Sobre 28 gigantes, el castillo del dinero, y el mito del crédito

A pesar de este título, lo que viene a continuación no es un cuento infantil. Todo lo contrario. No es apto para todas las edades. En ocasiones, hago a mis alumnos la siguiente pregunta: “¿Quién fabrica actualmente el dinero?” Casi invariablemente la respuesta es: “Por supuesto que los gobiernos, los bancos centrales de los países”… Ante esa afirmación, no me queda otra alternativa que decirles: “Pues está equivocado(a). Eso ya no es así, y no son esas instituciones sino los bancos comerciales los que producen el 90% del dinero que conocemos, y sólo el restante 10% es impreso por la banca central de los Estados”….

Pero el problema es aún más agudo: No obstante que todavía existen cientos de miles de bancos en todo el mundo, la tendencia es hacia una mayor fusión o desaparición de los mismos, y ya hoy son sólo 28 entidades financieras (bancarias y no bancarias) gigantes las dueñas del 90% de los activos financieros del planeta.*¡Se podrá imaginar la concentración de poder que esto representa, y lo que es capaz de hacer ese grupo financiero a los 7,3 miles de millones de humanos que habitamos en este pequeño espacio llamado Mundo!

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Un poco de historia nunca viene mal. A partir del año 1971, y por razones que sería muy largo explicar aquí, hubo un cambio trascendental en el sistema monetario y financiero internacional, que había funcionado, con éxito y estabilidad, desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. En ese año, al gobierno de los EUA (R. Nixon) no le quedó otro remedio que romper el llamado “Pacto de Bretton Woods”, que había normado el funcionamiento del sistema monetario-financiero mundial a partir de 1945. Esa decisión condujo, entre otros resultados, al abandono del respaldo en oro del dólar norteamericano, a eliminar las tasas de cambio más o menos fijas entre las monedas y proceder a la libre flotación de los valores de las divisas de todo el mundo. A partir de ahí se generó un enorme y creciente desequilibrio en los mercados monetarios, que engendró una especulación nunca vista y una perturbación crónica en los mercados financieros.

En términos prácticos, a lo largo de estas últimas cuatro décadas y media transcurridas desde ese acontecimiento, las monedas de todo el mundo, con el dólar a la cabeza, dejaron de tener algún respaldo en algo más que no fuera sólo la confianza de los tenedores de las monedas. Se convirtieron en lo que se conoce como dinero fiduciario; esto es puros papeles, en los cuales se confía para casi todo lo que necesitamos, mientras no se demuestre lo contrario.

Bajo estas nuevas condiciones, fueron los bancos comerciales los que “tomaron el mando del mundo”. Y una figura, hasta ese momento más o menos controlada y bajo vigilancia, por todo aquello del respaldo en oro y de la convertibilidad regulada que prevaleció durante mucho tiempo, se desató, y apareció como protagonista de primera plana en el contexto económico mundial: El crédito. Al propio tiempo, el dinero, que hasta ese momento se utilizaba, fundamentalmente, como medio de pago y para hacer negocios, se convirtió el mismo en el mejor de los negocios, y en insuperable base de transacciones especulativas.

El vocablo crédito viene del latín; de “credere”, creer, confiar, y su existencia como concepto y práctica se pierden en la Roma anterior a la Era Cristiana, al igual que los bancos, que ya en el siglo IV AC. existían en varias ciudades griegas. Pero lo que interesa aquí es que el crédito, bajo sus múltiples modalidades y formas de existencia, que se multiplican y crecen en las últimas décadas, ha llegado a convertirse en el corazón; en el centro mismo de la maquinaria que hace funcionar no ya la banca y el dinero, sino todas las economías nacionales del planeta y, por tanto, la propia economía mundial. Y que ese poder no lo tienen los gobiernos, sino los bancos comerciales.

La tendencia dominante en el mundo en los últimos treinta o cuarenta años ha sido hacia la descentralización de múltiples manifestaciones de la vida, la democratización de muchos procesos. Comenzando con el conocimiento y la información, a partir de la revolución en las telecomunicaciones y de internet, hasta las estructuras políticas y el despliegue, con mucha fuerza, de la Sociedad Civil y de sus organizaciones, por encima de partidos tradicionales y de gobiernos. Más, sin embargo, en el ámbito monetario y financiero la tendencia absoluta, hasta hace sólo cuatro o cinco años, ha sido la centralización y concentración del poder y del dinero y esto se ha realizado, en primer lugar, a través de los mecanismos del crédito. Según datos del Banco Mundial, el crédito interno suministrado por el sector bancario en el año 2014 representaba un 173,6% del PIB mundial en ese año reciente. Pero, según la Consultora Mc Kinsey, la deuda total; esto es, la suma de las deudas pública y privada, ha llegado a significar unas tres veces el volumen del PIB del planeta!! **

Entonces, esos “28 gigantes” mencionados antes crean, mediante diversos mecanismos, el crédito; esto es, el 90% del dinero, que es ahora el “castillo” del dinero-crédito. Lo interesante aquí es que esas instituciones han fabricado ese castillo como dinero virtual y a partir de la nada. No – como también se piensa habitualmente – basado en los depósitos que realizan las personas en esas instituciones. Es posible que el dinero prestado por el sistema bancario llegue a representar hasta 8 o 9 veces el monto del dinero real depositado en bancos.

Es necesario entender que el gran negocio de las instituciones financieras no son los depósitos de los clientes, sino los intereses, prácticamente de usura y muchos fijados arbitrariamente, que cobran a sus deudores, así como las operaciones especulativas que realizan en los mercados financieros y monetarios con un dinero que, en verdad, ni es suyo ni existe. Según el Trienial Central Bank Survey, publicado por el BIS: “El comercio en los mercados de divisas promedió 5,3 millones de millones, por día,¡¡¡ durante abril del 2013” ***

A la dictadura bancaria” en realidad no le conviene que las personas físicas o morales les paguen las deudas contraídas, en virtud de los créditos de diversos tipos que éstos otorgan, o los préstamos que realizan a gobiernos de los países. Su verdadero negocio es el cobro de los intereses y la especulación. Y de ahí su carácter profundamente explotador y parasitario, que contribuye a ampliar las diferencias en los niveles de ingreso de naciones, regiones y grupos poblacionales en todo el mundo, en favor de sus excesivos intereses de lucro.

Casi siempre se pasa por alto que la inmensa mayoría del crédito otorgado por las instituciones financieras es sólo dinero virtual, que prácticamente nadie llega a ver nunca. Está “depositado” en una tarjeta plástica enlazada a un sistema y este “dinero” se genera con un simple teclazo en la computadora. Mientras que los pagos, esos sí, se deben realizar a los bancos y a otras instituciones financieras, tanto de los intereses como del principal, en dinero real, que sale del salario y de los ingresos generados por el trabajo de los deudores.

Toda esta marea de dinero, en la cual también están presentes las operaciones vinculadas al “lavado de dinero” y a la evasión de impuestos –con la contribución decisiva de los más de cuarenta paraísos fiscales- distribuidos en todo el mundo, generan inestabilidad y crisis monetarias y financieras, que se han venido produciendo en distintas partes del mundo, con fuerza creciente, desde la década de los años setenta del pasado siglo, hasta llegar a la llamada gran crisis financiera sub-prime del período 2007-2008, que fue provocada por la irresponsabilidad y el engaño de algunos de los “gigantes” de las instituciones financieras de EUA, encabezados por la Reserva Federal, y que llevó a todo el sistema monetario y financiero mundial al borde del colapso; a la casi destrucción del “castillo”. Fue, posiblemente, la mayor estafa de los últimos cien años.

Sin embargo, esta situación ha traído también enseñanzas. Con posterioridad a esa crisis, en los últimos cinco años, una parte cada vez mayor de las sociedades, en particular en los EUA y en otros países desarrollados, aprendió la lección y comprendió que existe la tecnología que puede permitir a los particulares separarse de la “maquinaria de los bancos”; reproducirla por vías privadas, descentralizando y personalizando la creación del dinero y de formas de comercialización propias, evitando la intermediación de las instituciones financieras formales y tradicionales, y haciendo mucho más transparente y expedito todo este proceso…

Al propio tiempo, estas nuevas maneras de hacer las cosas tratan de distanciarse, lo más posible, de los conocidos impactos nocivos que traerá la próxima, inevitable, y no lejana nueva crisis monetaria y financiera internacional. Ha aparecido así todo un mundo nuevo en este campo; las fintech, la banca en las sombras, las P2P, los blockchains, las criptomonedas, etc.…. Mundo que preocupa mucho a las instituciones financieras y monetarias tradicionales.

Pero ya esto último da para otra historia…….

PD: Para los posibles interesados, los “28 gigantes” son:

EUA:          1) J.P. Morgan Chase  2) Bank of America  3) Citigroup   4) Morgan

5) Goldman Sachs  6) Bank of New York Mekon  7) State Street   8) Wells Fargo

Francia:       1) Groupe Credit Agricole  2) BNP Paribas   3) Societe Generale  4) BPCE

Japón:         1) Mitsubichi Ufjfg  2) Mizuho FG y Sumitomo  3) Mitzui FG

China:          1) HSBC 2) Bank of China

Inglaterra:  1) Barclays PLC   2) Standart Charterer

España:         1) Santander  2) BBVA

Suiza:             1) Credit Suisse   2) UBS

Alemania:     1) Deutsche Bank

Escocia:         1) Royal Bank of Scotland

Holanda:        1) ING Bank

Italia:             1) Unicredit Group

Suecia:           1) Nordea

 

*      Ver de Morin, F. – L’hydre mondiale: L’oligopole bancaire ; Lux,‎ 2015; 168 p.; Paris

**     Ver de Ugarteche, O. – “La Gran Mutación”;  UNAM, México; 2013

***   Ver de Fernández, M. – “Globalización, Innovación y Competitividad. Sobre verdades, mitos y falacias”; Kindle Pub, Amazon mx; 2016, pág.48

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