Crónica de una Agonía Anunciada: La industria petrolera de México

En 1981 fue publicada por primera vez una excelente novela de ese gran escritor que fue Gabriel García Márquez titulada “Crónica de una Muerte Anunciada”. La esencia de esa obra estriba en mostrar cómo en ocasiones no se llega al fondo de la verdad porque cuestiones elementales quedan sin explicar, a pesar de que los acontecimientos que conducen a una muerte transcurren ante los ojos de todo un pueblo, que tenía información de lo que podría suceder, pero que nadie lo creyó…. hasta que sucedió.

Esa narración, que parece  posible sólo a partir de la lógica sub realista tan propia de García Márquez, ilustra lo que ha sido en la realidad el desempeño de la industria petrolera de México en las últimas décadas y que, al igual que en la trama de ese libro, era un proceso que se veía venir, que se disponía de la información, que se podía haber evitado a tiempo, y que nadie pensó que llegaría al punto en que está hoy. Por eso, muy lamentablemente, la historia reciente de esta industria mexicana podría ser calificada como: “Crónica de una agonía anunciada”,  porque la muerte aún no ha llegado… pero puede estar muy cerca si no cambian diametralmente muchas de las maneras en se han hecho las cosas

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La Producción

Lo primero que hay que reconocer es que la crisis de la industria petrolera mexicana – y hay que calificar abiertamente de crisis lo que está ocurriendo- no comenzó en el actual sexenio de gobierno, ni sus causas se deben a la esencia y propósitos de la Reforma Energética aprobada a principios de su mandato. En todo caso, el manejo de este problema por la presente administración no sólo no detuvo las tendencias negativas que se venían presentando en esta industria, al menos desde dos gobiernos anteriores, sino que su ejecutoría de hoy ha agravado, aún más, la situación, hasta niveles sin precedentes.

La historia muestra cómo las inversiones de los gobiernos mexicanos durante los años setenta hasta principios de los ochenta del pasado siglo en la exploración y explotación de nuevas reservas petrolíferas en este país condujeron a importantes descubrimientos de yacimientos en Chiapas, Tabasco y, el mayor, Cantarell, en Campeche. Esto posibilitó una creciente producción de petróleo, que llegó a más de tres millones de barriles diarios durante el decenio 1977-2007, con un pico de 3,4 millones en el 2004.

Pero luego, a partir del 2005, durante el final de la presidencia de Fox y durante todo el mandato de Calderón, y en lo que va de la actual administración, la producción viene cayendo aceleradamente. Es decir, al menos, once años de caída ininterrumpida. Esta situación de reducción de la producción, perfectamente conocida, se debe a dos razones fundamentales:

1) El agotamiento natural de las reservas en explotación (y sobreexplotación) y

2) La muy limitada política de inversión estatal orientada a la búsqueda de nuevos yacimientos, que compensaran el agotamiento que se venía produciendo en los existentes.

La primera causa era inevitable, pero la segunda no. Fue una cuestión de mala política y de falta de previsión de las últimas administraciones, incluyendo la actual. En tiempos en que los altos precios del producto actuaban como “colchón” que amortiguaba la caída de la producción. ¿Para qué meter dinero en una industria que daba mucho dinero? Era sólo cuestión de sacarle para dedicarlo a todo lo que se les ocurriera a los gobiernos, incluyendo su mala utilización, no en pequeña medida. Pero cuando los precios se desplomaron, en particular después del 2015, ya no había ni producción ni dinero para invertir.

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            l             Fuente:  http://www.elfinanciero.com.mx/economia/graficas-que-te-explican-como-esta-la-riqueza-petrolera-de-mexico.html

Por tanto, en la realidad la historia no fue, como acaba de afirmar el Presidente Peña Nieto, que “la gallina de los huevos de oro se nos fue acabando” 1 No, la gallina no se acabó. A la gallina la mataron o la dejaron morir. ¿O es que acaso alguien pensó que era una “gallina que no había que alimentar” y sólo explotar?

Los Precios

 Los precios promedios anuales internacionales del petróleo, tomado como representativo de estos el Brent del Mar del Norte, así como de la mezcla mexicana, desde el año 1998 hasta el 2016 fueron los siguientes:

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Fuente: Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, con datos de la Secretaría de Energía, PEMEX, REUTERS y Mercado de Físicos, El Financiero y Secretaría de Economía.

Lo anterior significa que la producción mexicana de petróleo comenzó a declinar ininterrumpidamente precisamente a partir del momento en que los precios del producto se aceleraron en el mercado internacional. Esto es, durante los años 2004-2005 (descontando la caída mundial provocada por la llamada crisis hipotecaria de los años 2008- 2009 y que se recuperó en el 2010-2011). Esos precios altos del hidrocarburo se mantuvieron hasta el 2014 y ha sido sólo en los últimos dos años en que se produce su declinación que, por cierto, nunca llegó a alcanzar los relativamente bajos niveles de precios que prevalecieron en el mundo hasta los años 2003-2004.

Por tanto, responsabilizar a los precios en el mercado internacional de los hidrocarburos por los actuales resultados de las presiones financieras de México constituye una falacia más. Puede suponerse qué resultados tan diferentes podrían haberse obtenido si México, en lugar de haberse aprovechado sólo del “boom” de los precios en los diez años que transcurrieron entre el 2004 y el 2014 para aumentar su renta petrolera por la vía de la elevación de los precios hubiera, al menos, sostenido los niveles de producción alcanzados, en lugar de haber asistido a su declinación constante durante todo este período.

Otra imprecisión que ha sido utilizada por la actual administración de México para justificar el injustificable aumento del precio de las gasolinas ha sido de que esta nación se encuentra entre las que tiene los precios más bajos del mundo para este combustible. La realidad es que todo estriba en lo que se quiera entender como “los precios más bajos del mundo” porque lo cierto es que, según el sitio especializado globalpetrolprices.com,2 en el actual inicio del año 2017, de un total de 167 países existen 51 naciones en que los precios son más bajos que en México, y no son sólo países petroleros (como se supone que aún es México) y en otros 115 son más altos.

Pero, a fin de cuentas, lo anterior no es lo más importante. Cualquier persona con nociones de Economía sabe que no es una cuestión sólo de precios, sino que estos tienen sentido únicamente en el contexto de los ingresos promedio de los ciudadanos de un país, en un momento dado. En tal sentido, según un estudio de finales del 2016,  reseñado por El Financiero el 30 de diciembre del 2016 – y aún antes del “último gasolinazo” de inicios del 2017- la prestigiosa firma de consultoría norteamericana Bloomberg afirmó que:“Los conductores mexicanos son los que más dinero gastan de su salario en gasolinas, igualando con los sudafricanos”.

Ese estudio de Bloomberg abarcó 61 países y resulta que los mayores precios de la gasolina, en relación con los ingresos promedio, lo tienen en primer lugar Sudáfrica y México, ambos con el 3,38% del salario anual dedicado a pagar la gasolina, y le sigue Grecia en tercer lugar con el 2,87%,  Los precios más bajos de la gasolina, en relación con los salarios, lo muestran Venezuela, China y Hong Kong, con 0,29; 0,43 y 0,46 %, respectivamente.3 Es posible que ya en enero del 2017, luego del último aumento de precios, México se encuentre en el primerísimo lugar mundial  absoluto de este lamentable indicador. Y por si no quedara en esta posición en enero, con el gasolinazo previsto para febrero, seguro lo logra.

La imprecisión del subsidio

En particular durante las últimas semanas, las autoridades de México se refieren con frecuencia a la imperiosa necesidad de terminar con el “subsidio de las gasolinas” so pena de que, de no ser así, se verían afectados importantes programas sociales.

Esa afirmación, además de sonar a coacción, es no sólo una ambigüedad, sino una falsedad. La vaga expresión del “subsidio de las gasolinas”, que pudiera ser interpretada como un regalo o asistencia que se da a los consumidores, en verdad es el financiamiento o subsidio al productor; a la empresa estatal Petróleos Mexicanos, PEMEX, que hasta ahora es la única productora y distribuidora de combustibles en la nación azteca y que es una organización quebrada. Esa firma paraestatal, de haber pertenecido al sector privado, hubiera debido declararse en bancarrota y cerrar sus puertas.

La cuestión estriba en que PEMEX, que históricamente – aunque hace ya bastante tiempo- contribuía a la economía y a la sociedad mexicana mediante el aporte de una significativa renta petrolera, en la actualidad se ha convertido en una institución que es parcialmente, pero en medida creciente, financiada por la población del país. La ineficiencia y la baja productividad de ese monopolio han conducido a esta situación. No son los precios internacionales de los combustibles ni la tasa de cambio del peso mexicano respecto al dólar los verdaderos culpables de lo ocurrido. Estos dos últimos factores lo único que han hecho es agravar un problema que ya existía desde hace tiempo y poner al descubierto la incapacidad de mantener la actual realidad crítica de la industria petrolera mexicana.

¿Qué hacer?

Parece evidente que en las actuales circunstancias de esta industria, con tiempo, se podían haber hecho muchas cosas antes de lo que se ha dispuesto. La respuesta de elevar los precios de los combustibles aparece como una reacción de pánico, de parálisis y facilismo. Y lo peor, no va a conducir a buenos resultados, ni económica ni políticamente.

Algo que se hubiera podido haber adoptado primero hubiera sido un verdadero y profundo plan de ajuste de los gastos de PEMEX, incluyendo el redimensionamiento a fondo de su abultada burocracia y de su enorme plutocracia sindical, que asemeja a un Estado dentro de otro Estado. A estas medidas le acompañaría una real política de austeridad –no la parodia de una ridícula rebaja de sueldos- en los restantes órganos de gobierno, desde el poder central hasta los congresos, partidos políticos –que gravitan obligatoriamente sobre todos los contribuyentes, aunque la inmensa mayoría de estos no militen en ninguno de ellos- así como las corruptas administraciones de gubernaturas y alcaldías de muchos de los estados.

Más allá de falsas promesas politiqueras, haber llevado adelante un verdadero programa de inversiones a largo plazo en la industria; desde la prospección y exploración hasta el cierre de las cadenas productivas y la creación de suficientes capacidades de refinación, que es una pieza clave en esta historia y asunto pendiente desde hace mucho tiempo, así como el completamiento y modernización de las redes de distribución de los productos.

Por último, es también obvio que la fórmula adoptada de simular el funcionamiento de los precios cambiantes de un producto, como si hubiera una efectiva economía de libre competencia, pero bajo condiciones de una fijación y administración centralizada de precios de una actividad totalmente monopolizada por el Estado es un aporte, posiblemente inédito, en la práctica económica mundial y no parece ser un buen inicio para una verdadera liberalización del mercado de este sector, ni conducirá a resultados claros.

Adicionalmente a todo lo anterior, y quizás lo más importante, sería que realmente PEMEX pudiera producir suficientes cantidades de  gasolina para poder competir verdaderamente con las grandes y poderosas firmas extranjeras que, se supone, entrarán al mercado mexicano con sus productos en un futuro ya muy cercano. Es claro que con sólo un 30% de producción nacional de gasolinas y, correspondientemente, un 70% de combustibles importados –como es desde hace tiempo y en la actualidad- es casi imposible imaginar un escenario de libre competencia de la empresa petrolera mexicana con las firmas  extranjeras y es  probable que su actual agonía conduzca a la muerte….. Esto significaría un adiós definitivo a la renta petrolera de México. Esta es la muy dura realidad que parece que se avecina. ¿Será ya demasiado tarde?

1 http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/01/13/1139472

2 http://es.globalpetrolprices.com/gasoline_prices/

3 http://www.elfinanciero.com.mx/economia/mexico-es-el-segundo-pais-que-mas-      gasta-de-sus-ingresos-en-gasolina.html