Algunos comentarios sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)

Los acuerdos comerciales preferenciales entre países han existido desde hace siglos. En un principio se desarrollaron entre naciones e imperios europeos, y con sus colonias, y luego se extendieron por el mundo. Las razones de su surgimiento no vienen al caso en este trabajo, pero si vale señalar que el debate en torno a sus ventajas y desventajas ha acompañado esta historia, al igual que el polémico tema sobre “Libre Cambio” vs. “Proteccionismo”, que nació con el Capitalismo a finales del siglo XVIII, y que se mantiene hasta nuestros días.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se inserta en estas corrientes de discusiones y ha estado sometido a juicios sobre conveniencias e inconveniencias, consecuencias y fallos, a lo largo de sus veintitrés años de vigencia. En este momento, cuando importantes fuerzas políticas al interior de los EUA cuestionan sus resultados, y hasta el propio sentido de su existencia, pudiera ser útil recordar algunas realidades y comentar lo que, a nuestro juicio, constituyen mitos o errores que se han tejido en torno a este asunto.

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¿Qué es el TLCAN y desde cuándo existe?

El TLCAN es un acuerdo intergubernamental que estableció los principios y las reglas de funcionamiento que debían regular el comercio y la inversión que se lleva a cabo entre Canadá, los Estados Unidos y México. Está recogido en un documento de dos mil páginas, con ocho secciones y veintidós capítulos y que, luego de una difícil negociación tripartita que duró dos años, fue firmado por los máximos dirigentes de los gobiernos de esos tres estados en ese entonces; Brian Mulroney, primer ministro de Canadá, George Bush, presidente de los EUA y Carlos Salinas de Gortari, presidente de México. Se rubricó en diciembre de 1992 y entró en vigor el 1 de enero de 1994.

El TLCAN establece lo que se denomina una Zona de Libre Comercio, en este caso para la región de América del Norte. Ese estatus, para cualquier proceso integracionista, no es más que un escalón comercial con un procedimiento muy conocido y que no llega a alcanzar la categoría de proceso de integración

Una Zona de Libre Comercio se limita a tratar de eliminar obstáculos al comercio dentro de su territorio, facilitar la circulación transfronteriza de bienes y servicios, promover condiciones para un “juego limpio” y una competencia justa, aumentar las posibilidades y oportunidades para la inversión y proteger los derechos de propiedad intelectual, creando procedimientos y mecanismos para resolver disputas comerciales y un marco para una mayor cooperación entre las naciones firmantes.

Cinco mitos sobre el TLCAN

Mito 1

El TLCAN no ha logrado expandir el comercio y la inversión entre Canadá, Estados Unidos y México

La realidad: En el transcurso de los veintitrés años de vigencia del acuerdo, el comercio entre los tres países miembros se multiplicó en cuatro veces y no ha sido México el único beneficiario.

Según fuentes oficiales mexicanas 2, el volumen de las exportaciones de los EUA a México es mayor que las realizadas por la nación norteamericana a China y Japón, juntos. El comercio bilateral entre los EUA y México en el 2015 fue mayor que la suma del comercio de EUA con Japón, Alemania y Corea del Sur, y en ese propio año México compró a EUA productos por un valor equivalente a 1,2 veces las ventas norteamericanas al grupo de naciones formado por Francia, Alemania, Japón y el Reino Unido.  México es el segundo mayor mercado mundial para los bienes estadounidenses, si bien los EUA es el principal socio comercial de México

En relación con la inversión, en el 2015 llegaron a México, procedentes de los EUA y de Canadá, más de 17 miles de millones de dólares en Inversiones Directas. Pero, al propio tiempo, México tiene actualmente inversiones productivas acumuladas en territorio de los EUA por un monto de 16,6 miles de millones de dólares; de ello 3,8 miles de millones están en la industria manufacturera.

 Mito 2

El TLCAN ha significado una pérdida de empleos en los  Estados Unidos y Canadá, en favor de México

La realidad: No es posible afirmar que el saldo del TLCAN, desde el punto de vista del empleo, haya sido favorable a México. Es cierto que durante la vigencia del Tratado varios cientos de miles de puestos de trabajo, especialmente de la industria automotriz, han “emigrado” a las plantas norteamericanas establecidas como maquilas en territorio mexicano. Pero, también es verdad que el intercambio comercial e inversionista con México ha creado millones de puestos de trabajo para norteamericanos, en suelo de EUA.

De este proceso comercial recíproco, algunas regiones, tanto en EUA como en Canadá y en México, han ganado y otras han perdido. Así, Detroit, Michigan, señala la pérdida de puestos que se fueron a México. Pero, al propio tiempo se estima que 6 millones de trabajos en EUA dependen del intercambio comercial entre México y EUA, al tiempo que México ha perdido más de 1,3 millones de empleos en la agricultura en estos años.

Mito 3

 El TLCAN ha tenido un impacto negativo sobre la manufactura de América del Norte

La realidad: Desde que el TLCAN entró en vigor, y con la notable intensificación de los intercambios comerciales e inversionistas entre los países miembros, obviamente, se han ido estableciendo infinidad de nuevas cadenas tecnológicas y de creación de valor, asociadas a la producción y la logística de las empresas de la Zona. La producción manufacturera de EUA creció en un 62% entre 1993 y 2008, en comparación con el 42% entre 1980 y 1993 y la producción industrial canadiense aumentó un 62% entre 1993 y 2008, contra un 23% entre 1981 y 1993.

Si bien es cierto que el TLCAN ha fortalecido también la base industrial de México – lo que le ha permitido quintuplicar sus exportaciones de productos manufacturados en los últimos quince años – es igualmente verdad que la ausencia de una política de desarrollo industrial integral por parte de la nación azteca no ha posibilitado aprovechar el potencial creado al calor del TLCAN para un desarrollo industrial orientado al mercado interno. México optó por desplegarse como importador de materias primas y de bienes industriales de uso y consumo, inclusive llegando a una muy alta y peligrosa dependencia en la importación de alimentos, de productos agropecuarios y de combustibles (que podrían, y deberían, ser producidos nacionalmente). Aquí, una vez más, la limitación no viene por la vía del Libre Comercio ni del Tratado, sino de la ausencia de políticas internas en México.

Mito 4

El TLCAN debilita la soberanía nacional y la independencia de las naciones que participan en el mismo

El TLCAN es un tratado trilateral concebido para facilitar sólo el comercio y la inversión entre Canadá, los Estados Unidos y México. Como se ha señalado, no es un Acuerdo de integración, sino sólo un Pacto de Libre Comercio de Bienes y Servicios y, como se sabe, no incluye la libre circulación de factores (personas y capitales). Por esto, una zona de libre comercio no se considera una región integrada, y en tal sentido el Tratado no afecta para nada el marco cultural, institucional y/o legal propio de cada uno de los tres países y les permite mantener totalmente su soberanía e independencia.

 Mito 5

México se hundiría sin el TLCAN

El TLCAN es, sin dudas, el acuerdo comercial más importante en que México participa. Pero, además de ese tratado, desde 1986 a la actualidad, la nación azteca acumula otros 11 tratados de Libre Comercio con 46 países, 32 acuerdos para la Promoción y Protección recíproca de las Inversiones y 9 acuerdos de Complementación Económica y Alcance Parcial en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Por otra parte, no obstante esta proliferación de acuerdos y tratados suscritos por México, dado el muy alto peso del intercambio comercial e inversionista con los EUA, son muy pocos, por no decir ninguno, los pactos que actualmente se encuentran activos con otras naciones. Pero, en un momento determinado y por circunstancias políticas, los mismos pueden ser activados en función de los intereses recíprocos de México y de esos otros estados.

Dadas su población, los niveles de producción y su comercio exterior, México se encuentra en la décima posición en número de habitantes y la oncena posición de la economía mundial Es, después de Brasil, la mayor economía latinoamericana, siendo el volumen de sus exportaciones mayor que la suma del correspondiente a todas las demás naciones de América Latina. México es el décimo tercer país que más comercia en el mundo y similar posición en la recepción de inversiones a escala mundial.

Esta nación es el séptimo productor y el cuarto exportador, a nivel mundial, de vehículos ligeros; el primer exportador de televisores y de varios productos agrícolas, entre otros renglones principales. Por supuesto, el potencial productivo y comercial de México le permitiría una mayor diversificación de sus relaciones económicas con el resto del mundo.

   Conclusiones generales sobre el tema

Es evidente que el TLCAN requiere de una revisión y actualización debido a los avances tecnológicos y a las formas y modalidades del comercio y la inversión que no existían cuando se firmó, hace veintitrés años. Y esto, obviamente, debe ser realizado partiendo de los legítimos intereses, actuales y futuros, de los tres países firmantes.

Esto es una realidad. Pero, una posición política extrema, que condujera a una eventual ruptura de ese Tratado, al menos en lo referido a las relaciones bilaterales entre México y los EUA, pudiera implicar ciertamente afectaciones a la economía mexicana, pero también, y en medida no menos significativa, para la nación estadounidense.

En esa hipotética situación extrema –y aún sin llegar a esta- México pudiera (y debiera) expandirse hacia nuevos mercados para el suministro y la exportación de sus productos y nuevas fuentes y destinos inversionistas. En estas circunstancias, a los EUA les va a ser difícil – y muy costoso y complicado – disponer de otro suministrador factible de fuerza de trabajo para millones de puestos laborales productivos que existen en el territorio de los EUA, especialmente en la agricultura, en las construcciones, en los servicios comerciales, en el transporte, entre otros sectores, y que ya hoy no quieren (o no pueden) ser ocupados por norteamericanos de “pura cepa sajona”. No se trataría, para nada, de una ruptura de los vínculos económicos y comerciales con los EUA que deban mantenerse, sino sólo de una diversificación de las relaciones de México con el resto del mundo.

Es claro, además, que un repliegue comercial mexicano podría tener consecuencias devastadoras para el comercio y la producción, en particular del conjunto de los estados del sur de los EUA que, en otro orden, son de mucha importancia económica y política para la unión americana. Los mexicanos son tanto los principales clientes como los empleados de cientos de miles de establecimientos en los principales estados sureños de los EUA.

A fin de cuentas, el comercio entre México y los EUA, aunque ciertamente se aceleró en estos últimos veintitrés años, no comenzó en 1994, ni desaparecerá porque, aún en un caso exagerado, desaparezca el TLCAN. Los vínculos tecnológicos, comerciales y económicos establecidos entre ambos países durante los últimos ciento cincuenta años se pueden contar por millones y, claramente, sus intereses están por encima de posiciones políticas circunstanciales que pretendan ignorar estas realidades. No es tiempo de proteccionismos ni de barreras físicas o comerciales. Vivimos en un mundo cada vez más global, en el que predomina la aceleración de los flujos, en todas las direcciones, de personas, mercancías, servicios, capitales, información y conocimientos. Desconocer esto, y pretender ir contra esas corrientes es, en el mejor de los casos, absurdo.

1 Elaborado a partir de información de El Economista; 5 de marzo, 2017
2 Presidencia de la República de México; 21 de julio 2016
 Ver “Subsidios Agrícolas en México: ¿Quién gana y cuánto”; Scott, John; Mexico Institute del Woodrow Wilson International   Center for Scholars; https://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/Subsidios_Cap_%203_Scott.pdf