La Montaña Rusa de la Economía Mundial para el 2017

Una analogía del comportamiento de cualquier economía, y la mundial no es una excepción, consiste en examinar su movimiento como si fuera uno de esos trenes que se desplazan en la montaña rusa de un parque de diversiones. En la economía, al igual que en la montaña rusa, no importa las personas que estén en los carros ni quien marche en el primero de ellos. Se moverá, independientemente del deseo de los pasajeros. Pero, el destino de todos estará relacionado con lo que ocurra en el tren.

La economía, al igual que el convoy, tendrá momentos de ir cuesta arriba, y en otros cuesta abajo. Algunos tramos serán más o menos largos que otros y sus efectos se harán sentir con mayor o menor intensidad, en dependencia de que sea una fase de ascenso o de descenso, y del grado de la pendiente en que se encuentre el tren (la economía) y de su velocidad. El factor sorpresa estará presente en todo este movimiento. Ni en la montaña rusa ni en la economía, podremos estar seguros de lo que nos espera en los tramos por delante.  Pero, aun así,  siempre resulta una experiencia excitante y, al final del trayecto, unos saldrán mejor librados que otros.

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Partiendo de esta similitud, vamos a intentar imaginar cuáles pueden ser algunos de los posibles acontecimientos que podrían estar presentes a escala mundial, condicionando los resultados generales que se pudieran esperar durante este ya inminente año 2017.

En primer término hay que recordar que el tren de la economía mundial, como tendencia a largo plazo, se encuentra en un viaje “cuesta abajo”. Esta fase de descenso comenzó con el inicio del nuevo siglo-milenio. “La creciente turbulencia en el sistema financiero internacional, ocasionó que en el año 2001 se registrara la primera declinación del volumen del comercio mundial de mercancías desde 1982 y la primera disminución de la producción mundial de mercancías desde 1991”.1  Este ciclo de descenso de la economía mundial se reforzó con la llamada “Crisis Subprime” o “Crisis Hipotecaria”, que se inició en septiembre del 2008 en el sistema bancario de los EUA, pero que rápidamente contagió al sistema financiero y bancario mundial y que condujo a la reducción drástica de la liquidez y a la casi contracción total del crédito, poniendo al sistema económico internacional en una situación de crisis como no era conocida desde la famosa Gran Depresión de los Años 1929-1933.

De esa crisis de los años 2008-2009, los EUA y parte del mundo comenzó a recuperarse, relativamente, en los últimos cinco o seis años. Pero no del todo. Los EUA lograron “capear el temporal” de una mejor manera, pero Europa y Japón, tal como ocurrió en la experiencia de la Gran Depresión, aún están con una falta de dinamismo económico nada favorable.

En este escenario descendente de la economía mundial, que lleva ya diez y seis años de duración, si la situación no fue mucho peor ha sido por la actuación económica y comercial de un nuevo actor clave –no presente durante la Gran Depresión de inicios del siglo XX: la Rep. Popular China.

El desempeño económico de China durante estos últimos años ha sostenido no sólo buena parte del crecimiento de la economía y del comercio mundial, sino también un componente muy importante del sustento de ese crecimiento; al propio dólar de los EUA, al ser los asiáticos uno de los mayores poseedores mundiales de la moneda norteamericana, fuera del territorio de esa nación.  No se trata de una cuestión de humanismo, o de respaldo de China a los valores occidentales. Es sólo una cuestión de intereses. China ya es hoy, como país, la mayor economía y el principal exportador mundial y llegó a esa posición debido a crecimientos del orden del 9 -10 %, promedio anual sostenido, durante aproximadamente 30 años. Pero el estado asiático nació, como potencia económica y comercial mundial, en un mundo en el que  hacía rato que existían “las reglas del juego del capitalismo” y China no ha hecho más que “aprovecharse y seguir el juego”. Pero no hay que suponer que esto va a ser indefinido. China, sin dudas, y en un corto plazo, va a jugar “su propio juego”.

Pensar que China puede ser vista y tratada actualmente como “el enemigo” de los EUA, podría ser un trágico error político y de cálculo, de consecuencias impredecibles. Mientras que la economía mundial, y la de muchos países, se encuentra en situación de descenso o estancada, la de China sigue siendo una de las más dinámicas del mundo, a pesar del descenso que programan ellos mismos y sobre lo cual se comentará posteriormente.

En resumen, puede esperarse que el año 2017 sea una continuidad de la fase descendente del ciclo largo de la economía mundial 2, iniciado a principios del actual siglo –y que duraría, posiblemente, hasta el 2020. Pero este próximo año podría estar agravado por algunos de los elementos negativos que han prevalecido en el pasado reciente, más otros nuevos que se intensificarán y algunos que aparecerán – y que no serán precisamente positivos.

En primer lugar, luego de los muy altos ritmos de crecimiento de China, mencionados anteriormente, en el 2014 el país asiático registró un 7,4% (el menor crecimiento en 24 años), para el 2016 se desacelera hasta un 6,5% y para el 2017, las proyecciones preliminares señalan un crecimiento del 6,3%. 3. Estos últimos, en realidad, no son bajos ritmos, pero los chinos, que acostumbran a bautizar con frases sus hechos trascendentes, ya comienzan a hablar de: La “nueva normalidad” como su actual slogan. Esto es, no más crecimiento de dos dígitos, sino que vienen cambios estructurales profundos en esa nación, que incluyen una reorientación esencial de su economía hacia su mercado interno, de ya casi 1 400 millones de personas.

Esta nueva situación supone una desaceleración de las compras chinas, tanto de materias primas – que es un comprador esencial mundial- como de productos terminados y de tecnologías. Las afectaciones pueden ser serias para determinados países y regiones suministradoras a China, como es el caso de Sudamérica, en particular, pero también para economías desarrolladas como, posiblemente, los EUA y Alemania.

No obstante, estas circunstancias se dan en un contexto de posibles incrementos en los costos de la energía, en particular por la elevación durante el próximo año de los precio del petróleo hasta unos 50 dólares, promedio del barril, a partir de los recientes acuerdos de restringir la producción, que están siendo tomados por los miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y también del posible encarecimiento de algunas materias primas.

Esto podría beneficiar a los principales productores, pero afectaría en mayor medida a las economías dependientes de la importación de energéticos y de productos básicos, en general. Japón puede ser uno de esos casos y también otras naciones de Europa.

En los últimos tiempos, y hasta ahora, los EUA han disfrutado de su dólar fuerte, que se ha apreciado frente a casi todas las demás monedas, en buena parte como contraste por las debilidades de muchos de los demás países. Esta fortaleza ha estado determinada por la confianza y las expectativas preferentes de los mercados bursátiles en cuanto al desempeño de la economía norteamericana, y por las perspectivas de la actuación de la Reserva Federal de esa nación, en cuanto a la manipulación de las tasas de interés.

Como reflejo de esta situación, y como tendencia (independientemente de alzas y bajas coyunturales) los índices de esos mercados bursátiles norteamericanos siguen en su crecimiento hasta más allá de los niveles que ya alcanzaron antes de la última crisis de los años 2008-2009. Esta situación tampoco puede ser indefinida. Al igual que las razones que sostienen a la moneda norteamericana no son tan sólidas ni tangibles como para convertirse en garantía de que esa fortaleza pueda mantenerse en un futuro no lejano (año 2017) los valores de los índices bursátiles tampoco lo son y estos, al llegar a un punto de insostenibilidad, se deslizarán nuevamente hacia abajo, como ya ha ocurrido antes, arrastrando a la economía norteamericana y mundial, a una nueva fase recesiva. El tren de la montaña rusa se mueve sólo. No depende de los “pasajeros”. Los descensos son inevitables.

Y resulta que, en un mundo globalmente muy complejo, en una etapa aún de contracción económica y de descenso, y en un momento especialmente difícil del contexto internacional,  llega a los EUA, en enero del 2017 una nueva administración que, hasta ahora, promueve un discurso económico esencialmente aislacionista y proteccionista, que plantea romper acuerdos, abandonar esquemas integracionistas internacionales, construir muros.,, Esto, sin lugar a dudas, de llegar a hacerse realidad, echará “más leña al fuego” y de una manera muy peligrosa para todos, y en primer lugar, para los propios EUA.

No se debe olvidar que los mercados, por su naturaleza, son nerviosos. No están realmente regulados, ni nacional ni internacionalmente. Reaccionan muchas veces no ante hechos, sino sólo ante supuestas intenciones. El proteccionismo es totalmente lo contrario al mundo económico global, que se ha ido tejiendo a escala mundial, en especial, en los últimos cincuenta o sesenta años. Como demuestra la historia, el proteccionismo es un estado de ánimo bélico, propio de períodos de guerra o de pre-guerra, no de las etapas de expansión económica ni de prosperidad. No es el entorno natural de los negocios ni de la libre empresa. Una percepción de riesgo en la movilidad de los capitales y de restricciones en materia comercial puede precipitar, de manera aguda, una nueva crisi

Un ejemplo hipotético, que ojalá nunca llegue a producirse, pero que no debe ser descartado totalmente y que puede dar una medida de la enorme fragilidad del tan supuestamente fuerte sistema monetario y financiero internacional podría estar dado por una coyuntura en la que una China, ya suficientemente fuerte económica y tecnológicamente, se sintiera atacada en sus intereses y tomara la decisión de lanzar de una vez al mercado las enormes cantidades de dólares que posee.

No cabe la menor duda que ante una situación de esta naturaleza, la economía norteamericana  y el sistema monetario y financiero internacional actual, que descansa en el dólar norteamericano en un 50% aproximadamente, colapsaría en cuestión de horas. Sería casi equivalente a una explosión nuclear. Por esto, las decisiones en materia económica o financiera que tomen determinados países pueden llegar a ser tan peligrosas como las militares.

En efecto, el mundo del 2017 puede llegar a ser, para todos. mucho más complejo y riesgoso que el que hemos vivido en los años recientes. Esperemos que el ingenio colectivo y la razón universal se impongan a los falsos profetas emergentes. De todas formas, como es sabido, toda crisis trae siempre ganadores y perdedores, pero igual nuevas oportunidades y también, después de la fase descendente, en la montaña rusa viene, de manera inevitable, el ascenso. Pero, además de todo, va a ser un mundo interesante….. Vale la pena vivirlo.

¡Feliz Navidad 2016¡

1 Dra. Colombo, S. ; “Marco Internacional de la Crisis de 2001”;   http://www.unicen.edu.ar/content/marco-internacional-de-la-crisis-de-2001

2 Ver de Cordero E. “Kondratieff : ¿Hasta cuándo nos acompañará el terrible invierno?”  en  http://esbolsa.com/blog/general/ciclos-kondratieff/

3 Ver El Economista;  “Crecimiento económico de China se desacelerará a 6.5 % en el 2016”; viernes 23 de diciembre del 2016; http://eleconomista.com.mx/economia-global/2016/07/21/crecimiento-economico-china-se-desacelerara-65-2016