A 30 años de la desaparición de la Unión Soviética (Segunda Parte)

Marzo 2, 1953.- Iósef Dzhughashvili, más conocido en todo el mundo bajo el seudónimo de Stalin (hecho de acero, en ruso) es encontrado por sus ayudantes sobre la alfombra de su apartamento en Moscú. Ese suceso, inicialmente no se divulga, y se convierte en noticia mundial sólo tres días después, cuando se confirma e informa oficialmente de su muerte; al parecer provocada por un derrame cerebral, que puso fin a una vida de 75 años y de los cuales unos 30 desde una posición de poder absoluto, al frente de los destinos de la Unión Soviética.

Culminaba una etapa de construcción de un modelo particular de sociedad en esa gigantesca nación euro-asiática que, sin dudas, alcanzaría durante el siglo XX la condición de segunda potencia militar mundial, ganaría una gran guerra, y tendría enorme influencia política en todo el planeta. Pero que, con el paso del tiempo, también dejaría grandes insatisfacciones y críticas, en particular en lo relativo a su tratamiento de lo que en Occidente se consideran los derechos humanos fundamentales. Fue un paradigma de Socialismo que durante más de medio siglo inspiraría a muchos grupos políticos y gobiernos de algunas naciones en varios continentes, aunque en la práctica no alcanzaría muchos éxitos socio-económicos con un carácter suficientemente permanente. Al final, el “modelo” dejaría de ser un “ejemplo” y sería abandonado, tanto por sus creadores como por la casi totalidad de los que fueron sus seguidores. La China posterior a Mao Tse-Tung es ejemplo de los principales y primeros países que renunciaron el Modelo Stalinista de Socialismo.

Khrushchev y el inicio de la Desestanilización de la Sociedad Soviética

Una vez muerto Stalin, la “nomenklatura “soviética, representada por el Comité Central del Partido Comunista de esa nación, debía designar un sustituto. Y esa tarea, no sin la habitual y casi normal lucha interna recayó en la figura de Nikita S. Khrushchev

Khrushchev, ruso nacido en una humilde familia en un pequeño pueblo en la frontera ruso-ucraniana, había llegado a ser destacado colaborador de Stalin desde los años 30 del pasado siglo XX y durante toda la Segunda Guerra Mundial, habiendo alcanzado el rango militar de general. Aún en tiempos de la Guerra fue nombrado por Stalin como gobernador y jefe del Partido en la República Socialista Soviética de Ucrania, y estos cargos los ejerció entre 1938 y 1949. Pero Khrushchev, una vez designado sucesor, se convirtió en el principal líder del movimiento de denuncia y crítica al desempeño y ejecutoria de Stalin, su difunto jefe.  

Así, el inicio “oficial” de la Desestalinización, como se le designó a ese proceso, arrancó casi tres años después de muerto Stalin, con un discurso pronunciado por Khrushchev en una noche de febrero de 1956 ante el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) y que fue clasificado (y conocido como el discurso secreto) 1 y titulado “Acerca del culto a la Personalidad y sus consecuencias”. Ese alto encuentro del Partido, a diferencia de los anteriores, fue totalmente cerrado y sin invitados extranjeros. El informe, no obstante su carácter altamente secreto, se vendió y filtró, y fue dado a conocer en Occidente casi inmediatamente. No obstante esto, tendrían que pasar más de treinta años del fallecimiento de Stalin para que en la Unión Soviética se publicara íntegramente su contenido, lo cual se realizó sólo en 1988; al final de la época de Gorbachev, es decir, poco tiempo antes de la desaparición de esa nación.

El documento se centraba en una crítica al culto a la personalidad y a los rasgos dictatoriales de Stalin, que le llevó a realizar deportaciones masivas, represiones políticas contra “camaradas” e inclusive al asesinato de muchos de ellos. Y se señalaban también las insuficiencias y defectos de orden militar atribuidos al fallecido dictador en sus años como comandante en jefe de la Unión Soviética, durante la guerra, así como su suspicacia y desconfianza extrema y enfermiza, que pusieron en peligro la estabilidad del Estado en más de una ocasión.

El discurso constituía un ataque directo al desempeño personal del viejo tirano, pero no cuestionaba, en su esencia, el sistema que Stalin había creado en la URSS. No mencionaba su centralizada política económica, ni la rigidez de la planificación central de corte militar en la vida civil, o los excesos de la colectivización, ni la inflexibilidad de los medios culturales, las restricciones a la libertades individuales, la inexistencia de una prensa independiente, las limitadas reglas de movilidad, etc. Es decir, el informe era un ataque a Stalin, pero no al Sistema Stalinista. Éste siguió imperando en la URSS, y en otras naciones, si bien con modificaciones y ajustes, en cuanto a holgura y tolerancia.

Así, durante la época de Khrushchev, a finales de los años 50 y en los 60, se hicieron algunos cambios de corte político al modelo anterior, que condujeron a una sociedad menos represiva; comenzando con el cierre gradual de los campos de concentración soviéticos – conocidos como “gulags”- ; y se abrieron espacios a las artes y la literatura, al turismo internacional y  se reemplazó el viejo concepto marxista de la URSS como “dictadura del proletariado” por el de “Estado de todo el pueblo”.  Pero todo esto no llegó a alcanzar una verdadera renovación de lo que era el esquema del viejo Sistema Socialista impulsado hasta ese momento. Resulta obvio que, bajo tales circunstancias, no se produjeran cambios significativos en las estructuras y formas de funcionamiento de la sociedad soviética; las cuales siguieron siendo bastante rígidas y poco dinámicas. El “fantasma” del Stalinismo, y el viejo estilo imperial, seguían rondando en la mayoría de los rincones de la nación soviética y tenían gran influencia en otras, que continuaban con ese particular modelo de Socialismo.

Khrushchev -a diferencia de Stalin que abogaba por un proceso de industrialización acelerado y en particular de la industria pesada – trató de orientar al país hacia el rescate y desarrollo de la agricultura; la cual había quedado seriamente afectada por el colectivismo obligado y brutal de Stalin durante décadas. Pero esa transformación no se logró. La pasión de Nikita por el maíz lo llevó a impartir orientaciones erróneas de siembra de ese cereal, en lugares y extensiones que no se justificaban.  En general, su política agraria fue fatal.

A inicios de los años 60, la combinación de errores de política y una fuerte sequía produjo una escasez de alimentos en la Unión Soviética, y  Khrushchev se resistía a importar cereales de Occidente. Esto creó un gran descontento y rebeliones en algunas regiones, las cuales fueron brutalmente reprimidas, una vez más, por las fuerzas armadas soviéticas.

Los levantamientos conllevaron algunas decenas de muertos y heridos, y varios ejecutados. Esa situación afectó aun más el prestigio de Khrushchev. Pero tales sucesos, que fueron silenciados por la prensa soviética de aquellos momentos, se vieron contradictoriamente opacados por el gran éxito internacional de la Unión Soviética en el año 1961, al colocar al primer ser humano en el espacio exterior. Es decir, los soviéticos volaban al cosmos, mientras que en las calles de Moscú se mantenían largas filas en los establecimientos, para comprar alimentos y bienes de primera necesidad.

Entre los éxitos del gobierno de Khrushchev, ciertamente, estuvo la reorientación del potencial militar soviético convencional hacia la esfera espacial, lo cual colocó al país en una posición estratégicamente ventajosa frente a su principal rival de la “Guerra Fría”: los EUA, así como también logró un acercamiento político con la nación norteamericana, que se concretaría en visitas entre los líderes de ambos países.

No obstante esos aciertos, y el aparente clima de distención, el panorama político mundial de inicios de los años 60 era lo suficientemente complejo como para que, en octubre de 1962, el mundo se viera abocado a un serio peligro de conflagración y de destrucción nuclear.  En ese momento, y por circunstancias históricas, se enfrentó el poderío militar norteamericano al soviético en un punto situado en un archipiélago del Caribe: Cuba, a miles de kilómetros de la Unión Soviética, pero demasiado cerca de los EUA.

En esencia, la cuestión radicaba en el riesgo consumado de más de 40 cohetes soviéticos de alcance medio, equipados con ojivas nucleares, y apuntando desde 24 plataformas de lanzamiento hacia territorio de EUA, estaban colocados en el suelo de una pequeña nación, en plena efervescencia revolucionaria en ese momento, y que se había declarado Socialista hacía algo más de un año. Y todo esto a sólo 120 km. de las costas norteamericanas.

Nunca la Humanidad estuvo tan cerca de una catástrofe nuclear como en aquellos días de finales de octubre de 1962 cuando las fuerzas armadas norteamericanas estaban en alerta máxima, esperando la orden de bombardear e invadir Cuba. Ante la inminencia de un ataque, que sin dudas hubiera desencadenado un conflicto nuclear, Khrushchev reconsideró la situación, envió un mensaje secreto al Presidente Kennedy y, a espaldas de la dirigencia cubana, logró el compromiso de EUA de no invadir Cuba y también de retirar los cohetes norteamericanos instalados en bases norteamericanas en Turquía, apuntando hacia objetivos en la Unión Soviética, a cambio de la retirada inmediata de los cohetes soviéticos en Cuba.

Esa situación fue un gran alivio para el mundo, pero se interpretó posteriormente por algunas fuerzas poderosas dentro de la Unión Soviética como una debilidad de Khruschev y, al parecer, contribuyó a sacarlo del poder. Dos años más tarde, el Presidente del Soviet Supremo (Congreso de la URSS) Leonid Brézhnev, quien había sido colocado allí por Khruschev, ya habría maniobrado lo suficiente dentro el Partido y el Gobierno como para separar a Nikita de sus cargos, lo cual se ejecutó en octubre de 1964, dos años después de la Crisis de los Misiles. Por su parte, el protagonista norteamericano de esta crisis, el Presidente John F. Kennedy, había sido asesinado, en 1963, un año y un mes después de la llamada Crisis de Octubre o Crisis de los Cohetes. ¿Existiría alguna relación entre estos hechos? Nadie lo sabe aún.

La Larga Noche de Brézhnev

Leonid Brézhnev sustituyó a  Khrushchev al frente de la Unión Soviética  y se mantuvo en el poder desde 1964 a 1982. Había nacido en una pequeña aldea de Ucrania, en 1906. Se incorporó al Partido y participó en la Gran Guerra, como comisario político, terminando igualmente con el rango de mayor general. Y se repetiría la historia. Khrushchev había promovido a Brézhnev en el año 1960 al tercer puesto de mayor jerarquía política del país: Presidente del Presídium del Soviet Supremo de la URSS; el parlamento soviético. Pero ya desde los inicios mismos de su posición, y junto a otros integrantes de la alta jefatura, conspiró para sacar a  Khrushchev del poder. Claro está, en este caso no podían hacer lo mismo que hizo Nikita, en relación con Stalin; esperar a su muerte. Era sólo “pasarlo a retiro”.

La etapa de Brézhnev fue menos interesante que la de su antecesor. No dio ningún paso en el proceso de “desestalinización” y el tema Stalin quedó prácticamente sepultado durante su largo mandato. Pero, sin llegar a los extremos de Stalin, también practicó el “culto a la personalidad”, en particular al final de su vida. Se llenó de medallas y logró en su cumpleaños 70 ser ascendido al rango de mariscal de la Unión Soviética, el mayor nivel militar del país. Ya, 10 años antes, al cumplir los 60 había sido declarado “Héroe de la Unión Soviética”. Una demostración más de la vieja imbricación entre poder imperial, ego y militarismo, rasgos característicos de la historia de los dirigentes rusos, hasta el día de hoy.

Es necesario señalar que buena parte de los años de Brézhnev como máximo líder se caracterizaron por el estancamiento económico de la Unión Soviética, en particular durante los setenta. En aquella época circulaba en las calles de Moscú un chiste que decía que la Unión Soviética “Era como un gran tren que se movía sólo hacia los lados, es decir, que se movía, pero que no avanzaba hacia adelante”. Los enormes gastos militares y los compromisos políticos internacionales de la Unión Soviética, en condiciones de no crecimiento de su eficiencia al parecer, desde aquella época, impedían un mayor progreso. Esta situación interna condicionó un acercamiento soviético hacia Occidente y desembocó, en 1975, en lo que constituyó el gran acuerdo de Helsinki, firmado por 35 países, y que mantuvo la paz en medio de la Guerra Fría.

Así, Brézhnev dio continuidad y profundizó la política de distensión iniciada por Khrushchev, y su mayor logro fue la firma del tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares con EUA, así como el aumento del comercio con ese país. Pero, como contraparte a esos avances en política exterior, desarrolló la Doctrina Brézhnev, que afirmaba “el derecho de la Unión Soviética a intervenir militarmente en otros países socialistas, si hubiera una amenaza de desestabilización en uno de ellos”.

Esa fue la doctrina que justificó la intervención militar soviética en Checoslovaquia en 1968, conocida mundialmente como la Primavera de Praga. Así, duranteuna noche de ese año unos 200 mil militares y 2000 tanques de guerra de cuatro naciones miembros del Pacto de Varsovia (equivalente soviético de la OTAN en aquel tiempo); Bulgaria, Polonia, Hungría y la URSS, atravesaron las fronteras de Checoslovaquia y ocuparon esa nación, en verdad sin gran resistencia, aunque con varias decenas de muertos y cientos de heridos por la parte checoslovaca. La “culpa” del nuevo gobierno checoslovaco, que había ascendido al poder hacía poco, fue que iniciaba reformas consideradas demasiado liberales y pro capitalistas, para el gusto del Kremlin de esa época. 

Un segundo gran desacierto de la política exterior de la Unión Soviética en la etapa Brézhnev fue la participación de tropas soviéticas en el conflicto de Afganistán, que tuvo lugar de 1978 a 1992. La intervención de los soviéticos se prolongó durante 10 años; específicamente entre 1979 y 1989 y, finalmente, tuvieron que retirarse con una gran y costosa derrota. Los norteamericanos, al parecer, no aprenderían la lección y posteriormente repetirían el fracaso soviético. De esa lucha contra los ocupantes soviéticos saldría Osama Bin Laden; líder antisoviético, de origen saudí y, en un principio, entrenado y apoyado financieramente por los EUA. A futuro, ese terrorista representaría un costo muchísimo mayor para Norteamérica.

A finales de 1982 la salud de Brézhnev se deterioró rápidamente y murió de un ataque al corazón en noviembre de ese año. Fue sustituido, muy rápidamente, por Yuri Andropov; jefe máximo del muy poderoso Comité Estatal para la Seguridad del Estado, o KGB, como era conocido mundialmente el principal órgano de la inteligencia y la contrainteligencia de la Unión Soviética. Al parecer, en ese momento, esta era la forma más segura que tenía la “Nomenklatura” de mantener el control sobre la gigantesca sociedad soviética. Así, rápidamente muchos de los agentes de la KGB ocuparon puestos claves de la maquinaria gubernamental y partidista soviética del nuevo gobierno.  

La Corta etapa de temor inspirada por Andrópov

Yuri V. Andrópov ocupó los mayores cargos administrativos y políticos al frente del país tras la muerte de Brézhnev, pero tuvo un corto desempeño – de sólo 15 meses- debido a que también falleció en funciones, a los 69 años, por una vieja enfermedad renal.

Andrópov, como sus antecesores, inició su carrera política en las filas del Partido Comunista de la etapa de Stalin. En 1954, ya en época de Khrushchev, forma parte del Servicio Exterior y es nombrado embajador de la URSS en Hungría. Según algunos historiadores, desde ese puesto de embajador, tuvo un papel destacado en la labor de aplastar el levantamiento popular que contra el gobierno pro-soviético de Hungría se produjo en 1956. También se dice que, posteriormente, durante los sucesos de la Primavera de Praga, en Checoslovaquia,  tomó parte en la promoción de la invasión soviética de ese país. Más tarde, en 1979, sería uno de los artífices de la invasión de Afganistán. Igualmente, se le vincula al cuestionamiento de la elección de un Papa polaco; Juan Pablo II, en 1978,  porque podría ser utilizado como ”elemento contra los intereses de la URSS”. Por tanto, no fue pobre su “historial internacional» anterior a su designación al frente del país.

En cuanto a su ejecutoria, en particular, en los asuntos internos de la economía soviética, trató de elevar la estancada eficiencia del país, tanto en el sector industrial como agrícola; lo cual consiguió en determinada medida, a pesar del muy corto tiempo en que estuvo al frente de la nación. Se considera que, aún sin pretender cambiar las bases del funcionamiento de la economía socialista, trató de introducir reformas, lo cual no logró por su breve estancia en el poder y también, posiblemente, debido a un ambiente de temor.

Algunas fuentes atribuyen a Andrópov haber sido el verdadero inspirador de los cambios que más tarde serían conocidos como la perestroika. Dada su enfermedad, sus últimos meses como presidente, los llevó a cabo desde un hospital dentro del Kremlin, no sin antes haber impulsado la promoción de figuras jóvenes dentro de las filas del Partido, entre ellas de Mijaíl S. Gorbachov. Andropov moriría en febrero de 1984.

Chernenko. Un mandato aún más corto

Andropov había recomendado a Mijaíl S. Gorbachov, para sustituirlo. Este último había llegado a ser el segundo hombre en la jerarquía política del país. Pero, al parecer, la “Nomenklatura” soviética, y especialmente los militares, no estaban convencidos de la propuesta de Andropov y, para ir ganando tiempo en lo que se lograba una sustitución más definitiva, a los cuatro días de la muerte de éste último, designó como su sustituto a Konstantin U. Chernenko, de 72 años, y de quien también se sabía que padecía una enfermedad cardio-pulmonar, en fase terminal. Los resultados de Chernenko en el poder, que sólo estuvo un año – de febrero de 1984 a marzo de 1985- como era de esperarse resultaron prácticamente nulos, dada su enfermedad.

El 10 de marzo de 1985 Chernenko falleció, a los 73 años. Al día siguiente de su muerte el Comité Central designó al joven Mijaíl S. Gorbachov, de 54 años, como su sucesor. Como dato curioso se tiene que Chernenko y Gorbachov fueron los únicos líderes soviéticos, después de Lenin, que accedieron al poder sin un rango militar anterior.

Gorbachov. Glasnost, Perestroika y Desaparición

Mijaíl S. Gorbachov, nacido en 1931, acaba de cumplir los 91 años de edad y vive actualmente solitario en una casa en las afueras de Moscú.  Es el último presidente de la desaparecida Unión Soviética. Y esto fue durante el periodo de 1985 a 1991.

Este hombre, procedente de una familia campesina rusa en el norte del Cáucaso, estudió Derecho en la Universidad de Moscú, y terminaba su carrera cuando Khruschev iniciaba el proceso de Desestalinización en la Unión Soviética. Gorbachov, en un principio, siguió un camino político similar al de sus antecesores e hizo una rápida carrera en las filas del Partido. Pero, una vez que alcanzó la más alta posición de la nación, se separó notablemente de todos ellos.

Las circunstancias históricas concretas en que Gorbachov ocupó la dirección de la Unión Soviética determinaba que, en la práctica, “el tren ya casi ni se movía hacia los lados”. La feroz lucha militar silenciosa de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los EUA – que había comenzado terminando la 2da. Guerra Mundial-  se acrecentó considerablemente con la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan (1981-1989), quien desplegó una ofensiva militar de muy alta tecnología, denominada Iniciativa de Defensa Estratégica, que en esencia iba a ser un enorme cordón de defensa antimisiles. Este programa sería rebautizado en todo el mundo como “La Guerra de las Galaxias”, en alusión a la famosa cinta de ese nombre.

En verdad, tal proyecto norteamericano nunca llegó a consolidarse. Pero su sola intención hizo que los soviéticos aceleraran, aún más, sus gastos militares, en condiciones de que su economía, ya a la altura de 1987, no resistiría el embate. Esta situación, independientemente de las demás circunstancias, sería un factor más para la desaparición de la Unión Soviética.  Situación interesante en este contexto fue que, en lo personal, Reagan y Gorbachov parece ser que llegaron a tener una relación bastante cercana. ¿Hasta que punto? La historia lo dirá.

No obstante esto último, Gorbachov se apartó de muchas de las características comunes de casi todos los “líderes” que le precedieron. Entre ellas:  Las aspiraciones al “zarismo”; la vocación por la dictadura militar; el ego y las ambiciones personales; etc. Aun hoy, el actual presidente de la Rusia post-soviética, Vladimir Putin, padece de muchas de esas peculiaridades enunciadas.

Desde el inicio de su mandato, en 1985, Gorbachov señaló el estancamiento en que estaba sumida la Unión Soviética desde hacía mucho -cuestión ésta sobre la cual no se hablaba, pero en la que casi todos coincidían- y consideró que una uskoréniye (aceleración, en ruso) podría ser la solución. Al poco tiempo comprendió que esto era insuficiente, y demasiado indefinido, y trató de precisar cómo lograrlo; y señaló que era necesario desarrollar dos “piezas” fundamentales, estrechamente relacionadas, para un cambio profundo y las reformas que consideraba necesarias.

La primera era la glásnost (textualmente en ruso, transparencia) . Es decir, poner en el conocimiento público, y someter a una discusión amplia y abierta, toda la información clasificada, oculta, secreta; que era la casi totalidad. Dentro de esta corriente se insertaba la continuidad, o reinicio, del proceso de desestalinización, que nunca había concluido. Era abrir una puerta a la libertad y a la eliminación del miedo a la persecución por expresar criterios diferentes a la política oficial, como había sido siempre, hasta ese momento.   

La segunda pieza era proceder a una perestroika (en ruso, reconstrucción). Esto era, llevar a cabo una recomposición de las estructuras económicas de la sociedad soviética, se decía que sin abandonar el propósito de mantener una sociedad socialista. Esto suponía el paso a un modelo económico que se apartaba de la tradicional concepción de la planificación y distribución centralizada de los recursos y que se movía hacia una economía de mercado y con mayor participación del sector privado; así como todos los cambios jurídicos, organizativos y funcionales necesarios para su implementación. Era, como propósito, lograr otra forma de Socialismo diferente a la soviética. Y la vida demostró que esto ya no era posible.

Epílogo: El Gran Final

Ambos procesos de reformas se iniciaron en un medio que resultaba muy complejo y hostil a los propósitos de Gorbachov, entre otras, por varias razones principales y directas:

1) La oposición de muy poderosas fuerzas políticas tradicionales, muchas de ellas pro-stalinistas.

2) La falta de apoyo y, más aún, la hostilidad del fuerte sector militar de la “nomenklatura”, al cual no pertenecía Gorbachov.

3) La crisis económica que había conducido a todo el país a una gran escasez de productos básicos de consumo y a largas filas en los establecimientos comerciales.

4) Las grandes debilidades estructurales y funcionales del gigantesco aparato administrativo del estado soviético.

Pero existían, a mi juicio, otros dos gigantescos obstáculos, consolidados como resultado de toda la historia soviética anterior, y ellos por si solos eran suficientes como para echar por tierra cualquier proyecto de verdadera reforma de esa sociedad. El primero, el viejo gran problema no resuelto y llamado en toda la literatura soviética anterior como “El problema de las Nacionalidades”. El segundo, la gigantesca maquinaria de corrupción instalada a todos los niveles del centralizado aparato de dirección soviético y que alcanzó, y sigue alcanzando, todas las formas del crimen organizado y de la “mafia”.

El “Problema de las Nacionalidades” continua siendo un tema muy complejo del panorama etnográfico y socio-político de toda la historia del Imperio Ruso, y sobre el cual hay mucha literatura. Baste señalarse que, para el año 1970, existía en la URSS una población de aproximadamente 260 millones de personas, agrupada en 104 etnias diferentes; 2) algunas con territorios administrativos propios y otras no; organizadas en 15 repúblicas federadas y en otras autónomas, y donde convivían eslavos, turcos, y otros muchos pueblos. Es de suponerse los conflictos, de todo tipo, que se generarían al “removerse” las estructuras administrativas y políticas en que descansaba esa grande y muy diversa sociedad.

El problema de la Corrupción es también cuestión de gran envergadura. Especialistas 3) consideran que los orígenes del crimen organizado en el Imperio ruso se remontan a la época zarista, en el siglo XIX, como parte de las insuficiencias del modelo centralizado del Imperio en esa época. La corrupción en tiempos anteriores a la Revolución de 1917, con todas sus escaseces, exacerbó la delincuencia, pero se diferencia de la Corrupción estatal soviética que se constituyó más a partir de las élites en el poder. Hubo un “gran pacto” entre el Crimen Organizado y el Estado. La “bratvá” (Mafia rusa) en los años 90 del pasado siglo ya estaba totalmente estructurada. Con la desaparición de la URSS se consolidó, extendió y globalizó, convertida ya ahora en una gran fuerza incontrolable del Capitalismo Mundial.

En resumen, es difícil pensar que la desaparición de la Unión Soviética se pueda explicar sólo a partir de la ejecutoría de un hombre, por muy inteligente o perverso que fuera. Es posible que sin la presencia de Gorbachov se hubiera extendido un poco más la existencia de la URSS; pero, aunque esto no se hiciera evidente, las condiciones internas para una gran implosión estaban dadas. Y esta ocurrió a partir de un golpe de Estado, encabezado por militares y militantes soviéticos. Sin descartar la acción de los enemigos externos en naciones occidentales, lo cierto es que buena parte de las bases de la destrucción de ese estado federado se habían ido “construyendo” desde adentro, durante décadas, principalmente por las propias fuerzas que dirigían el país. Pero han pasado 30 años y la historia siguió su curso, hasta hoy.

 El lobo puede mudar de piel, pero no de naturaleza
Proverbio ruso

(CONTINUARÁ)

1)  Se puede leer el Informe Secreto íntegramente en:  https://www.marxists.org/espanol/khrushchev/1956/febrero25.htm

2)  Serbin, Andrés, https://www.academia.edu/69282893/Lenin Gorbachov  y la eclosión de las nacionalidades en la  URSS

3)  Galeotti, Mark,  La ley del crimen. 2019; Editorial RBA. Venta: AmazonFnac y Casa del Libro

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