La buena cara frente al mal tiempo

Todos conocemos el viejo refrán español que dice: “Al mal tiempo buena cara”, pero lo que nadie explica es: ¿Cómo poner buena cara al mal tiempo?

Hace unos días, un alumno que leyó dos de los últimos trabajos publicados en este blog, relacionado uno con el tema de la enorme concentración de las riquezas financieras y monetarias en un puñado de bancos “globales” y sus implicaciones (9 de junio) y el otro sobre el triángulo comercial México-China-EUA y sus asimetrías (4 de junio) me hacía dos preguntas, muy lógicas e importantes. Estas son: Si es cierto que una nueva crisis está por venir, “¿Qué hacer para que el golpe (que evidentemente todos sufriremos) no sea lo suficientemente fuerte como para knockearnos?” y “¿Qué medidas tomar para solucionar el endeudamiento y dependencia de México hacia China?”. Le explicaba al estudiante que, sin ánimos de adivino (que estoy muy lejos de pretenderlo) iba a intentar algo así como una aproximación a una respuesta a estas dos interrogantes que, según mi parecer, ambas tienen una determinada relación. Aquí va la tentativa.

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La proximidad de una nueva crisis monetaria y financiera internacional no es algo extraordinario y la avalan una serie de situaciones objetivas. No obstante el enorme poder de las 28 corporaciones financieras que dominan el mundo1 a los bancos les está yendo muy mal. Y eso es un problema serio, precisamente, por el poder que tienen. El índice KBW, creado en The Philadelphia Stock Exchange, y que es un indicador económico de la capitalización promedio de 24 de esas mayores instituciones bancarias del mundo, apunta en la actualidad a su peor registro desde inicios del 2011. El valor de las acciones de los grandes bancos sigue cayendo. Por otra parte, la “combinación perversa” de un dólar cada vez más fuerte frente a las demás monedas –realmente sin una justificación muy clara, entre otras razones por el nivel histórico de endeudamiento alcanzado por la economía americana- lo cual hace pensar en una posible y catastrófica “burbuja del dólar”; la caída en los precios del petróleo, y en general de las materias primas; el ajuste en los ritmos de crecimiento de importantes economías emergentes, con China a la cabeza, y la contracción de los flujos comerciales y de capital internacionales, en su conjunto conducirá, en un plazo no lejano, a una conmoción de los mercados financieros tradicionales, tanto en los de valores como en los monetarios. En otras palabras, pensando en términos inversionistas, no parece ser un buen momento para refugiarse ni en papeles ni en divisas convencionales.

Al propio tiempo, otros procesos, quizás más técnicos y menos conocidos, como las nuevas regulaciones bancarias internacionales, mucho más estrictas, que deberán entrar en funcionamiento en el 2018-2019, a partir de las normas de la llamada Basilea IV y –aunque de esto no se hable mucho – la posible relación de ese hecho con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, tomando en cuenta el papel del Banco Central Europeo en esa futura norma bancaria y los intereses de la moneda inglesa, podría complicar aún más el escenario.

En estas circunstancias: ¿Qué hacer?….. Lo primero es tratar de alejarse lo más posible de los “focos claros de contagio”. O lo que es lo mismo, buscar alternativas de inversión, de producción y de comercialización. Y es aquí donde la pregunta anterior se imbrica con el tema de la dependencia económica de México con China, en cuanto a la acumulación de una considerable deuda comercial del país azteca con el asiático.

Comenzando con la producción. Hay que recordar que toda crisis financiera, más temprano que tarde, arrastra a la producción y al comercio, los cuales también caen en crisis. Así ha sido y seguirá siendo. La crisis comienza en las finanzas y termina en la producción, el comercio, el empleo y el consumo. Para un país como México es imprescindible que se tomen las medidas de “blindaje” financiero macroeconómico, tal como se viene realizando; elevar tasas de interés, medidas anti-inflacionarias, al tiempo que se procura aumentar el empleo y el consumo y las reservas financieras internacionales, entre otras decisiones. Pero esto no es suficiente. Hay que poner la mirada, muy rápida y especialmente, en la producción.

Este tema da para muchas consideraciones, pero no es el caso abordarlas en este momento. Baste decir que una nación como México dispone de un mercado interno lo suficientemente grande, diverso y poderoso –el onceno mercado interno mayor del mundo- como para poder basar en ese mercado cualquier proyecto de desarrollo económico y, al propio tiempo, proyectar un perfil propio, autosustentable y realista de participación en la división internacional del trabajo. No se trata de dejar a un lado las posibilidades del comercio exterior, de la cooperación y la complementación productiva internacional, que se puedan llevar a cabo mediante los múltiples tratados en que México participa. Todo lo contrario, se trata de fortalecer esas relaciones, pero reorientarlas y dirigirlas con políticas productivas y comerciales estables y coherentes, en función de los intereses de una transformación estructural, integral y a fondo, de la economía.

Expresado de manera más sencilla: Aprovechar todas las ventajas y potencialidades humanas y naturales existentes en el país, en dirección al desarrollo de sectores y actividades en las cuales México puede competir internacionalmente, con cierta independencia de las crisis financieras. Para esto se usarán dos ejemplos; el del Turismo y el Sector Agro-Alimentario.

La historia muestra que una de las actividades económicas menos susceptibles a caídas por crisis financieras es el Turismo. Según datos de la Organización Mundial del Turismo 2 entre los años 2005 y 2010, en el período de mayor intensidad en la última crisis financiera mundial y en el que cayeron casi todas las actividades económicas, las llegadas de turistas internacionales en el mundo se incrementaron de 807 millones de personas en el 2005 a 948,1 millones en el 2010. Fue una de las pocas actividades, a escala mundial, en la que no se vio caída significativa. Este indicador llegó a los 1 133 millones de turistas en el 2014 y se estima que para el 2030 habrá 1 800 millones de turistas internacionales esparcidos por el mundo.

Al igual que existe un índice de competitividad global, elaborado por el World Economic Forum, en el cual durante los años 2014-2015 México ocupa la posición 61 entre 144 naciones del mundo, ese propio Forum mundial elaboró un índice de competitividad en viajes y turismo (TTCI, por sus siglas en inglés) y en el cual México, en el año 2013, ocupó la posición 44 entre 140 países, teniendo por delante a naciones de reconocido potencial turístico, como Suiza, Alemania o EUA, entre otras; pero también a países mucho menos conocidos, y también más pequeños que México, como Singapur (lugar 10), Hungría (39), Montenegro (40), Qatar (41), Polonia (42) y Tailandia (43)….

No obstante esa posición competitiva relativamente desfavorable, la expansión de la actividad turística internacional mexicana ha mostrado avances. La nación azteca se colocó en la décima posición en cuanto a destino de turismo internacional en el año 2014. Pero, al mismo tiempo, China – que como se ha visto, es uno de los principales acreedores comerciales de México, sino el principal- también consolidó su posición como el mayor país turístico emisor del mundo, con más de ¡83 millones de viajeros¡ que salieron de esa nación asiática en el 2012 y donde además son los que más gastan en turismo internacional; con 165 mil millones de dólares en el 2014; bastante por encima de los 111 mil millones que gastaron los norteamericanos por ese mismo concepto. Otro mito que se rompe. Pero, en el 2012, los chinos ocuparon la posición 20 en el ranking de visitantes extranjeros a México. De los más de 83 millones de chinos que salieron al mundo, y no obstante los aproximadamente 40 acuerdos de todo tipo firmados entre México y China en los últimos veinte años, a México llegaron en ese año 47,8 miles de turistas chinos; es decir, sólo un 0,05% del total de los viajeros chinos.3 Esto parece una ilustración de una oportunidad nacional no bien aprovechada, hasta ahora. ¿No sería posible una política más activa, a fin de atraer más visitantes de esa nación asiática que, en otro orden, una parte importante de ellos viaja a zonas cercanas de EUA?

Es muy bueno que México impulse la producción y las exportaciones de manufacturas y determinada especialización en las mismas, como lo está haciendo pero en las relaciones comerciales con China no parece lo más acertado competir a profundidad, por ejemplo, en electrodomésticos, ropa o calzado deportivo, pero si en aquello en que México es un productor único y diferenciable: su propia imagen.

El otro ejemplo de actividades productivas nacionales que tienen una gran potencialidad, con cierta independencia de circunstancias adversas que puedan existir en los mercados financieros internacionales, es el sector agro-alimentario. La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) en un informe de junio del 2016 señala que México ya exporta productos alimenticios por un valor de 84 millones de dólares cada 24 horas 4 y que de enero a abril del presente año el sector agroindustrial reportó un crecimiento en su ventas hasta 4 636 millones de dólares, con un superávit de 186 millones; el mayor nivel de un período similar en los últimos veinticuatro años.

Pero, al propio tiempo, según el Ranking Nacional de Nutrición Infantil (RANNI) la nación azteca ocupa el lugar 50 entre 101 países en cuanto al nivel de desnutrición infantil crónica, con una cifra en el orden de 1,5 millones de niños menores de cinco años en esa situación; para un 13,6 del total de esa población infantil, y donde en la región sur se llega a un 19%; esto es, índices más desfavorables que para algunos países africanos.

Entonces, la pregunta sería: ¿Se están aprovechando realmente todas las posibilidades potenciales para resolver los agudos problemas alimenticios internos que aún subsisten en el país y también tener una participación más activa en la solución de la situación alimentaria mundial? Aquí también la respuesta parece ser negativa.

En resumen, en este tipo de actividades, como las que se han ejemplificado anteriormente, las dificultades y restricciones no parecen estar condicionadas por situaciones de bonanza o de crisis financiera nacional o internacional, sino por problemas de concepción, de políticas, de programación y de desempeño económico nacional.

Hasta aquí dos ejemplos concretos de espacios estratégicos en materia de producción y de inversiones que podrían intensificarse, tratando de “saltar” posibles crisis financieras. Pero… ¿Qué otros caminos se pueden tomar, específicamente, en el ámbito monetario y financiero?

Hay algo claro. El refugio “natural” frente a las crisis monetarias ha sido, y seguirá siendo, los metales; en particular el oro y la plata. Pero…cuidado. Aunque su precio sigue subiendo, parece que el oro físico disponible para comerciar también está agotándose. Hace dos meses, la revista Forbes de México publicó un artículo 5 elaborado sobre la base de un estudio del Comité de Acción Antimonopolio del Oro (GATA por sus siglas en inglés) alertando sobre este tema, y señalando que “queda muy poco oro físico en el mercado londinense para satisfacer los compromisos de entrega que hay en el papel” y que cada día se venden ¡¡200 mil millones de dólares¡¡ en el mercado del “oro” en operaciones pagadas con “papeles” sobre una base física no garantizada. Si, en algún momento, como ya sucedió hace décadas – y es posible que vuelva a ocurrir- a los compradores se les ocurre “pedir su oro”, se producirá un default del pago en físico que, aunque se realice en alguna divisa, la ausencia del respaldo metálico que, en última instancia, es el producto que se está negociando, desataría pánico y un rechazo al papel dinero, que perdería, aún más, su credibilidad. Llegado ese momento el precio del oro subiría sin control. Por tanto, ese refugio “natural” tampoco está seguro…en divisas. Y, para mayor preocupación, en ese propio artículo, se señala que: “Hay una enorme transferencia de riqueza expresada en el oro que abandona Occidente para establecerse en el lejano Oriente, y sobre todo, en China. Jamás regresará.

¿Qué queda entonces? Por supuesto sigue siendo bastante seguro disponer de oro, plata y otros metales preciosos, pero en términos físicos, no en su expresión monetaria, en papeles, por muy confiables que estos parezcan. Al final se retorna, al menos parcialmente, a las bases de lo que fue la corriente mercantilista que prevaleció en la economía internacional desde los inicios de la conquista y colonización de América hasta el comienzo del Capitalismo, con la Primera Revolución Industrial en la Inglaterra Victoriana del Siglo XVIII; el Oro no como representación de la riqueza, sino como expresión de la riqueza en si misma.

Un nuevo espacio en el mundo monetario, una esperanza y una expectativa de sortear los riesgos de los mercados tradicionales, se abrió hace sólo seis años, a raíz de las duras experiencias de la llamada Crisis Subprime, con la aparición de las criptomonedas, primero en los Estados Unidos y mucho más recientemente en Europa, sobre lo cual se trató muy sucintamente en el artículo inmediatamente anterior en este blog 6 Sobre esto vale la pena regresar más específicamente en un próximo trabajo.

 

1 Ver, en este mismo blog, “Sobre 28 gigantes, el castillo del dinero, y el mito del crédito” publicado el pasado 9 junio

2 Ver: Organización Mundial de Turismo (UNWTO), Panorama del Turismo Internacional, edición 2015 consultado en unwto.org/pub

3 Ver: “Destinos turísticos del viajero chino…”; Michel, Angel, L. y Delgado Rios, C.A. en   www.uv.mx/chinaveracruz/files/2015/04/03_Destinos-turisticos.PDF

4    Ver: http://sukarne.com/entrada/sagarpa-destaca-potencial-exportador-de-mexico

5 Ver: http://www.forbes.com.mx/la-muerte-del-mercado-del-oro/

6 Ver en este mismo blog: “Fintech: Una nueva revolución tecnológica a las puertas…. Publicado el pasado 22 de junio

 

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