¿Qué podría ser “casi” seguro para el 2021?

Hace un año, en un trabajo para este propio blog, exponía lo que consideraba podían ser las direcciones económicas y políticas mundiales y para América Latina y México para el año 2020 y apuntaba que: “Las señales de cuáles podrían ser las principales tendencias resultan tan contradictorias, imprecisas y confusas…” que en ese momento no recomendaban realizar una proyección de estas. La vida superó, en gran medida, las expectativas de incertidumbre para el año 2020. En verdad, nadie esperaba que llegara a ocurrir lo que sucedería a escala mundial en ese año; dos grandes crisis simultáneas.

Partiendo de esta realidad se pudiera preguntar: ¿Y qué podría considerarse entonces como “casi” seguro que pueda pasar en el nuevo año que recién comienza? La respuesta más responsable que en este momento pudiera dar sería algo así como:  Continuarán y se profundizarán, en todas partes, los profundos cambios que han producido las dos “crisis gemelas”; la pandémica y la económica.

De aquí surge una pregunta: ¿Estaremos mejor preparados para enfrentar sus consecuencias? La respuesta: Eso dependerá de muchos factores. Seleccionemos entonces sólo algunas de esas posibles cuasi verdades para el 2021, que son quizás de las más evidentes, pero también de las más importantes.

Lo más general es que ya no habrá muchas verdades generales sobre la Pandemia

Quizás lo primero a comprender es que, en la situación actual y hacia el futuro inmediato, la evolución de los cambios será tan específica en cada lugar que resultará cada vez más difícil, por no decir innecesario, hablar “en términos generales. Sus efectos son, y continuarán siendo, diferentes en los distintos lugares y afectarán, en disímil medida, a cada grupo humano, e inclusive a cada persona, durante el 2021.

Ya durante el 2020 la pandemia produjo resultados muy distintos, en dependencia de la situación de cada cual. Muchos millones de personas fueron afectadas por la enfermedad en todo el mundo y de ellas 1.73 millones fallecieron durante el 2020. En términos absolutos, el 45% de las muertes ocurrió en sólo cuatro países; EUA, India, Brasil y México. Pero, en términos relativos, los índices de muertes por habitante los mayores correspondieron a Bélgica, Eslovenia, Bosnia, Italia, Perú y España. Es decir, según los registros (por cierto, no tan precisos) de las quince naciones con más fallecidos, en términos relativos, nueve son europeas.

Más aún, cuando se examinan los datos al interior de los países se comprueba que los resultados se encuentran muy desigualmente distribuidos. En un estudio realizado a mediados del 2020 por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),* a partir de datos oficiales de mortalidad de la Secretaría de Salud Pública mexicana, se indica que el 74% de los fallecidos en México por Covid-19 tenía como escolaridad máxima sólo la  educación primaria o ningún grado de estudio. Igualmente, en ese propio documento se plantea que el 84% de los decesos, hasta ese momento, correspondía a personas que se desempeñaban como amas de casa, jubilados, empleados del sector público, conductores y no ocupados y que, a su vez, el 55,7% de las muertes ocurrieron en Ciudad y Estado de México.

Esto es sólo una muestra de que la pandemia, y sus efectos más nefastos, se encuentran bastante irregularmente distribuidos. Y que estos resultados obedecen no sólo -como se ha afirmado con mucha insistencia- a factores individuales de comorbilidad en las personas, esto es, edades avanzadas, enfermedades crónicas y otras causas naturales, que ciertamente están presentes, pero también, y con mucha importancia, a las diferencias en el grado de preparación y de efectividad de las políticas públicas en materia de Salud en cada lugar, a la diferente responsabilidad y seriedad con que han asumido este asunto las autoridades locales y la propia población.  Igualmente, tiene un gran peso los factores de concentración de grupos poblacionales en determinadas ciudades y áreas urbanas y suburbanas y los índices educacionales y de pobreza de los ciudadanos en cada sitio. Es decir, el impacto de la pandemia depende de un conjunto muy complejo y amplio de circunstancias presentes en los diferentes componentes sociales de cada entorno.

Así resulta que, en algo tan poco conocido e invisible como este padecimiento, y aunque existe un riesgo siempre latente, cada grupo humano se encuentra en un grado de peligro distinto frente a este mal, en dependencia de muchas circunstancias diferentes. O, como decía alguien hace poco: “Todos estamos en el mismo mar, pero no en el mismo barco”.  

Por supuesto que es fundamental prestar toda la atención posible a la búsqueda de soluciones efectivas para la prevención y solución de esta pandemia. Una parte de este esfuerzo será la continuidad de las medidas de carácter global que se han venido tomando en casi todos los países; control de fronteras, realización de pruebas, aislamiento, sana distancia, mascarillas, desarrollo de vacunas, entre otras, pero no menos importante es la atención puntual y específica, en dependencia de las condiciones sociales en cada nación, región y grupo humano. Es decir, lograr una adecuada combinación entre fórmulas o soluciones generales y medidas diseñadas para cada lugar.

Por ejemplo, puede no ser suficiente, para una solución a fondo de la pandemia, aplicar los mismos esquemas de prevención y/o vacunación para poblaciones urbanas y rurales, con distintos niveles de concentración humana, diferentes niveles educacionales, de ingresos familiares, etc. Es decir, el establecimiento de posibilidades de acceso debe ir más allá de criterios centralizados sobre grupos de edades, comorbilidades o riesgos, decididos desde la cúpula de gobierno.

Se puede esperar una recuperación económica, pero también a ritmos muy desiguales

Algo similar ha ocurrido con la crisis económica. Cierto es que la misma es un fenómeno natural, inherente al funcionamiento del Capitalismo, y que las crisis continuarán existiendo. También es verdad que siempre ha habido dispersiones en los valores de los principales indicadores, pero la actual crisis indica que se agudizan las grandes disparidades en el comportamiento de la economía entre las naciones del mundo y con ello se amplían las brechas entre riqueza y pobreza.

 En un artículo anterior a este **, publicado en este propio blog, se señalaba que: De acuerdo con el último pronóstico del Fondo Monetario Internacional, publicado a mediados de octubre de este año, la producción mundial de bienes y servicios habría caído en 4.4% terminando 2020. Pero, en ese contexto, se mencionaba también que algunas naciones de Europa Occidental caerían entre un 10 y un 13%, México en el orden del 9%, mientras que naciones asiáticas y africanas se reducirían sus economías en una cifra sólo sobre el 3%, al tiempo que China podría inclusive acumular un ligero crecimiento, en torno al 1%.

Igualmente, al interior de los países se produce una notable dispersión de los resultados económicos del 2020, aún bajo el predominio del decrecimiento global de las economías nacionales. Así en México, por ejemplo, según informaciones de su órgano estadístico nacional, sólo cinco (de los treinta y dos estados del país) concentraron más de la mitad del total de las exportaciones mexicanas en ese pasado año y aunque la economía en su conjunto cayó en un 9% respecto al año anterior, algunos estados se contrajeron en un 5-6% y otros alcanzaron las dos cifras de reducción. En el caso mexicano fueron precisamente las exportaciones, y no el consumo ni la inversión, el único elemento dinámico en el comportamiento económico del país durante el 2020. Los demás agregados se desplomaron, en gran medida.

En síntesis, las dispersiones en cuanto a estimaciones generales continuarán siendo tan altas también durante el 2021 que “los indicadores globales” perderán, aún más, valor o sentido orientativo. Para el presente año, cada cual tendrá su propia realidad diferente y deberá ir construyendo su “nueva normalidad” específica, en dependencia de las circunstancias y condiciones particulares que le toque vivir. 

Muchos de los cambios que se produjeron en el 2020 no tienen marcha atrás

Una consecuencia del panorama descrito en los epígrafes anteriores para el 2021 es que es necesario comprender que se consolidará la mayor parte de las nuevas tendencias y realidades que se crearon en el pasado año. Es decir, sectores y subsectores completos de la actividad económica, especialmente de la esfera de los Servicios, que se modificaron, transformaron, o aún desaparecieron en el 2020, no renacerán “tal como eran” durante el presente año y, posiblemente, la mayor parte de ellos tampoco en períodos posteriores a éste, con la consiguiente pérdida definitiva de millones de puestos de trabajo y de millones de empresas, en todas partes. Lamentablemente, suponer lo contrario es puro espejismo.

Esto implica que negocios que eran lucrativos y prósperos dejaron de serlo y, simplemente, se esfumaron. Dentro de esta categoría se encuentra una parte de la actividad gastronómica, del comercio minorista, de la recreación, del turismo, de los viajes, de la educación tradicional, entre otras. Afecta, especialmente, a todas aquellas actividades económicas caracterizadas por una necesaria y habitual cercanía física entre las personas durante el proceso de su ejecución. Esas labores se han visto profundamente afectadas y requerirán de un rediseño o una reconceptualización, en particular a partir del actual año, para que puedan seguir existiendo, aunque de manera diferente.

Como contrapartida de lo anterior y que, a su vez, resulta una buena noticia, es que la aparición de “nuevas formas de hacer las cosas” ha conllevado la apertura de posibilidades de actividades económicas y de generación de empleos que antes no existían, aún en estos propios “sectores en crisis”, o era muy reducido su alcance. La cuestión estriba en poder crear las capacidades y condiciones para la transición de las actividades tradicionales hacia la nuevas maneras y tecnologías para su desempeño.

Esta no es una situación nueva dentro de la historia de la Economía. Cada vez que se ha producido una Revolución Tecnológica ha sucedido algo similar ; de la Revolución Industrial a la del Motor de Combustión Interna y la Electricidad y de ahí a la Microelectrónica, Internet, Telecomunicaciones…. Siempre ha sido necesario grandes cambios sociales e individuales. Lo nuevo ahora es que este proceso se ha intensificado, con gran fuerza, en un tiempo muy corto; durante el pasado año y continuará, al menos, en este.

Por tanto, en las condiciones de la “nueva normalidad” lo más importante para las personas, grupos sociales, profesiones, regiones, sectores, países…. será desarrollar capacidades de adaptación y de ejercicio de actividades sobre nuevas bases tecnológicas, organizativas, de funcionamiento y de modalidades nuevas y diferentes. Por supuesto que esto no es tarea fácil e impone serios retos a todos. En este camino se abren muchas oportunidades y habrá ganadores, pero también perdedores. Algunos podrán lograrlo y otros, lamentablemente, no. Y, además, habrá que hacerlo muy rápido y de manera suficientemente eficiente.

La transición de la Educación hacia un nuevo esquema de alcance mundial

Un buen ejemplo de esto último se tiene en el sector educacional. Las circunstancias de la pandemia obligaron, en prácticamente todo el planeta, a que durante los meses de febrero-marzo del 2020 se produjera un rediseño forzado, en el transcurso de muy pocas semanas, de todo el proceso de concepción, impartición de clases y evaluación, desde los niveles de la educación primaria hasta la profesional y posgrado. Esto no quiere decir que la Educación a Distancia no existiera desde antes, sino que lo nuevo fue la transformación tan inmediata y completa de todos los sistemas presenciales de educación, que estaban funcionando, a las formas de educación a distancia. Tal evolución se produjo, en mayor o menor medida y con diferentes intensidades, en cada lugar, en dependencia de condiciones técnicas y humanas que se dispusieran, y esto arrastró a muchos millones de escuelas, profesores, técnicos y estudiantes en todo el mundo; una verdadera Revolución. 

Así, al menos en países no desarrollados, como México, tal transformación obligada fue realizada, pero su mayor éxito relativo se obtuvo en una parte de la educación privada, en sus distintos niveles. Es decir, se pudo lograr a cabalidad en aquellos lugares en que existían, tanto dentro de las escuelas como en las casas de los estudiantes, los recursos técnicos indispensables; en particular, la organización, las computadoras, el acceso a internet, así como el manejo por parte de profesores y alumnos – aunque fuera en una escala básica o elemental- de esas tecnologías indispensables para la impartición, transmisión, recepción de clases y realización de evaluaciones, con un sentido bidireccional.

En relación con esto último ocurre que, según datos oficiales del INEGI ,*** en el año 2019 en México un 92,5% de los hogares disponía de televisión, lo cual es un índice relativamente aceptable, que permite la transmisión de clases, pero en una sola dirección. Al propio tiempo, la proporción de hogares con computadoras en relación con el total era de sólo un 44,3% y el porcentaje de hogares con conexión a internet de poco más de la mitad de ellos, es decir, de un 56,4%. Igualmente, en la propia fuente estadística mencionada, se recoge que el porciento de la población mexicana que utiliza la computadora. como apoyo escolar, en relación con el total de usuarios de las computadoras era, hace dos años, de sólo de un 44,6%. Es decir, el alcance de esta transformación está obligadamente limitado por las condiciones socio-económicas de cada lugar.

Como podrá suponerse, es en esos hogares con los más bajos índices de disponibilidad de computadoras e internet, donde obviamente se concentra la mayor parte de la población en situación de pobreza y, correspondientemente, de su población en edad escolar. Como resultado de la crisis económica, lamentablemente, todo indica que tales índices de pobreza continuarán elevándose durante el 2021, lo cual conllevará, además de todo, a un agravamiento del panorama educacional, ya seriamente comprometido desde antes de la pandemia.

Siendo esto así, se puede suponer el reto que significará crear las condiciones necesarias para alcanzar verdaderos estándares de educación a distancia, en todos los niveles, que logren brindar y mantener, en el tiempo, una educación de suficiente calidad, tanto por el sector privado como público, a las decenas de millones de niños, niñas y jóvenes que forman la masa estudiantil. Según todo parece indicar, la transformación masiva hacia una Educación a Distancia generalizada es una tendencia que llegó para quedarse, aún en la etapa post-pandemia en todas partes. No obstante, cada nivel de educación requerirá de un diseño e implementación especifico, en dependencia de las características de cada grado estudiantil.

Y esto, por supuesto, no es sólo un problema para México o para unos pocos países no desarrollados, sino para decenas de naciones en todos los continentes. Es un tema mundial, global, y del tipo que no desaparecerá en el 2021, sino  que se profundizará y agravará y que, aunque complejo de solucionar, implica también grandes oportunidades de cambio, transformación y desarrollo. De los gobiernos y las sociedades en cada lugar dependerá su solución. La Educación es, como se sabe, una inversión a largo y muy largo plazo y lo que se deje de hacer hoy ya no será posible recuperarlo en el futuro. De esto dependerá, en última instancia y en buena medida, el tipo de mundo en que se vivirá en las próximas décadas.

En el informe realizado por la CEPAL y la UNESCO,” La Educación en tiempos de la pandemia de COVID-19”, publicado en agosto del 2020, se señala que: “La desigualdad en el acceso a oportunidades educativas por la vía digital aumenta las brechas preexistentes en materia de acceso a la información y el conocimiento, lo que —más allá del proceso de aprendizaje que se está tratando de impulsar a través de la educación a distancia— dificulta la socialización y la inclusión en general.” (CEPAL-UNESCO, 2020) ****

En resumen, la percepción generalizada que se tiene en casi todo el mundo fue que el 2020, por distintas razones, resultó un año no favorable, excepto para un pequeño grupo de personas que se beneficiaron de “situaciones no normales”. Algunos pocos ricos se volvieron aún mucho más ricos y muchos pobres, y otros no tan pobres, se vieron descender en la escala de la prosperidad. Lamentablemente, el 2021 no parece será muy diferente en este sentido. La lección aprendida deberá ser que cada cual tendrá que procurar, en la medida de sus posibilidades, colocarse en posición de un posible ganador, en este mundo que se encuentra en proceso de grandes transformaciones.

* Publicado por Forbes Staff, julio 10/ 2020

** Ver “El Virus, la Economía y el Mundo Post-Pandemia”; Dirmoser, D. y Fernández M.; noviembre 7 2020;  Blog: mfernandezfont.com

*** Ver: https://www.inegi.org.mx/temas/ticshogares/

**** https://www.ses.unam.mx/curso2020/materiales/Sesion7/CEPAL_UNESCO2020_

2 comentarios en “¿Qué podría ser “casi” seguro para el 2021?

  1. Muy interesante Mayito….. mucho que analizar desde diferentes perspectivas. Pero en resumen todo es claro y es como es, no nos queda más que ser creativos y resilientes….. levantarnos cuantas veces sea necesario 😓

    Que descanses!

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    1. Muchas gracias por tu comentario, querida Ana Isabel. Ya te había dado respuesta por el correo, pero ahora lo hago por aquí.
      En efecto, todo esto tiene diferentes puntos de vista, pero lo importante es no perderse en el camino. Abrazo

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