A 30 años de la desaparición de la Unión Soviética (Primera Parte)

Es 8 de diciembre de 1991. Timbra el teléfono del despacho del presidente de la Unión Soviética, Mijaíl S. Gorbachov. Entra una llamada muy especial. Es Stanislav Shushkiévich, presidente en funciones de la República Socialista Soviética de Bielorusia, para comunicarle al Presidente de la URSS que él, junto con los hasta entonces camaradas Boris Yeltsin y Leonid Kravchuk, presidentes respectivamente de las repúblicas socialistas de Rusia y de Ucrania, acababan de firmar un acuerdo mediante el cual se ponía punto final a una situación que se venía anticipando desde meses antes : La disolución de la URSS y el fin del viejo Tratado de Creación de esa nación, rubricado también en diciembre, pero de 1922.

Era la culminación del proceso iniciado en 1985, y que ya entre agosto e inicios de diciembre de 1991 había provocado que una decena de repúblicas soviéticas hubiesen declarado su intención de separarse de la Unión.

Sin un disparo. Sólo con ese documento, terminaban 70 años de historia de la Unión Soviética, y con ello de la interdependencia entre sus 15 repúblicas socialistas. Se esfumaba la Guerra Fría entre EUA y la URSS y era el fin del liderazgo de la nación insignia del bloque socialista, integrado además por otras nueve repúblicas no soviéticas, pero todas declaradas socialistas, ubicadas en Europa, en Asía, y hasta una en América Latina. Se apagaba la antorcha que había guiado, durante gran parte del siglo XX, a movimientos y partidos de izquierda en todo el mundo. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov -hoy con 90 años- anunciaba la renuncia a todos sus cargos. Minutos después se arriaba en el Kremlin la bandera roja con la hoz y el martillo, que había ondeado durante siete décadas, y se izaba la enseña tricolor de la Federación Rusa. Surgía así un nuevo orden planetario.

En 1919, el gran periodista norteamericano John Reed, en un libro notable, había acuñado la frase “Diez Días que Estremecieron al Mundo”, para referirse a la Revolución Rusa, que había ocurrido en el año 1917 – esa si de manera muy sangrienta- y que había dado lugar al nacimiento del Poder Soviético. Una vez más, pero en los últimos días de 1991, se “estremecería el mundo” al ocurrir el insospechado derrumbe, esta vez pacífico, de las estructuras político-militares y económicas del Estado que, hasta ese momento, había sido la segunda potencia mundial del siglo XX, y el principal enemigo de los Estados Unidos, una vez derrotado el nazi-fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Las causas de la existencia, y también de la desaparición, del Poder Soviético han tenido múltiples y contrapuestas interpretaciones durante todo este tiempo y, en todas partes y para todas las escalas del pensamiento, y han existido infinidad de reacciones; la mayoría de ellas emocionales y subjetivas; algunas a favor, otras en contra, y relativamente pocas explicaciones suficientemente objetivas.

Han transcurrido 30 años de estos acontecimientos y puede que ya sea tiempo suficiente para procurar verlos en la distancia y tratar de realizar un breve recuento de lo que, bajo un criterio muy personal, fueron algunos de los principales factores que generaron los orígenes y el desenlace de este proceso. A fin de cuentas, este sería sólo un testimonio más, entre muchos otros, de alguien que tuvo la suerte de ser testigo de algunos de los momentos importantes que transcurrieron durante aquellos últimos 15 años de vida de la Unión Soviética. Ahí va esa visión en las siguientes notas.

Un imperio de 500 años

Sin pretender reconstruir historias acerca de orígenes y evolución de esa forma política que han sido los imperios (ni tampoco entrar a enjuiciar su existencia) baste señalar que algunos imperios, aunque ya no sean tan visibles, simplemente no han desaparecido. Sólo se han transformado, y quizás varias veces, de forma  relativamente silenciosa. En este sentido, a mi juicio, habría que partir de que la figura política y geográfica de Rusia ha sido, es, y será la de un imperio que, hasta ahora, ha durado aproximadamente cinco siglos, bajo distintos ropajes.

Esto es normal. Sólo ha sido así y no es, ni será, el único ni el más extenso imperio. Así, por ejemplo, historiadores consideran que el Chino existió durante más de dos mil años y que concluyó en 1912, con el nacimiento de la primera república china…..¿Será cierto que habrá terminado ???.  Al Romano se le atribuye un período similar al ruso y algunos expertos hasta piensan que, por muchas razones, su continuidad y transformación tomó cuerpo en lo que hoy es el Estado del Vaticano. Otros existieron y desaparecieron en sus raíces; El griego, duró unos mil años, mientras que el Napoleónico sólo quince, y el Otomano o Turco se extendió desde el 1299 hasta el 1922. Pero bueno, esas son otras historias. 

Rusia ha sido y es un importante centro etnográfico, político, cultural y económico mundial, y sus extensos dominios imperiales, que se configuraron hace siglos, se han preservado, aunque han ido cambiando. La época del llamado Zarato, que comenzó en 1547 con el primero que tomó ese título, el Zar Iván el Terrible, terminó en 1721; luego vino la Era de los Romanov, que se montó sobre la anterior, y se prolongó 300 años, desde 1613 hasta 1917; y posteriormente, durante el siglo XX, la Era Soviética, que sólo duró 70 años. Todas esas etapas se puede considerar que forman parte de la evolución histórica del Imperio Ruso. Fueron, sin dudas, momentos importantes que dejaron cada uno su marca en la sociedad rusa, y que conformaron, en su esencia, la cultura, idiosincrasia y las comprensiones sociales propias, y más profundas, de los valerosos pueblos que constituyeron el Imperio.  

Así, una vez desmontadas las estructuras propias de la sociedad socialista soviética, la actual Federación de Rusia adoptó una nueva Constitución, en diciembre de 1993, siguiendo el patrón soviético. Se reiteró la existencia de un país dominado desde un centro y con 83 estructuras federativas, que son: 21 repúblicas, 46 regiones, 9 territorios, 1 región autónoma, 4 distritos autónomos y 2 ciudades de categoría federal, que son Moscú y San Petersburgo.*  Rusia es el Estado más extenso del mundo -con la novena parte de la superficie firme del planeta- aunque sólo cuenta con 145 millones de habitantes.

La nueva Constitución declara a Rusia “como Estado Democrático, que da prioridad a los derechos humanos, a las libertades, a la separación de poderes, al pluralismo ideológico, a la economía de libre mercado, etc. ” Pero …. la actual administración del Presidente Vladimir Putin (ex coronel de la KGB, y en el poder en  Rusia desde 1999, con pretensiones hasta el 2036) acuñó el término de “democracia soberana” para definir lo que Rusia considera “democrático”. Y esto no siempre coincide con el alcance que se da en el presente a este término en otros países.  Putin podrá ocupar el cargo que desee, pero su figura y sus métodos siguen siendo cercanos a los de un Zar. Y, además, se supone que cuenta con un  muy alto apoyo, al menos dentro del actual pueblo ruso. Como  ha sido habitual con los zares, desde tiempos lejanos.

El militarismo imperial

Todos los imperios han descansado siempre en fuerzas militares considerables. No existe otro modo de existir. En el caso de Rusia esto, históricamente, se aprecia ostensiblemente. Y no es que no se justifique ampliamente esa “vocación” por las armas de esa nación; Rusia ha sido uno de los imperios más amenazados y atacados militarmente por otros grupos humanos, a lo largo de los siglos.

Las primeras agresiones a sus territorios se registraron en fechas tan remotas como 1223, cuando el imperio mongol entró y ocupó la zona de Kiev, lo cual influyó en el surgimiento del Principado de Moscú. Ha habido infinidad de enfrentamientos locales y, en tiempos más recientes, la invasión de Rusia por las tropas napoleónicas a inicios del siglo XIX, y su estrepitosa derrota, la cual representó el inicio del fin del Imperio Francés. Pero no han sido sólo invasiones del territorio ruso por fuerzas extranjeras. También los rusos han ejercido la fuerza militar contra otros estados; como la invasión a la Manchuria china, a finales del siglo XIX, por poner sólo un ejemplo.

Pero los hechos militares más recientes se registraron a lo largo del pasado siglo XX. En primer lugar, con la participación de Rusia en la 1ª. Guerra Mundial, entre 1914 y 1917, y que fue el mayor y último error de un Romanov ; el Zar Nicolás II. En esa guerra, Rusia fue aliada del Reino Unido y de Francia, contra Alemania y Austria, y esto condujo al agotamiento de los recursos del imperio ruso, y a la muerte de un estimado de entre 775 mil y 1,3 millones de rusos, así como a la caída de los imperios alemán, austro-húngaro, otomano, y del propio imperio ruso de esa época, y a la muerte del Zar y de su familia. Tales acontecimientos precipitaron la Revolución de Octubre de 1917 y el derrocamiento del régimen por las propias fuerzas armadas rusas. Muchos soldados y marinos abrazaron las nuevas banderas del movimiento revolucionario comunista en esa nación. Una parte de los militares se mantuvieron fieles al Zarismo; los llamados “rusos blancos”. Los otros formaron lo que posteriormente sería el “Ejercito Rojo”. Se libraron fuertes combates entre ambas fuerzas, reforzada por ejércitos de muchas otras naciones de Occidente, que trataron de derrocar, sin éxito, el Orden Soviético.

La última gran confrontación militar de Rusia en el siglo XX fue su enfrentamiento con la Alemania Nazi, que comenzó en 1939. Primero con la resistencia a la invasión hitleriana, que llegó a las puertas de Moscú, y luego con la contraofensiva soviética, que culminó en 1945 con la toma de Berlín por los soviéticos y la consolidación de la URSS como segunda potencia militar mundial. El costo en vidas de esa contienda para la Unión Soviética se calcula en 26,6. millones de personas, entre militares y civiles; casi un 14% de la población total del país en ese momento. El fin de esa guerra, en otro orden, significó el inicio de la llamada Guerra Fría entre la URSS y EUA, que especialmente se desplegó en las esferas nuclear y espacial, y se prolongó hasta el final del Socialismo en esa nación y en el resto de Europa y de Asia.

Así, el triunfo del Socialismo en la última etapa anterior en Rusia estuvo indisolublemente ligado al triunfo militar y a la presencia de las fuerzas armadas en los extensos territorios del vasto Imperio Ruso, donde confluyen diversas culturas y tradiciones asiáticas, y no sólo europeas. Por supuesto,  esto no tenía mucha relación con los patrones de democracia occidental que se desarrollaron durante los últimos siglos en esa parte del mundo.

La consolidación del Socialismo bajo Stalin

Fueron tres los principales líderes que participaron en la construcción de la nueva visión de Rusia, luego de la Revolución de 1917: Lenin, Trotsky y Stalin. Y, aunque es posible que los tres coincidieran en lo qué debía “ser destruido” del Zarismo, no necesariamente convergieron en lo que se suponía que “se debía construir,” ni cómo. Cada uno de ellos tenía una perspectiva un tanto diferente, si bien todos, al menos en teoría, se agrupaban bajo las ideas de Marx y Engels, generadas durante la segunda mitad del siglo anterior.

En 1919 terminaron los enfrentamientos entre los ejércitos blanco y rojo, con la victoria de éste último, encabezado por Trotsky, ministro de guerra bolchevique. Y, aunque Lenin era originalmente la figura política central del grupo, Trotsky estaba muy cerca y Stalin un poco más lejos, por haber sido el de última incorporación a la lucha. Pero esto no importó. Stalin se adelantó en la carrera por el poder, inclusive haciendo uso de trampas y engaños. Para su suerte, Lenin enfermó gravemente y murió en 1924. Entonces, la disputa por el poder se centró entre Trotsky y Stalin quienes, a diferencia de Lenin que era fundamentalmente político y teórico, ellos tenían mayor inclinación hacia el orden y el estilo militar. Trotsky había llegado a alcanzar rango de general y Stalin el de mariscal.

Es posible que, de no haber muerto Lenin prematuramente, el Socialismo en la Unión Soviética hubiese llegado a adquirir un rostro mucho más humano y civil.  Ya en 1921, Lenin había comprendido que la vía al Socialismo no podía ser la implantación de un régimen  de propiedad estatal absoluta en el país. Así, propuso la NEP (Nueva Política Económica) que era un enfoque que combinaba disposiciones estatales con métodos de economía capitalista o de mercado; algo así a lo que hoy sería conocido como una “economía mixta”. Ese modelo tuvo muchos detractores entre los “comunistas ortodoxos”, pero dio resultados en términos del incremento de la producción, en casi todos los sectores.

La NEP existió mientras Lenin vivió. Pero, una vez fallecido éste e instalado Stalin en el poder, ya en 1927 se comienza a desmontar la NEP y a sustituirla por planes estatales quinquenales. Termina desapareciendo en 1929 con la colectivización continua y total y un régimen eminentemente militarizado, justificado por la necesidad de la “preparación para la siguiente guerra”.

A fin de cuentas: ¿Cuál fue el saldo para el pueblo soviético de la tres décadas de Socialismo bajo Stalin en la Unión Soviética? Se puede afirmar que, a pesar de todo, hubo un avance cuantitativo notable en indicadores importantes del nivel de vida de la población, al compararlo con la última etapa del Imperio de los Romanov. Esto se sintetiza al examinar la evolución del índice de esperanza de vida al nacer en los EUA y en Rusia, durante la primera mitad del siglo XX. Así, según la obra clásica de Angus Maddison, ** mientras que en el año 1900 los EUA tenían un índice promedio de 47 años de esperanza de vida al nacer, en Rusia en ese mismo año, era de sólo 32 años.  Medio siglo después, en 1950, en los EUA ese indicador había alcanzado los 68 años y Rusia ya se había aproximado hasta los 65 años, a pesar de la muy convulsa época que representó esos cincuenta años, en la que transcurrieron las dos grandes guerras mundiales en la cuales Rusia tuvo un papel protagónico y directo.

Al parecer, el problema mayor del desempeño del Socialismo durante la larga etapa en que estuvo regido por Stalin, tanto en la Unión Soviética como en las naciones en que se implantó, estuvo principalmente relacionado con aspectos o factores cualitativos, en particular vinculados a la calidad de vida individual. Entre ellos: La falta de libertades personales, de acceso independiente a la información, del derecho de los ciudadanos a viajar y moverse libremente, la ausencia de un orden legal de seguridad personal y familiar frente a las arbitrariedades de la autoridad militar, el derecho a disentir, las aspiraciones intelectuales individuales, la falta de posibilidades de elegir, etc.  Y, aunque suene contradictorio, quizás en buena medida esas fueron una buena parte de las limitaciones y restricciones que había sufrido el pueblo ruso durante siglos, en las etapas anteriores a la Revolución de 1917.

En mi opinión, la gran diferencia con etapas anteriores estuvo dada por la gran contradicción que se generó al interior del Socialismo, en su variante Stalinista, y que fue que durante décadas se formó un pueblo con una alta e indiscutible educación, cultura, preparación física, científica y tecnológica, con capacidad de pensar por si mismo, y que ya no se podía conformar sólo con más Pan y Circo – para referirnos al nivel de satisfacción elemental y cuantitativo de las necesidades personales y sociales – que le ofrecía el Estado Soviético en ese momento. No era una cuestión cuantitativa sino cualitativa.

Esto se puso de manifiesto, principalmente, a partir de la mitad del siglo XX, cuando ya habían terminado las enormes limitaciones materiales y de vida provocadas por la guerra y estaba a la vista, aunque se tratara de ocultar para el pueblo soviético, un mundo capitalista occidental que ostentaba un gran dinamismo, potencialidad, y diversidad tecnológica y de consumo, tal como fue el desarrollo de la post guerra, incluido el de Japón y Alemania Occidental, los principales “perdedores” de la Gran Guerra. Era claro que la sociedad diseñada por Stalin, durante treinta años, no estaba preparada para enfrentar ese reto.

Las evidencias indican que para ese momento, mediados de los años cincuenta, millones de soviéticos (y de ciudadanos de los entonces países socialistas, así como comunistas de todo el mundo) seguían y amaban a Stalin – el vencedor de la 2da. Guerra Mundial y del “Capitalismo”- aunque también millones lo odiaban.  Pero, es igualmente cierto que casi todos le temían. Se había instalado en la Unión Soviética un silencioso régimen de Terror, en especial en torno a los más de 400 “campos y colonias de trabajo correccional”, conocidos como gulags, que eran verdaderos campos de concentración, en los cuales, para el año de 1953 – según archivos soviéticos desclasificados – había más de 1,7 millones de prisioneros. Aún hoy se conoce la ubicación exacta de esos campos.

Para ese momento, dos años antes de su muerte, Stalin ciertamente había impulsado la industrialización de la Unión Soviética y obtenido notables logros, en particular en el terreno militar, pero hay que reconocer también que había acumulado en sus manos un poder personal autocrático casi absoluto sobre el Imperio Ruso, en su versión soviética. Esto es, en todos los órdenes de la vida social ; en lo político, militar, económico, cultural, científico y tecnológico, y cualquier otro ámbito que se le ocurra. Fue, posiblemente, el “Camarada Zar” como mayor alcance y poder en toda la historia de Rusia. Su gobierno significó 30 de los 70 años que existió la URSS. Y esa etapa fue decisiva para el futuro de esa nación y del proyecto socialista.

Como epílogo de este capítulo de la lucha entre Trotsky y Stalin se tiene que, por su parte, Trotsky siguió una triste historia, una vez terminada la guerra civil. Éste se había manifestado también como partidario de los métodos militares en la organización de la producción y de los trabajadores, aunque nunca logró aplicar sus concepciones, al enfrentarse políticamente a Stalin y perder esa batalla. Trotsky fue destituido como Comisario para la Defensa, luego expulsado del Partido, y finalmente en 1929 desterrado de la Unión Soviética.

Después de un largo camino, Trotsky y su esposa llegaron a México, a partir del asilo que le concedió el presidente Lázaro Cárdenas, por la intermediación de sus amigos Frida Kahlo y Diego Rivera, ambos grandes artistas mexicanos y simpatizantes comunistas. Con posterioridad a un fallido primer atentado, es brutalmente asesinado en 1940, en su casa de Coyoacán, Ciudad México, por un comunista español que seguía órdenes directas de Stalin, quien ya desde antes había matado a buena parte de la familia de Trotsky. Sus restos hoy descansan en una modesta tumba en el patio de esa su propia casa, convertida en interesante museo.

En resumen,  no es de suponerse que Stalin, o aún Trotsky, conociéndose sus historiales y puntos de vista políticos, iban a tomar otro rumbo distinto al de establecer una sociedad militarizada y autocrática que, bajo el nombre de Socialismo, se implantaría en la Unión Soviética. Fue la forma particular en que se dio continuidad al Imperio.

                                                               ( CONTINUARÁ)

* “La estructura política de la Federación Rusa”  C:/Users/52614/Desktop/Rusia_estructura+pol.pdf

** Maddison A, “The World Economy, a Millennial Perspective”; OECD, Paris, 2001; pag. 30

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