¿Qué significa que la economía crezca al 2,5% en lugar del 2,4%?

Un ejercicio recurrente del Fondo Monetario Internacional, de otras instituciones financieras internacionales, y también de las nacionales, es realizar de manera sistemática y frecuente correcciones de los estimados para el crecimiento económico, bien sean al alza o a la baja, Estos son, casi siempre, ajustes de uno, dos o, a lo sumo, tres décimas de puntos porcentuales, entre una y otra proyección. Cada vez que se producen estos ajustes ellos siempre resultan alimento obligado de la prensa nacional e internacional. Pero, en términos prácticos: ¿Qué  significado real puede tener una diferencia de uno, dos o tres décimas de puntos porcentuales, en un contexto de crecimiento de una economía que crezca entre un 2 y un 3%, como promedio anual? Verdaderamente, su principal sentido es poder decir que esa economía se mueve, que no está inerte, y sugerir, muy débilmente, en qué dirección tiende a desplazarse. Es, ante todo, un mensaje a los inversionistas potenciales…. Hasta ahí. Pero esto, la inmensa mayoría de las personas no lo sabe.

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Para comprender mejor el significado del “crecimiento económico” es posible que sea conveniente  vincular este concepto y diferenciarlo del “desarrollo económico”.  No fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando algunos notables economistas norteamericanos y europeos comenzaron a sistematizar, mediante modelos económico-matemáticos, los conceptos necesarios para entender el proceso del crecimiento económico, para más tarde llegar a una profundización, y a una expresión más depurada, en lo que constituyen las teorías del desarrollo económico. 1

Aunque existieron, y existen, múltiples escuelas e interpretaciones sobre estos procesos, se llegó a un consenso, bastante generalizado, en el sentido de que el crecimiento económico se refiere, esencialmente, a la relación circular que hay entre la expansión de las cantidades de factores o recursos que se aplican en un sistema económico durante un periodo y su manifestación en un incremento en el producto final del sistema. En este sentido, se refiere a relaciones que tienen una expresión fundamentalmente cuantitativa; esto es, de aumento de las cantidades o magnitudes de los resultados económicos, en dependencia del incremento en los recursos invertidos

Por su parte, el desarrollo económico va un gran paso más allá. Consiste en las transformaciones estructurales que conducen a cambios profundos y permanentes en las relaciones entre esos factores, recursos y producciones en un período determinado. Esto es, las mutaciones, las renovaciones, esencialmente cualitativas, que producen una modificación del funcionamiento de todo el sistema.

Es evidente que para lograr un verdadero Progreso Económico se requiere tanto de un proceso de crecimiento económico, que aporte el sustento de expansión volumétrica, así como también las transformaciones en la composición, eficiencia, eficacia y productividad del sistema; esto es, los cambios integrales en las calidades del trabajo y de la vida, que traen un proceso de desarrollo económico.

De esta forma, es posible que en un determinado país, en un período, se pueda producir un proceso de crecimiento económico, de aumento de los volúmenes de las principales variables que definen su sistema económico, sin que se produzca un verdadero proceso de desarrollo económico, de innovaciones o transformaciones económicas, sociales, tecnológicas, ambientales, que conduzcan a una verdadera diferenciación en el tiempo de esa sociedad en relación consigo misma y con otras naciones. Puede ser sólo una expansión de la economía.

Pero lo inverso es imposible que ocurra. Es decir, que en una nación o región se pueda dar un proceso de desarrollo económico sin que esté presente un determinado, alto y estable, ritmo de crecimiento o de expansión económica, por un período más o menos largo. Y esta realidad se desconoce con mucha frecuencia. Especialmente por los políticos que prometen procesos de desarrollo económico, como fórmulas mágicas o como conejo sacado de un sombrero, sin que esté presente una sustentación en un crecimiento económico, lo suficientemente constante, elevado y sólido, de las variables fundamentales. Esta conclusión, que pudiera parecer una verdad de Perogrullo, resulta esencial y muchas veces olvidada. Un símil que en ocasiones se utiliza para ilustrar a qué se refiere esta situación es la del vuelo de un avión. Se sabe que para que una nave pueda despegar debe alcanzar en tierra una velocidad tal como para que pueda levantarse.  Si no lo logra, no llega a subir. A la economía le sucede lo mismo. Es imprescindible que en un trayecto o recorrido suficientemente largo alcance una velocidad  (tasa de crecimiento) tal que le permita cambiar su estado. Si no lo logra, tampoco llega a levantar vuelo (desarrollarse).

¿Qué significa esto? Algo que si no es tan conocido es la relación que existe entre los ritmos o tasas de crecimiento promedio anual (la velocidad) y lo que tarda una variable en crecer. Así, se puede demostrar matemáticamente las siguientes relaciones:

Años que tardará (aproximadamente) una variable en duplicarse a distintas tasas de crecimiento promedio anual  

TASA (en %)

AÑOS

0,1

700

0,2

350

0,5

140

0,7

100

1,0

70

2,0

35

5,0

14

7,0

10

Esto quiere decir que una economía cuyo Producto Interno Bruto crezca al 0,7%, como promedio cada año, tardará 100 años en duplicarse. Si lo hace entre el 1% y el 2%, entonces demorará, respectivamente, entre 70 y 35 años en duplicarse. A un 2,5% sería unos 30 años. Esta es la realidad que acontece, como proceso histórico, en la mayoría de las naciones no desarrolladas y, en especial en América Latina.

Si se toma, como criterio generalizado, que un cambio generacional se produce cada 25 años, entonces las personas que nacen en países que crecen al 1% como promedio anual, tendrán que esperar casi tres generaciones para ver duplicado el Ingreso de su país. Y el Ingreso, calculado por habitante, requeriría de mucho más tiempo, si la población crece a un ritmo mayor que el del Ingreso.

Según datos del Estudio Económico para México de la OECD para el año 2015, la tendencia al crecimiento promedio que presenta la economía de este país, medida a través del Ingreso por Habitante, durante los últimos 45 años, es del 0,6%. Cierto es que  han tenido lugar alzas y bajas durante este largo período, pero el crecimiento, en general,  ha sido muy bajo, cambiante e inestable, lo cual constituye, en sí mismo, una irregularidad en el funcionamiento de una economía a largo plazo.

Para un período más cercano, y utilizando un indicador más convencional, y no por habitante, durante los sexenios de los presidentes Zedillo, Fox y Calderón, en esos 18 años, el PIB de México, medido en términos absolutos, creció a una media geométrica anual del 2,5%. Y en lo que va la actual administración de Peña Nieto se registra un crecimiento en torno al 2,05% 3

Entonces, se puede afirmar que con una  evolución en el crecimiento económico promedio de la nación azteca, tal como el que ha tenido lugar durante un muy extenso período, es muy difícil – por no decir imposible-  que pueda sustentarse una tendencia al desarrollo que resulte apreciable y significativa a los ojos de sus actuales ciudadanos. Y ello no parece ser una cuestión de alternancia de partidos o de figuras, sino algo mucho más profundo y aún pendiente de enfrentar. Por otra parte, para un país con las características y potencialidades que tiene México, no existe una explicación clara y suficientemente aceptada de las posibles causas de este anémico y endémico crecimiento.

Para que se tenga una idea de los ritmos de desarrollo sostenidos que suponen poder lograr el tránsito de una economía subdesarrollada a otra desarrollada, baste señalar que las tasas de crecimiento promedio del PIB de China entre 1979 y el 2014, en 35 años, fue del 9.7%  4; Entre 1976 y el 2014, el pequeño estado de Singapur creció, como promedio, a un 6,8% 5: El crecimiento económico de Corea del Sur, entre 1961 y el 2014, fue en promedio de un 7,4% anual 6 . Es decir, las naciones que se han ido desarrollando a finales del siglo XX e inicios del XXI (asiáticas en su totalidad) han crecido todas a ritmos cercanos o superiores al 7% promedio anual, durante 30 o 40 años. Esto es, duplican sus niveles de producción cada 10 años, en tanto que las que crecen al 2% demoran 35 años en duplicarlo. Y esta diferencia es significativa, especialmente para la mayoría de los seres humanos que vive en una u otra circunstancia.

Bajo tales condiciones ¿Qué sentido práctico puede tener entonces una discusión de una décima de puntos porcentuales en una escala del 2 o 3% de crecimiento anual??? Lamentablemente muy poco significado. El mayor problema es otro y estos enfoques no lo reflejan…….. La tarea sigue pendiente.

1  Entre esos pioneros se encontraban Sir Roy Harrod, Nicolas Kaldor, Joan Robinson, de Gran Bretaña;  Evsey D. Domar,  Robert   Solow, Paul A. Samuelson, de EUA; entre otros. 

2  Tomado de: Bustelo, F. “Historia Económica. Introducción a la historia económica mundial. Historia económica de España en  los siglos XIX y XX”; Edit. Complutense; Madrid; 1994; pág. 43

3 http://www.mexicomaxico.org/Voto/PIBMex.htm

4 China Statistical Yearbook, 2015

5 http://www.libremercado.com/2015-04-10/como-se-convirtio-singapur-en-el-pais-mas-rico-del-mundo-1276544926/ 

6 http://www.theglobaleconomy.com/South-Korea/Economic_growth/

 

 

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