Una visión sobre los Estados Unidos ante las elecciones de finales del 2016

Gane o no, lo ocurrido es una señal hacia el futuro. Y el problema no es que sea republicano, y muy conservador, sino lo que significa su personalidad y posible proyección en la política de EUA, tanto hacia adentro como hacia el resto del mundo, en el contexto de una situación económica y política muy especial y compleja por la que atraviesan los Estados Unidos en estos momentos, y que será peor en el transcurso de los próximos años.

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Ha habido dieciocho presidentes republicanos en la historia de los Estados Unidos, desde Lincoln hasta George W. Bush. Posiblemente ninguno se haya aventurado en atacar al resto del mundo desde posiciones tan extremas como lo ha hecho Donald J. Trump en su campaña. Y eso que aún es un candidato -cierto que el único- pero en fin, un candidato por el Partido Republicano a presidente, a falta de otro mejor. Es también sabido que, para bien o para mal, una cosa es lo que se dice en las contiendas y otra lo que se hace en el poder; pero así y todo siempre hay un nexo entre una y otra etapa. Y, en este caso, la relación es preocupante.

La pregunta aquí podría ser: ¿Cómo es posible que un individuo, con estas posiciones, no ya extremas, sino irreflexivas e injustificadas, con tal imagen –dejando a un lado preferencias concretas de puntos de vista políticos – haya podido llegar hasta donde éste ha llegado?

En mi opinión, esto es un reflejo claro de la situación en que se encuentran los Estados Unidos, como economía, y como sociedad, en la actualidad. Lo primero es que, se diga lo que se quiera y se mire con el cristal que se desee, las cosas no marchan nada bien en los Estados Unidos en estos momentos.

Jim Rogers, un muy conocido –y original- inversor, profesor, multimillonario y analista financiero norteamericano, ex–socio de George Soros, y gran ganador en la operación de los mercados en los pasados años setenta, quien anticipó las crisis de las llamadas empresas punto com, a finales de los noventa, y de la inmobiliaria, hace ocho años, afirmó recientemente en el portal del Wall Street Daily que: Los Estados Unidos es la nación más endeudada en la historia mundial” y que, junto con el resto de países occidentales desarrollados, pagará un alto precio por ello. En marzo del 2016, en una entrevista a Bloomberg TV, añadió que: “Existe una probabilidad del 100% de que los EUA entre en recesión en el plazo de un año”. Y esta persona sabe lo que habla.

En efecto, todo parece indicar que hechos reales presentes en la economía norteamericana en estos momentos, no obstante los débiles signos de recuperación que muestran las estadísticas y la prensa, inducen a una gran desorientación, más o menos generalizada, y a la percepción de un cercano nuevo estallido financiero, en gran escala. Esa sensación de crisis a las puertas, obviamente, constituye terreno fértil para la aparición de cualquier manifestación que prometa: “Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo…. Tristemente, el sueño americano está muerto. Pero si fuera elegido presidente, lo traería de regreso, más grande, mejor y más fuerte que nunca y haríamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”. Y, mucho más, en un año electoral, y más aún si hay, detrás de esa promesa, muchos billones de dólares para afianzarla.

Como se sabe, uno de los recursos universalmente utilizados para explicar problemas que no se comprenden es echar a otros la culpa de esos problemas. Así, en el discurso del mencionado candidato dice que el calentamiento global no existe. Que es un concepto “creado por y para los chinos para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”. Que los inmigrantes mexicanos que cruzan la frontera, no legalmente, son “corruptos, delincuentes y violadores” y que hay que construir un muro en esa frontera, a ser pagado por México. Que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en Inglés) en el que participan EUA, México y Canadá hay que eliminarlo porque roba los empleos a los trabajadores norteamericanos. Sus arremetidas indiscriminadas contra la población musulmana y sus amenazas, entre otros muchos desatinos, también contra las mujeres o contra personas con capacidades diferentes.

En una palabra, esa retórica recuerda el estilo de los discursos de Adolfo Hitler durante las décadas de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, cuando echaba la culpa a los judíos por los problemas y males que sufría Alemania en aquel momento. Lo terrible en aquella ocasión fue que millones de alemanes le creyeron ciegamente, y ya se sabe las consecuencias.

¿Es culpa de chinos, mexicanos, árabes, y hasta de los africanos, los descomunales desbalances financieros (interno y externo) acumulados por años en los Estados Unidos? ¿Son responsabilidad del resto del mundo los enormes errores y descontroles en la política monetaria y financiera de la Reserva Federal, de Wall Street y de la Banca Norteamericana durante ésta, y en anteriores administraciones, incluyendo las republicanas? ¿Ha sido un fallo no atribuible a los Estados Unidos que se hayan desindustrializado considerablemente, cediendo a los asiáticos su tradicional posición como productores y exportadores de muchos bienes y servicios, para dedicarse, primordialmente, a imprimir dólares y a mover millones de millones de ellos en los mercados especulativos?…..

Es posible que “El sueño americano esté muerto” ¿Pero de qué “sueño” se habla? Ese sueño puede ser diferente, en dependencia de quién lo “sueñe”. ¿Qué hay detrás de este personaje y por qué el apoyo recibido de un segmento nada pequeño de la sociedad norteamericana? Lo primero a entender es que ya los EUA no son el país que era hace sólo cincuenta o sesenta años. De una población determinantemente W.A.S.P (Blanca, Anglo-Sajona y Protestante), descendiente de europeos, la nación se ha ido convirtiendo en un enorme espacio cosmopolita; donde conviven personas de origen asiático, latino (de procedencia tanto americana como europea), africano, árabe…y también los W.A.S.P. que siguen teniendo un gran papel en el tejido demográfico, económico y político norteamericano, pero que no son ya los únicos ni los determinantes. Muchos norteamericanos se enorgullecen, y con razón, de que los Estados Unidos son un gran melting pot (crisol de razas) y esta es una de sus mayores fortalezas. Esa tendencia a la diversificación de la sociedad norteamericana continuará y se acelerará.

A todas luces, la aparición en escena de este personaje es, posiblemente, el último reducto de ese grupo que él representa, de una porción poblacional que, a pesar de su poderío económico, va perdiendo participación en el cambiante tejido de la sociedad norteamericana, y ellos lo saben. Las elecciones de noviembre en los Estados Unidos pueden ser vistas, más que el enfrentamiento entre dos partidos, entre dos posiciones o dos contrincantes presidenciales, como la confrontación de un grupo social determinado frente al resto de la heterogénea población estadounidense. Esperemos que triunfe la razón y la mayoría, y esto será que gané el Mundo, y también los Estados Unidos de América.

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