Nuevos Escenarios para México

 Dice un viejo refrán: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. En este caso, el “mal” duraría, a lo sumo, ocho años. Esto, históricamente hablando, no es mucho tiempo, pero para los simples mortales (y para los negocios) es demasiado. Hay algo en que los especialistas (e inclusive los no especialistas) coinciden y es que los tiempos que se avecinan serán mucho más difíciles para todos. A mi juicio, una cuestión esencial radica en intentar responder dos preguntas: 1) ¿Cuánto más difícil podría ser, y para quienes? y 2) ¿Qué se puede hacer en estas circunstancias?

Se intentará dar respuestas que, necesariamente, serán generales a estas dos preguntas, a partir de tres escenarios básicos de aquí a los próximos cuatro años, así como de varias premisas o condiciones que, supuestamente, estarán presentes en todas las posibles variantes. Esto no constituye más que un ejercicio, entre los muchísimos que pudieran intentarse. Por favor, interprétese así y no como un intento de pronóstico o predicción, lo cual no deseo hacer.

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Premisas válidas para cualquier escenario:

  • Una cosa son los discursos electorales (¿electoreros?) y otra es ejercer el poder.
  • Vivimos en una economía cada vez más global, y esto escapa a los deseos o la voluntad de individuos o grupos gobernantes. Es “sólo una cuestión de negocios”, como decía El Padrino.
  • Los negocios son los negocios y el capital, antes que bandera o ideología tiene, sobre todo, intereses.
  • Los vínculos económicos y comerciales entre México y los EUA existen desde que existen ambas naciones y responden a intereses y necesidades objetivas recíprocas, y estas últimas van a seguir, normalmente, creciendo.
  • El mundo se encuentra abocado al riesgo de una nueva crisis financiera internacional que podría producirse en el transcurso de los próximos dos años.

Escenario No. 1 (Extremo. El peor)

EUA rompe el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; deporta a  millones de indocumentados y ciudadanos mexicanos; y termina de construir un muro en la frontera entre ambos países, obstaculizando el paso de mercancías y personas, creándose una gran tensión entre las dos naciones y Canadá. Sería, de hecho, equivalente a una declaración de guerra comercial.

Realidades del Escenario 1:

  • Según datos del Gobierno de México 1, el intercambio comercial entre México y EUA  en el 2015 superó los 532 mil millones de dólares; esto es,  mayor que la suma del comercio de EUA con Japón, Alemania y Corea del Sur. EUA es el primer socio comercial de México (con el 64% del comercio total y el 80% de sus exportaciones). México es el tercer socio comercial de EUA (14% del comercio total), luego de China (16%) y Canadá (15.4%).
  •  En EUA viven 34,6 millones de mexicanos. Un 26% de ellos clasifica, según los estándares de esa nación, como pobres 2, pero seis millones de empleos en EUA dependen del comercio con México 1. Por otra parte, se estima que dos millones de norteamericanos viven en México 3. Lo cierto es que las deportaciones no se iniciarían con la nueva administración. Sólo podrían intensificarse.
  • Cada día, más de un millón de personas y cuatros cientos treinta y siete mil vehículos (de carga y pasajeros) transitan,  legalmente, a través de 58 cruces entre ambos países, a lo largo de una frontera de más de tres mil kilómetros.
  • El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no es sólo entre México y EUA, sino que también participa Canadá. Esa nación es el tercer socio comercial de México y el segundo destino de las exportaciones mexicanas.

Consideraciones sobre el Escenario 1:

Dadas las dimensiones y el grado de interdependencia en el comercio, del volumen de las personas que se mueven en ambas direcciones, de la dependencia del empleo en las dos economías, esta variante extrema de política de EUA hacia México, tal como se proclamó en la reciente campaña política del triunfador en la contienda, sería no sólo poco práctica y de difícil, costosa, y prolongada ejecución para EUA, sino que dañaría fuertemente no sólo los intereses económicos de México, sino también, y en no menor medida, los de EUA, en especial  de los estados del sur de esa nación, que son los que tienen los mayores intercambios comerciales con México, así como de grandes empresas norteamericanas establecidas en México y/o que producen para México. Sería, en síntesis, una estrategia de actuación emocional, intempestiva, no económica ni guiada por verdaderos intereses políticos y comerciales y que conduciría a resultados de “perder-perder” para ambas partes.

Posible Estrategia de México ante este Escenario 1:

 Actuar, como se plantea en Teoría de Juegos, con una estrategia de “Ojo por Ojo”. Es decir, a cada medida por parte del contrario tomar decisiones de la misma envergadura y correspondencia hacia la otra parte. Por ejemplo, tratar de desplazar e intensificar intereses comerciales e inversionistas hacia otras naciones y regiones, y en primer lugar hacia Canadá, América Latina, Europa y Asia. Desplegar una política de reciprocidad en materia arancelaria; llevando a la OMC las reclamaciones por incumplimientos comerciales; continuar en el Programa de la Alianza Trans-Pacífico, mientras éste se mantenga; desarrollar programas especiales de asimilación de ciudadanos repatriados:. Mantener un firme rechazo político y logístico a la construcción del supuesto muro fronterizo, evitando por todos los medios contribuir a ese proyecto; intensificar la política de consumir productos mexicanos y en territorio de México, siempre que resulte posible

Escenario No. 2 (Intermedio. Más ajustado a la realidad)

 EUA plantea revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; deporta a   algunos miles de indocumentados y ciudadanos mexicanos; y refuerza las medidas de control fronterizo entre ambos países, dificultando el paso de mercancías y personas

Realidades del Escenario 2

  • El Tratado fue firmado en 1992 y entró en vigencia en enero de 1994. Ciertamente han transcurrido 22 años desde su puesta en funcionamiento y muchas cosas han cambiado en este período. Objetivamente se requiere una actualización del mismo, desde el punto de vista de los intereses de los tres países participantes. Dependerá de cada uno ejercer este derecho de la forma más efectiva posible a sus intereses.
  • La inmensa mayoría de los ciudadanos mexicanos, documentados o no, que viven en EUA son personas honestas y trabajadoras o estudiantes que contribuyen de manera importante a la economía de esa nación, y también de México, por vía indirecta pero, al propio tiempo, puede que existan personas que no clasifican en esas categorías. Esto ocurre en todas partes en el mundo y existen regulaciones al efecto.
  • Las medidas para un mejor y más eficiente control fronterizo beneficiarían a ambas naciones en lo referido a la disminución de la circulación de productos, armamentos y personas no deseables en ninguna de las partes.

Consideraciones sobre el Escenario 2:

Es posible que sea el más realista en una futura posible política norteamericana  hacia México. Cumple, parcialmente, con los principales anuncios populistas de la campaña política. “Endurecería” la política de EUA hacia México pero, al propio tiempo, trataría de afectar, en la menor medida posible, los intereses comerciales y económicos de las relaciones bilaterales. EUA trataría, por todos los medios, de llevarse las mayores ganancias en cada uno de los temas bajo negociación. En este escenario dependerá, en buena medida, de la capacidad negociadora de México reducir las pérdidas” que puedan ocasionarle las medidas de EUA.

Posible Estrategia de México ante este Escenario 2:

Mantener una posición constructiva y abierta a la discusión y actualización de determinados aspectos del Tratado, manteniendo posiciones de defensa de los intereses legítimos del país y de sus ciudadanos, dentro y fuera de México. Al propio tiempo, proceder a una rápida y mayor apertura e intensificación de la búsqueda de posibilidades inversionistas y comerciales con otras naciones y regiones del mundo, tal como sería en el Escenario 1. Contribuir y ejercer un mayor control fronterizo.

Escenario No. 3 (Más Suave. El menos probable, pero no descartable)

El gobierno de EUA, enfrenta una situación de rechazo internacional y de crisis financiera interna, con la caída del dólar y de su economía. Esto le obliga a priorizar otros objetivos internos y a suavizar sus posiciones originales de la campaña. Se demoran y diluyen la toma de decisiones vinculadas a las políticas anunciadas contra México y China

Realidades del Escenario 3:

  • No porque estratégicamente deba ser considerado el menos probable resulta imposible que se produzca. Puede ser que, en un plazo relativamente corto, EUA se vea afectado por una nueva crisis financiera de gran envergadura. En esas condiciones no parece muy factible que esa nación pueda enfrentar, al mismo tiempo, guerras comerciales de signos proteccionistas contra China y México, ambos socios de primer nivel de EUA.
  • EUA presenta déficits comerciales históricos tanto con China como con México. Es decir, ambas naciones le venden a los EUA mucho más que lo que le compran en productos americanos. México sigue comprando más a EUA que a China, pero crece mucho más rápido el comercio con la nación asiática. Con China el déficit comercial americano es mayor que con cualquier otro país del mundo y es de cientos de miles de millones de dólares. A EUA le sería imposible eliminar, a corto plazo, su dependencia de los suministros chinos y mexicanos, por una sencilla razón: No cuentan ya internamente en los EUA con las capacidades de producción necesarias para generar esos productos que requieren y que importan de China o de México, porque hace muchos años que transfirieron sus producciones a esos dos países, entre otras formas, a través de las maquilas. Y eso no es posible modificarlo a corto, ni aún a mediano plazo.
  • No hay que olvidar el papel de China en el sostenimiento del dólar, a través de las compras asiáticas de los bonos de la Reserva Federal y por las transacciones de las importaciones-exportaciones entre China y EUA. China es ya hoy la primera potencia comercial del mundo, por encima de los EUA. China depende de EUA tanto como esa nación depende de China.

Posible Estrategia de México ante este Escenario 3:

Suponiendo inclusive que no se produzca este escenario, México debía tratar de estrechar sus relaciones comerciales con China, priorizando la discusión con ese país asiático acerca de la necesidad de reducir la brecha comercial de la nación azteca con esa nación. El déficit comercial mexicano con China es del orden de los 60 mil  millones de dólares, ya que China compra muy pocos productos mexicanos en comparación con lo que se adquiere en ese país, y su turismo hacia México es casi insignificante. Una coyuntura de enfrentamiento comercial de EUA hacia China podría ser aprovechada, de una manera política y de forma conveniente por la nación azteca, para mejorar sensiblemente su posición comercial con la parte asiática 4), dado que China ya en la actualidad está buscando consolidar su expansión comercial e inversionista en América Latina.  En un escenario de esta naturaleza México podría salir como ganador neto, si logra negociar adecuadamente con todas las partes.

En resumen:

Toda crisis conlleva siempre riesgos, pero también abre nuevas posibilidades que hasta ese  momento no se habían percibido. El arte consiste en sortear los riesgos y aprovechar, al  máximo posible, todas las nuevas oportunidades que aparecen. Sólo la inacción conduce, irremediablemente, a la ruina. Y esto es lo que hay que tratar de evitar por todos los medios.

1) Ver: https://www.gob.mx/presidencia/articulos/relacion-mexico-estados-unidos-49795
2) opinion.com/2015/09/20/los-mexicanos-en-eeuu-son-34-6-millones/
3) http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=538858&idFC=2015
4) Ver en este mismo blog el artículo: “El Triángulo comercial México, China, EUA; Asimetrías y consecuencias”, publicado el 4 de junio del 2016

El Voto de la Ira

Como todos conocemos, puede ser funesto tomar decisiones bajo la influencia de estados de ira, enojo o miedo. Mucho más si esas determinaciones son adoptadas por una parte importante de un pueblo en momentos en que las frustraciones políticas inducen a acciones que pueden ser decisivas para el futuro de esa nación. Pienso que en los Estados Unidos, una vez más, se acaba de repetir esa triste experiencia…Ya ocurrió anteriormente en la Alemania deprimida de inicios de los años treinta del siglo XX, en la China golpeada de los años cuarenta, y en la Venezuela, viciada por la política, de finales de los noventa; por sólo mencionar algunos acontecimientos conocidos. Se sabe de las consecuencias de esos sucesos.

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El pasado 29 de mayo, en este propio blog, publiqué un trabajo titulado “Una visión sobre los Estados Unidos ante las elecciones de finales del 2016”. En ese artículo señalaba:  “En efecto, todo parece indicar que hechos reales presentes en la economía norteamericana en estos momentos, no obstante los débiles signos de recuperación que muestran las estadísticas y la prensa, inducen a una gran desorientación, más o menos generalizada, y a la percepción de un cercano nuevo estallido financiero, en gran escala. Esa sensación de crisis a las puertas, obviamente, constituye terreno fértil para la aparición de cualquier manifestación que prometa: “Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo….” Al parecer, esto fue lo que, en esencia, ocurrió en las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Muy pocos analistas, por no decir ninguno, predijeron lo que realmente sucedería. Esto demostró que, no obstante no se reconozca, sabemos muy poco de esa nación y de su pueblo.

Los resultados en verdad rebasaron las preocupaciones iniciales y lo primero que pueden mostrar es que los Estados Unidos, a pesar de su nombre, los “Estados” están cada vez más lejos de estar tan “Unidos” como podría suponerse. El país se ha polarizado y dividido, como posiblemente nunca antes se haya visto en una elección allí. La situación se fue por encima de las pasiones políticas que despiertan, obviamente, una contienda electoral y se convirtió en una confrontación de intereses profundamente contrapuestos en una sociedad cada vez más diversa y heterogénea.

Es posible que parte importante del “voto de castigo” dado por un amplio sector de la sociedad norteamericana a la candidata que representaba el establishment tradicional de la política norteamericana estuviera determinado por una percepción, más o menos generalizada, sobre errores, debilidades, insuficiencias o deficiencias cometidos por ese sector político en el pasado reciente, o aún en el presente.

Pero la otra parte de la explicación pudiera estar dada por la posibilidad de que el cosmopolitismo, el “melting pot” (crisol de razas o “americanización”) de las culturas que caracterizan la sociedad estadounidense se haya desbordado y se esté asistiendo a un enfrentamiento de fondo entre los dos polos genéricos que componen esa nación: los “anglos”, bastante homogéneos en cultura, religión, etc. y el “resto”, tan diverso que incluye latinos, musulmanes, afronorteamericanos, asiáticos, entre otras minorías, así como a todas sus combinaciones posibles. El primer grupo; los anglos, “los que llegaron primero”,  están en amplia reducción como proporción poblacional y su influencia. El segundo, “los que se incorporaron después”, se encuentra en expansión demográfica y económica. De ser esto así, es decir, por una confrontación de esta naturaleza, entonces nada bueno puede esperarse.

Lo anterior no quiere decir que grupos humanos que por su origen puedan pertenecer, genéticamente hablando, al grupo de los ciudadanos blancos de origen sajón no se identifiquen con intereses y preocupaciones de otros segmentos de la población no sajona, ni que todos los “no sajones” coincidan con las posiciones de las minorías a las que ellos pertenecen. Hay de todas las situaciones.

Pero, en fin, cualquiera sea la explicación de las causas de lo que ocurrió, lo más preocupante y grave es la profunda hendidura que muestra la sociedad norteamericana y lo que comienza a partir de ahora, así como lo que se puede esperar de esta nueva situación internacional que se inicia, aún antes de la toma de posesión en enero del 2017.

Independientemente que se respete la decisión, no muy amplia, pero mayoritaria, de la parte del pueblo norteamericano que acudió ayer a las urnas, en verdad cualquier observador desapasionado puede reconocer que la imagen personal que mostró el “candidato electo” en sus múltiples intervenciones a lo largo de todos estos meses de difícil y desagradable campaña política no ha dado, para nada, la impresión del mínimo de seguridad, claridad, equilibrio emocional, dominio, aplomo y experiencia que se supone deba tener cualquier presidente de un país; mucho más si se trata de los Estados Unidos de América del año 2017.

En este sentido, partiendo de lo que infinidad de expertos consideran como una real y objetiva falta de preparación de esta persona para ese cargo, una gran incógnita será: ¿Le resultará posible modificar su comportamiento anterior o seguirá, como Presidente de los Estados Unidos, enviando la misma impresión de prepotencia e improvisación, por decir lo más leve, que lo caracterizó como candidato? Es posible que no le interese cambiar su imagen o que realmente no pueda, pero de esto dependerán muchas cuestiones. No sólo la representatividad y el respeto internacional a los Estados Unidos como nación, sino también la seriedad de los pasos políticos que se pueda esperar de ese nuevo gobierno.

La historia también ha enseñado, a través de sus múltiples lecciones, que en situaciones como la que comienza hoy, la euforia y el triunfalismo inicial de determinados grupos sociales, se convierten en un plazo no largo en un “bumerang” que golpea a los que lo lanzaron, y pienso que serán los propios Estados Unidos los que llevarán la peor parte de esta decisión.

Por otro lado, en mi opinión, para el mundo la señal es clara: Prepararse para lo peor. Para un tsunami o un terremoto, similar al de México en 1985, en el decir de hoy en la mañana de Enrique Krauzer, historiador y escritor liberal mexicano. Claro está también que, junto con los Estados Unidos, lamentablemente México compartirá resultados nada esperanzadores ni positivos en esta nueva situación. La otra pregunta: ¿Está la nación azteca realmente preparada económica y políticamente para las tormentas que se avizoran? Esto está por verse.

Pero, como también se sabe, en toda crisis hay amenazas, pero igualmente oportunidades. Y dicen personas grandes, con mucha experiencia, que: “A grandes males, grandes remedios”.  Y es posible que México, como nación que en la actualidad se perfila como la décima economía a nivel mundial, según Forbes, en medio de estas previsibles y muy difíciles circunstancias, sin abandonar ni dejar a un lado las obligadas relaciones con los Estados Unidos, sea capaz de crecerse, de levantarse por sí misma de una vez por todas; que esto sea el “encontronazo” necesario para impulsar a México a abrirse hacia nuevos horizontes y alternativas, dejando a un lado la tradicional tutela y dependencia del vecino estadounidense y desterrando ese dicho y ese pensamiento, tan habitual y poco feliz, de que: “Cuando los Estados Unidos estornudan, a México le da pulmonía”.