El Grupo BRICS. Un mito que se derrumba

Está teniendo lugar una profunda recesión económica en Brasil, con un déficit fiscal record, lo cual ha desembocado en una crisis gubernamental que condujo a la destitución de la Presidenta. Esto, unido al “destape” de un extenso caso de corrupción en una de las estrellas del país; la estatal industria petrolera Petrobras, que ha salpicado a notables figuras de la política y producido una honda alteración en lo que mundialmente hasta hace muy poco era visto como un exitoso tejido político en esa nación, obra de la izquierda sudamericana.

Estas circunstancias, obviamente, llevan a muchas personas a pensar si esto que está ocurriendo en una de las piezas más importantes del grupo de las mayores y más pujantes economías del planeta; el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) no pone en duda la vigencia de lo que se “vendió” como un paradigma del desarrollo actual y hacia el futuro, a partir de supuestos notables desempeños y crecimientos económicos de ese conjunto de naciones en los últimos años. Una de esas personas, colega y amiga, doctora y profesora en Economía que vive en España, me hizo la pregunta: ¿Hasta qué punto esa situación en Brasil no echa por tierra ese referente de un nuevo tipo de desarrollo económico, e inclusive, al propio concepto del grupo BRICS? En las siguientes notas trataré de dar mi  punto de vista sobre esta interrogante y se verá que no es sólo un problema de Brasil……..

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Comenzando por los orígenes de esa categoría de los BRICS. Ese agrupamiento de naciones  comenzó a partir de un estudio elaborado en el año 2001 por la firma inversionista norteamericana Goldman Sachs sobre las potencialidades de las grandes economías emergentes del mundo. En ese informe denominaba a los cuatro países que originalmente formaban ese conjunto como el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Esto quedó ahí inicialmente; pero surgió la idea y se sembró la semilla. Hubo una primera reunión informal de los líderes de esas cuatro naciones en el 2006 y una primera reunión formal de cancilleres, en Rusia, en el año 2008. A partir del 2009 se han reunido sistemáticamente cada año los jefes de gobierno de esos estados, a los cuales se sumó Sudáfrica en el 2011.

No cabe duda que ese grupo de países constituye un formidable potencial de todo tipo de recursos. Y que su significado estratégico resulta determinante en el mundo actual y que lo será mucho más hacia el futuro. Una muestra de ello es la extensión geográfica del conjunto de esas naciones, que representa más de una cuarta parte del planeta; cuentan con más de un 40% de la población mundial; producen aproximadamente una quinta parte del PIB global; generan un 35% del total de la energía eléctrica de la Tierra, entre otros indicadores significativos. Es decir, el mundo tiene que contar con ellos. Pero ojo, con cuidado.

¿ Qué de común tienen, además de ser muy grandes sus escalas nacionales. en términos de superficie y población? Son varios los rasgos que comparten. Lo primero es que, históricamente hablando, esos cuatro estados originales fueron en el pasado, y en algunos casos hasta épocas no tan remotas, y aún en el presente (aunque no se reconozca), naciones imperiales. Sudáfrica, por su parte, fue hasta hace poco una colonia de imperios europeos.

Este hecho, que a simple vista pudiera no tener mayor significado, puede que condicione ciertos rasgos culturales y costumbres propias que conectan con su situación del presente. Así, por ejemplo, en esas naciones del grupo BRICS – quizás exceptuando Brasil- el sentido de la democracia, tal como se concibe en el occidente europeo o americano, no tiene mucho sentido o, en el mejor de los casos, un significado diferente al que se le da en las regiones occidentales.  Por otra parte, las cinco naciones que forma el grupo de los BRICS no son, para nada, estados homogéneos, con grupos humanos semejantes e identificados con una misma cultura, lengua, religión, costumbres, etc. Por el contrario,  esas naciones son todos estados multiétnicos, multilingües, multiculturales, etc. y también, obviamente, con una enorme dispersión en  cuanto a los niveles integrales de desarrollo económico o social que se pueden encontrar al interior de esos estados. Por todo ello, cualquier generalización que se realice sobre cada uno de estos países, considerando sólo el hecho de disponer del status político de ser estados-naciones, no garantiza la corrección de las conclusiones.

Realicemos una muy breve incursión sobre cada uno de esos países, para ilustrar lo que tratamos de demostrar.

El Brasil,  entre los años 1822 y 1889 fue el Imperio de Brasil, base del Imperio portugués, con Rio de Janeiro como su capital.  Con sus actuales 208 millones de habitantes, distribuidos en 8,5 millones de km2, según el Instituto Brasileiro de Geografía y Estadística, está integrado por cinco grandes regiones naturales. Cada una de ellas de entre 0,6 y 4 millones de km2  y la menor con 12 millones de habitantes, con climas, relieves, vegetaciones e hidrografías disímiles, pero también con poblaciones con características y niveles de desarrollo muy desiguales. Son, en la práctica, “cinco naciones brasileñas”.

En Brasil coexisten inmensas zonas de alto grado de subdesarrollo económico y social con otras partes, en el sur específicamente, que son territorios que comparan con niveles de desarrollo económico e industrialización de países europeos. Por esa razón, hablar de un ritmo o tasa de incremento promedio anual de la economía brasileña en su conjunto es un sinsentido, en el estricto significado estadístico económico. Brasil tiene el dudoso honor de ser uno de los países, sino el que más, con las mayores desigualdades económicas y sociales del mundo. Pero, si además de esto se añade que su crecimiento económico interanual ha sido relativamente bajo e inestable y que en años recientes ha fluctuado desde un máximo de un 7,6% en el año 2010 respecto al 2009 hasta un – 3,8% en el 2015, en relación con el 2014, podrá suponerse el profundo desequilibrio en que se encuentra esa nación. Según los expertos, en este momento se presenta la peor caída económica en los últimos 20 años y una de las más agudas en las últimas ocho décadas. 1  

Es cierto que durante los ocho años de mandato del Presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva, entre los años 2003 y 2010, las políticas de su gobierno lograron sacar de la pobreza extrema a 30 millones de brasileños y que se logró un ritmo de crecimiento promedio de la economía del orden del 4%, no tan bajo, aunque nada extraordinario. Verdad es también que en la etapa de Lula la nación pasó de ser deudora a acreedora, saldando su deuda externa. Pero, esto ocurrió en años en que existió una elevada alza internacional en el precio de las materias primas y, en particular, de muchos productos agrícolas que produce Brasil  y también una enorme demanda de China de esos productos, todo lo cual fue muy bien aprovechado por el gobierno de Brasil en ese momento. Hay que decir también que otras naciones latinoamericanas no explotaron esas oportunidades. Pero todo ello quedó atrás. Posteriormente se revirtió una parte importante de los logros alcanzados y es difícil pensar que Brasil, con independencia de su gran potencial, pueda ser considerado actualmente como un verdadero referente o modelo de desarrollo económico y social. El “nuevo milagro brasileño” se esfumó…..por ahora.

Rusia, por su historia e identidad nacional, fue, es, y será un imperio; con independencia de las alternancias en los regímenes zaristas, socialistas o democráticos y de las etapas buenas o malas de su economía. Quien conozca un poco esa nación se da cuenta que ese es su modo natural de existencia; un centro, Moscú, con una enorme periferia, también integrada por múltiples etnias, culturas, lenguas e intereses; que no son sólo el pueblo ruso. La sicología intrínseca de gran potencia, que también lo ha sido durante mucho tiempo, permea las diferentes capas de esa sociedad.

Luego de los primeros tormentosos y críticos años de la transición del Socialismo inacabado al Capitalismo incomprendido, que caracterizó la desintegración de la Unión Soviética y su reconversión en Rusia durante toda la década de los años noventa del pasado siglo, siguió una etapa de alto crecimiento económico en los primeros años del presente siglo, que llegó al 6.5% – 6,8% en los años 2002-2003. Casualmente, en el caso de Rusia, al igual que en el de Brasil,  coincidió ese alto crecimiento con el período de elevados precios de las materias primas y Rusia es, ante todo, un productor y exportador de materias primas y, en primer lugar, de hidrocarburos, que representan la tercera parte de los ingresos totales de su presupuesto.

Pero esta situación, del mismo modo, cambió. Con la caída de los precios de esos productos se precipitó la disminución de los crecimientos de esa nación y ese ritmo, que entre los años 2000 y 2008 estuvo entre el 5% y el 10%, de un año a otro, en el 2009 cayó a -7,8% y de ahí en lo adelante ha ido descendiendo, manteniéndose entre el 3 y el 4%, hasta llegar a un estimado del -3,7% para el 2015 2 En Rusia se ha estancado la producción industrial. Su falta de dinamismo obedece, entre otras razones, a la falta de inversión en su infraestructura. Algo similar ocurre en otros sectores, como las comunicaciones. Ha perdido su autosuficiencia alimentaria y depende en casi un 50% de la importación de alimentos. Por otra parte, los problemas sociales son muy graves. La población de Rusia, en términos absolutos, desciende por millones de personas. La tasa de mortalidad es vez y media la de natalidad y la esperanza de vida del hombre ruso actualmente es inferior a la de muchos países subdesarrollados.  Todo esto unido a una tradicional corrupción galopante y la ampliación de las desigualdades y la brecha entre ricos y pobres. Se repite la historia. Rusia tampoco es ningún referente o modelo a seguir.

En la India, luego de milenios de imperios autóctonos que se sucedieron y extendieron en el tiempo, un imperio venido desde el exterior, el Inglés, ocupó totalmente su territorio y colonizó esa nación desde mediados del siglo XIX hasta 1947, en que alcanzó su independencia. La India es hoy el segundo mayor país del mundo, en cuanto a cantidad de población, con más de mil trescientos millones de seres humanos, muy cerca de China.

Igual que en los casos de Brasil y Rusia, en sus 3,3 millones de km2  de la India viven infinidad de grupos étnicos, con culturas, religiones, historias e intereses diferentes. En el caso de la India cierto es que su crecimiento económico en los últimos años no ha estado tan subordinado a la evolución de los precios de las materias primas en el mercado mundial, y se ha alcanzado un cierto grado de diversificación de su economía y que, en términos per cápita, ha estado creciendo en el intervalo de entre un 5 y un 7% de un año al otro desde inicios del año 2000 a la fecha, siendo uno de los países con mayores ritmos de crecimiento global en ese período.

Pero, al propio tiempo, aunque la situación ha mejorado en los últimos años, aún la mayoría de esos grupos humanos que integran la nación india viven en condiciones de pobreza muy elevada. Se estima por el Banco Mundial que en el año 2011 todavía el 58% de la población vivía con sólo 3,10 $US, por día, en términos de paridad del poder de compra 3 India sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, no obstante su potencial, que incluye una dotación de plantas nucleares y, en números, el principal productor de películas del mundo.

A partir de los años noventa del pasado siglo XX el gobierno hindú ha seguido una política de privatización de los recursos naturales; bosques, minas, etc. que ha conducido a muchas tensiones y desplazamientos de cientos de millones de personas de las zonas rurales. A pesar del “éxito macroeconómico” de la India todo ese proceso de expansión ha estado acompañado de una ampliación de las desigualdades sociales. En particular, se mantiene una alta tasa de violencia y de falta de derechos de las mujeres, que incluye el sacrificio de recién nacidas, partiendo de una sociedad hindú que sigue siendo profundamente patriarcal y machista y donde, además, se mantienen muchas manifestaciones de enfrentamientos religiosos y étnicos.

Como si esto fuera poco, un estudio del año 2012, elaborado por R. Vaidyanathan, profesor de finanzas en el Instituto Indio de Administración de la ciudad de Bangalore, concluyó que en la India se pagan anualmente 70 mil millones de dólares en sobornos, a cambio de servicios gubernamentales comunes y corrientes. En igual sentido se pronunció Joginder Singh, exdirector del Buró Central de Investigaciones del Departamento de Policía: “Los pobres son las peores víctimas de la corrupción, pues no se salvan de desembolsar sobornos cada vez que necesitan hacer un trámite en una oficina pública. La corrupción es lo que mantiene a la mayoría de los indios en la pobreza, pese a que viven en un país rico en recursos naturales y humanos”, dijo Singh, 4 No parece que esa nación sea tampoco un buen referente.

La República Popular China es la mayor nación del conjunto BRICS y, posiblemente, el “alma inspiradora” del grupo. Ese gigantesco país asiático ha obtenido un extraordinario e innegable éxito al convertirse en la primera potencia comercial y económica del planeta, en sólo poco más de tres décadas y media, partiendo de unos niveles muy altos de pobreza generalizada. Pero, al propio tiempo, con frecuencia se obvia el hecho de que China fue un próspero imperio durante miles de años, hasta que, por circunstancias políticas internas y externas, se sumió  primero en un estancamiento durante el siglo XIX, y luego en un gran retroceso durante prácticamente todo el siglo XX.

A mediados de ese pasado siglo, y al calor de los sucesos de la Segunda Guerra Mundial en Asia y del ejemplo de la entonces pujante Unión Soviética, tuvo lugar una revolución en China que, bajo la dirección de Mao Zedong, fundó la República Popular en 1949, estructuró el país e inicialmente permitió recuperar logros económicos y sociales a partir de un esquema de sociedad socialista, al estilo soviético. Pero el voluntarismo político y la férrea ideología económica de Mao durante los años sesenta, y hasta finales de los setenta del pasado siglo, específicamente hasta su desaparición física en 1978,  condujeron a la nación asiática a una profunda crisis económica y política que llevó al aislamiento del país y a la muerte a millones de seres humanos.

Esa situación sólo comenzó a cambiar luego del fallecimiento de Mao, con el ascenso al poder de Deng Xiaoping, hombre proveniente de las propias altas esferas del Partido Comunista de China y que había sido penalizado por sus ideas reformistas. Deng Xiaping rompió con las concepciones de la extrema izquierda de Mao y emprendió una transformación total de la economía y de la sociedad china, con un modelo enteramente nuevo; un conjunto de reformas autodenominadas “Socialismo con características chinas” pero que, en esencia, resultó ser una peculiar mezcla de capitalismo de Estado con  capitalismo empresarial nacionalista y neoliberal; con fuerte participación de la inversión extranjera, especialmente norteamericana. Deng Xiaoping, al propio tiempo, logró mantener el control político del gobierno, dirigido por el Partido, con muy pocos atributos y ejercicio de lo que en Occidente se conoce como Democracia, y una alta dosis de represión y de control ciudadano. Esta situación se mantiene hasta el presente.

En China los resultados macroeconómicos, medido en términos de ritmos de crecimiento promedio anual, han estado en torno al 10% en los últimos treinta años y esto ha producido una extraordinaria expansión económica. Pero aquí tampoco esto significa necesariamente que haya tenido lugar un verdadero proceso de desarrollo, en su sentido integral, desde el punto de vista social, ambiental y económico. 5

Una parte de esa nación, especialmente en las zonas costeras, se ha convertido en una gigantesca planta de ensamblaje industrial, orientada a la exportación; una maquila, con tecnología y recursos fundamentalmente provenientes de los países industrializados de Occidente, aprovechando la mano de obra barata y, hasta ahora, disciplinada de los chinos. Ese sistema económico ha profundizado las desigualdades sociales y se estima que China ya hoy compite con Brasil por el primer lugar en cuanto a la brecha en ingresos de la población.

En la propia comparación de la base de datos del Banco Mundial del porcentaje de la población que vive sólo con 3,10 US$ diarios se tiene que para China esa proporción es de un 27%; es decir, más de la cuarta parte de todos sus habitantes. Al propio tiempo, según un estudio del 2016 de la firma china Hurun, en Beijín viven 100 personas que disponen de fortunas personales mayores a los 1 000 millones de dólares: esto es, 95 más que los “billonarios” que viven en New York. En China, 568 personas son mega millonarias y su patrimonio conjunto es mayor que el PIB de Australia. Esa cifra comparable de mega millonarios en los Estados Unidos es de 535.

A principios del año 2016, el Tribunal Supremo Popular de China y la Fiscalía de ese Estado instauraron oficialmente la pena de muerte a los líderes corruptos que malversen o reciban sobornos superiores a los 463 mil dólares. Esa sanción se aplicará siempre que esas personas no se arrepientan y no devuelvan lo malversado, en cuyo caso se cambiará la pena de muerte por cadena perpetua. Pero, el fenómeno de la corrupción sigue siendo una constante generalizada en la sociedad china, habiendo sido objeto de análisis y discusión, casi permanente, en las altas esferas de la dirección política de esa nación. En síntesis, la experiencia de China, a pesar de sus éxitos macroeconómicos y comerciales, no parece ser tampoco el referente ideal que muchos ven en esa nación.

Por último, Sudáfrica, el “hermano menor”, y más reciente miembro de los BRICS, es igualmente una nación muy contradictoria y notoria por su diversidad étnica, cultural, de lenguas, y de creencias religiosas. Una medida de esa  multiplicidad está dada por el hecho de que su Constitución reconoce once idiomas como oficiales del país. El 80 % de la población sudafricana pertenece a la raza negra y el 20 % restante se reparte entre blancos, hindúes y de otras nacionalidades. La colonización europea del territorio de Sudáfrica comenzó a mediados del siglo XVII (En 1652 se asentaron los holandeses) luego vendrían alemanes, belgas y sobre todo ingleses, y su status colonial se prolongaría hasta 1994, en que triunfa la causa de Nelson Mandela y se pone fin al apartheid. Pero esto no significó, para nada, el fin de la pobreza y las desigualdades.

Sudáfrica es la economía más potente del África Sub sahariana. Su riqueza minera es una de las más importantes del mundo (oro, platino, diamantes, níquel, cromo, uranio, etc.) lo que quizás determine su pertenencia al grupo BRICS,  pero es igualmente una de las diez naciones más desiguales del mundo, en materia de distribución de los ingresos. Se estima que aproximadamente la cuarta parte de la población está desempleada y que esa misma proporción vive con menos de 1.25 US $ diario. Esa nación es un importante polo de atracción turística, a pesar de que existe una gran ola de criminalidad, de corrupción y de descontrol social. Ese país, por razones obvias, también se aleja bastante de lo que podría ser considerado como un modelo de desarrollo a imitar.

En resumen: No obstante sus dimensiones y potencialidades económicas, ninguno de los cinco estados que conforman el llamado grupo BRICS parece estar llamado a convertirse en verdadero ejemplo a seguir. Coinciden en sus orígenes imperiales y en lo relativo a grandes extensiones territoriales, volúmenes de población, riquezas naturales, diversidad cultural, de lenguas y de etnias. Y, en algunos casos y hasta cierto punto, en crecimientos globales relativamente altos en los últimos años.

Pero, también se repiten al mostrar elevados grados de desigualdad en la repartición de los ingresos, agudos índices de pobreza, de problemas sociales, de contaminación ambiental, de corrupción. Índices que denotan que aún la tarea del desarrollo de esas naciones…..sigue siendo una “asignatura pendiente” a pesar del crecimiento, y que en este Grupo BRICS son más los mitos que las realidades.

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1  Ver: Anuario Estadístico de la CEPAL 2015 y diario El País;             internacional.elpais.com/internacional/2015/12/01/actualidad/1448994684_803887.html    

2  Ver: Indicadores del Desarrollo Mundial, Base de Datos Banco Mundial;  http://databank.bancomundial.org/data/reports

 3  Ver: Idem a la nota anterior

4  Ver: http://www.ipsnoticias.net/2013/10/corrupcion-hunde-a-los-indios-en-la-pobreza/ 

5  Ver en este propio blog el trabajo anterior: ¿Qué significa que la economía crezca al 2,5% en lugar del 2,4%?