PIB mundial en ese año reciente. Pero, según la Consultora Mc Kinsey, la deuda total; esto es, la suma de las deudas pública y privada, ha llegado a significar unas tres veces el volumen del PIB del planeta!! **

Entonces, esos “28 gigantes” mencionados antes crean, mediante diversos mecanismos, el crédito; esto es, el 90% del dinero, que es ahora el “castillo” del dinero-crédito. Lo interesante aquí es que esas instituciones han fabricado ese castillo como dinero virtual y a partir de la nada. No – como también se piensa habitualmente – basado en los depósitos que realizan las personas en esas instituciones. Es posible que el dinero prestado por el sistema bancario llegue a representar hasta 8 o 9 veces el monto del dinero real depositado en bancos.

Es necesario entender que el gran negocio de las instituciones financieras no son los depósitos de los clientes, sino los intereses, prácticamente de usura y muchos fijados arbitrariamente, que cobran a sus deudores, así como las operaciones especulativas que realizan en los mercados financieros y monetarios con un dinero que, en verdad, ni es suyo ni existe. Según el Trienial Central Bank Survey, publicado por el BIS: “El comercio en los mercados de divisas promedió 5,3 millones de millones, por día,¡¡¡ durante abril del 2013” ***

A la dictadura bancaria” en realidad no le conviene que las personas físicas o morales les paguen las deudas contraídas, en virtud de los créditos de diversos tipos que éstos otorgan, o los préstamos que realizan a gobiernos de los países. Su verdadero negocio es el cobro de los intereses y la especulación. Y de ahí su carácter profundamente explotador y parasitario, que contribuye a ampliar las diferencias en los niveles de ingreso de naciones, regiones y grupos poblacionales en todo el mundo, en favor de sus excesivos intereses de lucro.

Casi siempre se pasa por alto que la inmensa mayoría del crédito otorgado por las instituciones financieras es sólo dinero virtual, que prácticamente nadie llega a ver nunca. Está “depositado” en una tarjeta plástica enlazada a un sistema y este “dinero” se genera con un simple teclazo en la computadora. Mientras que los pagos, esos sí, se deben realizar a los bancos y a otras instituciones financieras, tanto de los intereses como del principal, en dinero real, que sale del salario y de los ingresos generados por el trabajo de los deudores.

Toda esta marea de dinero, en la cual también están presentes las operaciones vinculadas al “lavado de dinero” y a la evasión de impuestos –con la contribución decisiva de los más de cuarenta paraísos fiscales- distribuidos en todo el mundo, generan inestabilidad y crisis monetarias y financieras, que se han venido produciendo en distintas partes del mundo, con fuerza creciente, desde la década de los años setenta del pasado siglo, hasta llegar a la llamada gran crisis financiera sub-prime del período 2007-2008, que fue provocada por la irresponsabilidad y el engaño de algunos de los “gigantes” de las instituciones financieras de EUA, encabezados por la Reserva Federal, y que llevó a todo el sistema monetario y financiero mundial al borde del colapso; a la casi destrucción del “castillo”. Fue, posiblemente, la mayor estafa de los últimos cien años.

Sin embargo, esta situación ha traído también enseñanzas. Con posterioridad a esa crisis, en los últimos cinco años, una parte cada vez mayor de las sociedades, en particular en los EUA y en otros países desarrollados, aprendió la lección y comprendió que existe la tecnología que puede permitir a los particulares separarse de la “maquinaria de los bancos”; reproducirla por vías privadas, descentralizando y personalizando la creación del dinero y de formas de comercialización propias, evitando la intermediación de las instituciones financieras formales y tradicionales, y haciendo mucho más transparente y expedito todo este proceso…

Al propio tiempo, estas nuevas maneras de hacer las cosas tratan de distanciarse, lo más posible, de los conocidos impactos nocivos que traerá la próxima, inevitable, y no lejana nueva crisis monetaria y financiera internacional. Ha aparecido así todo un mundo nuevo en este campo; las fintech, la banca en las sombras, las P2P, los blockchains, las criptomonedas, etc.…. Mundo que preocupa mucho a las instituciones financieras y monetarias tradicionales.

Pero ya esto último da para otra historia…….

PD: Para los posibles interesados, los “28 gigantes” son:

EUA:          1) J.P. Morgan Chase  2) Bank of America  3) Citigroup   4) Morgan

5) Goldman Sachs  6) Bank of New York Mekon  7) State Street   8) Wells Fargo

Francia:       1) Groupe Credit Agricole  2) BNP Paribas   3) Societe Generale  4) BPCE

Japón:         1) Mitsubichi Ufjfg  2) Mizuho FG y Sumitomo  3) Mitzui FG

China:          1) HSBC 2) Bank of China

Inglaterra:  1) Barclays PLC   2) Standart Charterer

España:         1) Santander  2) BBVA

Suiza:             1) Credit Suisse   2) UBS

Alemania:     1) Deutsche Bank

Escocia:         1) Royal Bank of Scotland

Holanda:        1) ING Bank

Italia:             1) Unicredit Group

Suecia:           1) Nordea

 

*      Ver de Morin, F. – L’hydre mondiale: L’oligopole bancaire ; Lux,‎ 2015; 168 p.; Paris

**     Ver de Ugarteche, O. – “La Gran Mutación”;  UNAM, México; 2013

***   Ver de Fernández, M. – “Globalización, Innovación y Competitividad. Sobre verdades, mitos y falacias”; Kindle Pub, Amazon mx; 2016, pág.48

El Triángulo Comercial México-China-EUA. Asimetrías y consecuencias

Se considera México como una de las economías más abiertas, debido a dos factores principales: El primero, por el llamado índice de apertura; es decir, el porcentaje del volumen de su comercio exterior en relación a su PIB (exportaciones más importaciones entre PIB, en por ciento) que, con un 62,5% en el año 2014, México se encuentra entre los más altos de la región, por encima de Brasil, Argentina o de los Estados Unidos. La segunda razón, porque México es la nación con más acuerdos comerciales firmados en el mundo; con doce Tratados de Libre Comercio, rubricados con cuarenta y cuatro Estados, más nueve acuerdos comerciales de complementación y alcance parcial.

Todo esto debía tener un impacto en el crecimiento económico de la nación azteca, como dice la teoría económica que ocurre cuando se dan estas condiciones. Pero, lamentablemente esto no es así. ¿Por qué? Quizás debido, al menos en buena parte, a los efectos de la estructura y orientación del comercio exterior mexicano

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Lo primero a recordar es que en el año 2008 ocurrió algo muy significativo en el comercio mundial. Por primera vez, China superó a los EUA en el volumen de las exportaciones totales de bienes al resto del mundo. En ese año, según información de la base de datos del comercio exterior de las Naciones Unidas, (COMTRADE) *, EUA dejó de ser el principal exportador mundial de mercancías, al ser superadas sus exportaciones al resto del planeta por las de China. Esa tendencia se ha mantenido en los últimos ocho años.

Este desplazamiento de la orientación en el suministro mundial de los EUA hacia China se reflejó en la mayor parte de los países del mundo, y también en México. Así, según la misma fuente mencionada en el párrafo anterior, mientras que en el año 2000 México compró a China 1 335 millones de dólares en productos, la nación azteca adquirió en los EUA, en ese propio año, 111 710 millones. Es decir, por cada dólar que México compró a China, hace 16 años, adquiría en los EUA, 83, 67 dólares de mercancías. Quince años después, en el 2015, México negoció en China 33 810 millones de dólares en compras de bienes, al tiempo que en ese propio pasado año, compró en EUA 236 377 dólares. Así, por cada dólar de productos adquiridos en China, los bienes americanos comprados representaron 70 dólares; es decir, 13,67 dólares menos en bienes comprados en EUA en relación a lo adquirido en China, quince años atrás. En síntesis, mientras que las importaciones “Made in USA” realizadas por México en estos últimos quince años crecieron en 2,1 veces, la de bienes “Made in China” lo hicieron en 25,3 veces.

La tendencia es clara. La mayor parte de las compras de bienes por México se siguen realizando en EUA. Sin embargo, la participación del suministro de productos chinos en el mercado mexicano crece mucho más rápido que las compras de productos que se llevan a cabo en el mercado norteamericano.

De seguir esa tendencia, en algún momento, la mayor parte de las compras mexicanas en el exterior provendrán de China, a 11 600 km. de distancia entre Beijín y C. México, y no de los EUA que, como se sabe, es país frontera. No suena muy lógico que digamos. Independientemente del mundo global, parece que hay algún problema de competitividad en la relación EUA-China-México, al que hay que buscar una explicación –y una solución.

Pero esto no es todo –ni lo más preocupante. Como consecuencia directa de ese crecimiento acelerado de las compras mexicanas en Asia, y en particular en China, el déficit comercial de México con esa nación asiática ha crecido aceleradamente en los últimos quince años. Se han acumulado más de 60 mil millones de dólares en el 2014 de deuda, sólo con China. Y esto se debe a que la nación azteca ha incrementado significativamente sus compras en China, y a que las compras, por parte de China de productos mexicanos, siguen siendo casi insignificantes para el comercio de esa nación asiática. Las importaciones de productos mexicanos en el comercio chino, en el año 2013, representaban sólo un 0.33% de las importaciones totales de China, al tiempo que las importaciones de productos chinos en el comercio mexicano, en ese propio año, llegaron a significar más de un 20% de las compras de México en el mercado externo. Algo no anda muy bien en esta relación. Sugerencia: Que las autoridades mexicanas estudien esto.

Al propio tiempo, ¿Qué ocurre con el vínculo comercial de bienes entre México y los EUA? Ya se vio que EUA, como resulta lógico, sigue siendo, por ahora, el principal suministrador externo de la economía mexicana. Sin embargo, con una clara tendencia a su desplazamiento por China y no obstante el conocido discurso sobre la dependencia de México de las compras norteamericanas, lo cierto es que se ha venido acumulando un importante superávit (para México) en el comercio de bienes con los EUA. Y esto no es nuevo. En el año 2000, según la mencionada fuente de información internacional, el superávit (exportaciones menos importaciones) de productos entre México y EUA fue de 18,9 miles de millones de dólares, favorable a México. En el 2014 este superávit para México del comercio de productos con los EUA había llegado a los 123.3 millones de dólares. Entonces ¿Qué ocurre en la Balanza de Pagos de México?… El comercio México-China-EUA, en la actualidad, resulta bastante asimétrico y valdría la pena estudiarlo.

Se puede justificar esta situación por la también muy conocida –y a veces criticada- realidad de las maquilas norteamericanas instaladas en territorio mexicano, y que su producción cuenta como exportaciones de México. Pero lo cierto es que China, a diferencia de Japón, prácticamente no tiene inversiones en México, y no hay que olvidar que esas inversiones generan empleos, tecnologías e ingresos para la nación en que están instaladas. Es decir, que con China, hasta el momento, la relación con México es puramente comercial, con un déficit creciente para México, sin dejar nada más. ¿Es esto lo que le conviene a México?

Es cierto que la competitividad asiática, y su capacidad de vender productos (buenos y malos) a precios difíciles de igualar, es un hecho. Pero, a la larga, la respuesta a la pregunta debe ser: ¿Qué es eso lo más conveniente para el desarrollo a largo plazo de un país: Comprar fácilmente “comodities” (productos reemplazables) a precios muy bajos o desarrollar capacidades para producir esos productos y, sin renunciar al comercio con todos, establecer relaciones más equilibradas en su comercio exterior? La vía fácil, quizás como en otros ámbitos de la vida, no lleva a la mejor contestación. Esa es la que, en mi opinión, está por encontrar México y su gobierno, actual y futuro.

Ante esas evidencias, será verdad acaso ese dicho, tan repetido, de que si los Estados Unidos estornuda, México agarra gripa o que, en lo adelante, será sustituido porque tendremos que preocuparnos que los chinos no tosan, para mantener el equilibrio de México …..

Y el final de este cuento es que, contrario a la percepción generalizada, México no dependerá económica y financieramente, cada vez más, de los norteamericanos, sino de los chinos. Y esto es algo que pasa inadvertido.Si la nación azteca no se propone revertir esta situación, y lo logra, los resultados a largo plazo no serán nada satisfactorios.

Como es bien sabido, es bueno cooperar con todos más, sin embargo, no es conveniente depender de nadie.

* Ver http://comtrade.un.org/data/

Una visión sobre los Estados Unidos ante las elecciones de finales del 2016

Gane o no, lo ocurrido es una señal hacia el futuro. Y el problema no es que sea republicano, y muy conservador, sino lo que significa su personalidad y posible proyección en la política de EUA, tanto hacia adentro como hacia el resto del mundo, en el contexto de una situación económica y política muy especial y compleja por la que atraviesan los Estados Unidos en estos momentos, y que será peor en el transcurso de los próximos años.

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Ha habido dieciocho presidentes republicanos en la historia de los Estados Unidos, desde Lincoln hasta George W. Bush. Posiblemente ninguno se haya aventurado en atacar al resto del mundo desde posiciones tan extremas como lo ha hecho Donald J. Trump en su campaña. Y eso que aún es un candidato -cierto que el único- pero en fin, un candidato por el Partido Republicano a presidente, a falta de otro mejor. Es también sabido que, para bien o para mal, una cosa es lo que se dice en las contiendas y otra lo que se hace en el poder; pero así y todo siempre hay un nexo entre una y otra etapa. Y, en este caso, la relación es preocupante.

La pregunta aquí podría ser: ¿Cómo es posible que un individuo, con estas posiciones, no ya extremas, sino irreflexivas e injustificadas, con tal imagen –dejando a un lado preferencias concretas de puntos de vista políticos – haya podido llegar hasta donde éste ha llegado?

En mi opinión, esto es un reflejo claro de la situación en que se encuentran los Estados Unidos, como economía, y como sociedad, en la actualidad. Lo primero es que, se diga lo que se quiera y se mire con el cristal que se desee, las cosas no marchan nada bien en los Estados Unidos en estos momentos.

Jim Rogers, un muy conocido –y original- inversor, profesor, multimillonario y analista financiero norteamericano, ex–socio de George Soros, y gran ganador en la operación de los mercados en los pasados años setenta, quien anticipó las crisis de las llamadas empresas punto com, a finales de los noventa, y de la inmobiliaria, hace ocho años, afirmó recientemente en el portal del Wall Street Daily que: Los Estados Unidos es la nación más endeudada en la historia mundial” y que, junto con el resto de países occidentales desarrollados, pagará un alto precio por ello. En marzo del 2016, en una entrevista a Bloomberg TV, añadió que: “Existe una probabilidad del 100% de que los EUA entre en recesión en el plazo de un año”. Y esta persona sabe lo que habla.

En efecto, todo parece indicar que hechos reales presentes en la economía norteamericana en estos momentos, no obstante los débiles signos de recuperación que muestran las estadísticas y la prensa, inducen a una gran desorientación, más o menos generalizada, y a la percepción de un cercano nuevo estallido financiero, en gran escala. Esa sensación de crisis a las puertas, obviamente, constituye terreno fértil para la aparición de cualquier manifestación que prometa: “Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo…. Tristemente, el sueño americano está muerto. Pero si fuera elegido presidente, lo traería de regreso, más grande, mejor y más fuerte que nunca y haríamos a Estados Unidos grandioso de nuevo». Y, mucho más, en un año electoral, y más aún si hay, detrás de esa promesa, muchos billones de dólares para afianzarla.

Como se sabe, uno de los recursos universalmente utilizados para explicar problemas que no se comprenden es echar a otros la culpa de esos problemas. Así, en el discurso del mencionado candidato dice que el calentamiento global no existe. Que es un concepto «creado por y para los chinos para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad». Que los inmigrantes mexicanos que cruzan la frontera, no legalmente, son «corruptos, delincuentes y violadores» y que hay que construir un muro en esa frontera, a ser pagado por México. Que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en Inglés) en el que participan EUA, México y Canadá hay que eliminarlo porque roba los empleos a los trabajadores norteamericanos. Sus arremetidas indiscriminadas contra la población musulmana y sus amenazas, entre otros muchos desatinos, también contra las mujeres o contra personas con capacidades diferentes.

En una palabra, esa retórica recuerda el estilo de los discursos de Adolfo Hitler durante las décadas de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, cuando echaba la culpa a los judíos por los problemas y males que sufría Alemania en aquel momento. Lo terrible en aquella ocasión fue que millones de alemanes le creyeron ciegamente, y ya se sabe las consecuencias.

¿Es culpa de chinos, mexicanos, árabes, y hasta de los africanos, los descomunales desbalances financieros (interno y externo) acumulados por años en los Estados Unidos? ¿Son responsabilidad del resto del mundo los enormes errores y descontroles en la política monetaria y financiera de la Reserva Federal, de Wall Street y de la Banca Norteamericana durante ésta, y en anteriores administraciones, incluyendo las republicanas? ¿Ha sido un fallo no atribuible a los Estados Unidos que se hayan desindustrializado considerablemente, cediendo a los asiáticos su tradicional posición como productores y exportadores de muchos bienes y servicios, para dedicarse, primordialmente, a imprimir dólares y a mover millones de millones de ellos en los mercados especulativos?…..

Es posible que “El sueño americano esté muerto” ¿Pero de qué “sueño” se habla? Ese sueño puede ser diferente, en dependencia de quién lo “sueñe”. ¿Qué hay detrás de este personaje y por qué el apoyo recibido de un segmento nada pequeño de la sociedad norteamericana? Lo primero a entender es que ya los EUA no son el país que era hace sólo cincuenta o sesenta años. De una población determinantemente W.A.S.P (Blanca, Anglo-Sajona y Protestante), descendiente de europeos, la nación se ha ido convirtiendo en un enorme espacio cosmopolita; donde conviven personas de origen asiático, latino (de procedencia tanto americana como europea), africano, árabe…y también los W.A.S.P. que siguen teniendo un gran papel en el tejido demográfico, económico y político norteamericano, pero que no son ya los únicos ni los determinantes. Muchos norteamericanos se enorgullecen, y con razón, de que los Estados Unidos son un gran melting pot (crisol de razas) y esta es una de sus mayores fortalezas. Esa tendencia a la diversificación de la sociedad norteamericana continuará y se acelerará.

A todas luces, la aparición en escena de este personaje es, posiblemente, el último reducto de ese grupo que él representa, de una porción poblacional que, a pesar de su poderío económico, va perdiendo participación en el cambiante tejido de la sociedad norteamericana, y ellos lo saben. Las elecciones de noviembre en los Estados Unidos pueden ser vistas, más que el enfrentamiento entre dos partidos, entre dos posiciones o dos contrincantes presidenciales, como la confrontación de un grupo social determinado frente al resto de la heterogénea población estadounidense. Esperemos que triunfe la razón y la mayoría, y esto será que gané el Mundo, y también los Estados Unidos de América.

¿Qué está sucediendo actualmente en algunos países de América Latina?

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La entrega anterior se dedicó al tema del “Lideralismo”, y cómo ese estilo de dirección ha venido siendo sustituido en las últimas décadas, tanto en Europa como en parte de Asia, por otras modalidades de conducción política, mucho más democráticas e inclusivas, y cuáles fueron las bases para estos cambios. Ahora toca analizar esta cuestión en América Latina.

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En relación con Latinoamérica lo primero a señalar es que, al igual que en otros aspectos, la región parece estar también rezagada en la superación del Lideralismo; lo cual puede que obedezca, en cierta medida, a la herencia cultural ibérica recibida desde su nacimiento.

En efecto, dentro de Europa Occidental es la Península Ibérica, en comparación con otros territorios europeos, uno de los más tardíos en el inicio del fin de las formas específicas del Lideralismo. Esto sólo culminó allí con la muerte del Caudillo Francisco Franco, de España, en 1975, quien gobernó esa nación desde 1939 hasta su desaparición física. Y un poco antes, en el caso del dictador Antonio Oliveira Salazar, quien rigió en Portugal de 1932 a 1968, también casi hasta su fallecimiento. Ambos regímenes fascistas fueron los últimos reductos del Lideralismo (y del fascismo) en Europa Occidental.

Por su parte, en casi toda la Iberoamérica de este lado del Atlántico durante siglos ha prevalecido el Lideralismo, por encima de cualquier otra forma de dirección social. Comenzó con la conquista y la colonización española y portuguesa; con la instauración de virreinatos, encomiendas y realengos; instituciones que descansaban todas en una autoridad central totalitaria; porque el totalitarismo no es una “exclusividad” de un sistema político concreto.

Esa práctica, de manera más sutil, se mantuvo en el largo y lento proceso de crear las estructuras políticas nacionales, bajo la nueva condición de la Independencia, durante los siglos XIX y XX. Y aunque todos los procesos independentistas tuvieron visos republicanos y democráticos –quizás ya en parte por la influencia norteamericana en la región- en realidad nunca abandonarían sus raíces lideralistas. En realidad: “No se sabía hacer de otra manera”.

Por supuesto que los patrones republicanos y democráticos no se corresponden, para nada, con las bases y formas de operar del Lideralismo, pero pueden coexistir. Se produjo en Latinoamérica una suerte de simbiosis política entre Democratismo y Lideralismo, aún con diversos tintes en los muchos grupos, partidos y territorios en que se iba fragmentando las sociedades: Liberales y conservadores, izquierdistas y derechistas, nacionalistas y demócratas, social-demócratas y demo-cristianos, sindicalistas y capitalistas, militares y civiles, etc. En todos ellos un mismo deseo: Superar absolutamente a los contrarios.

Existen dos rasgos esenciales del Lideralismo. El primero: La intolerancia, la incapacidad de tender puentes colaborativos entre personas que piensan diferente. El segundo: Una vez alcanzado el poder, conservarlo indefinidamente, a cualquier costo. Estos dos rasgos, presentes durante siglos en territorios de Europa y de Asia en que primó el Lideralismo, se han hecho también palpables en muchos países de América Latina en los últimos doscientos años. También aquí hay tantos ejemplos, que no vale la pena mencionarlos por su nombre.

En Latinoamérica se alternaron durante todo este período, y por distintas razones históricas, etapas de predominio del Nacionalismo, del Liberalismo, del Sindicalismo, del Industrialismo, del Militarismo…Cada una de ellas con sus líderes nacionales; algunos llegaron a convertirse en figuras internacionales, y dentro de estos, unos pocos, hasta en mitos.

No obstante, toda esa larga historia del Lideralismo en América Latina se produce en circunstancias en que aún no se ha completado las tres condiciones mencionadas en el trabajo anterior, como bases esenciales en que se apoya la superación del Lideralismo. Pero, puede decirse que en la región se ha avanzado en los últimos años, quizás como nunca antes:

  1. En Latinoamérica no se han producido grandes guerras entre pueblos de la región, desde la terrible “Guerra de la Triple Alianza” – entre Brasil, Argentina y Paraguay- entre 1864 y 1870; es decir, hace casi siglo y medio. No existe aún una conciencia de la necesidad de la cooperación, como se desprende de las experiencias bélicas, pero esto ha ido cambiando, a partir de experiencias internacionales, en especial de Asia.
  2. La Revolución de las Telecomunicaciones en América Latina está aún retrasada respecto a Europa y América del Norte, pero ha avanzado muy rápidamente. A finales del 2015, el 55,9% de la población latinoamericana tenía acceso a internet. Esa proporción era del 73,5% en Europa y del 87,9% en América del Norte. *
  3. “El recurso a la sociedad civil en América Latina se asocia con la disolución de la  matriz estadocéntrica que ha caracterizado las sociedades en las décadas anteriores” ** El Tercer Sector se ha ido estructurando en casi todos los países.

En este contexto, que podría ser una transición hacia una nueva etapa de la Globalización en América Latina, grupos y personalidades de la Izquierda llegaron al poder en algunas naciones; en particular durante fines del siglo XX y principios del XXI. Esto ocurrió en momentos en que la situación ya había empezado a cambiar en la región. El Lideralismo, luego de siglos, había comenzado a perder terreno, y a los ciudadanos latinoamericanos, en especial en las ciudades, ya no les importaba tanto el color con que éste se vistiera.

En Latinoamérica, cada vez más, los pueblos saben más y confían menos en instituciones, partidos y gobiernos tradicionales, independiente de matices políticos. La corrupción, los privilegios, la impunidad, las promesas incumplidas y las incapacidades acumuladas y compartidas por décadas, erosionaron las viejas estructuras y el tejido político de la región. Se abren paso así nuevas formas de organización social y de proyecciones políticas independientes, que tratan de apartarse lo más posible del pasado.

Por ello, el actual retroceso que sufren determinados líderes y partidos de la izquierda latinoamericana pudiera interpretarse entonces no sólo como resultado de una “ofensiva de los contrarios y del enemigo”, sino por el cambio de los tiempos. Aunque muchos no se han dado cuenta –o no hayan querido darse cuenta- de esto. El viejo Lideralismo, que funcionó durante un largo periodo, bajo cualquier signo, puede que ya no sea para nadie la forma de acceder al poder…..y menos aún de tratar de conservarlo indefinidamente….