¿Qué está sucediendo actualmente en algunos países de América Latina?

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La entrega anterior se dedicó al tema del “Lideralismo”, y cómo ese estilo de dirección ha venido siendo sustituido en las últimas décadas, tanto en Europa como en parte de Asia, por otras modalidades de conducción política, mucho más democráticas e inclusivas, y cuáles fueron las bases para estos cambios. Ahora toca analizar esta cuestión en América Latina.

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En relación con Latinoamérica lo primero a señalar es que, al igual que en otros aspectos, la región parece estar también rezagada en la superación del Lideralismo; lo cual puede que obedezca, en cierta medida, a la herencia cultural ibérica recibida desde su nacimiento.

En efecto, dentro de Europa Occidental es la Península Ibérica, en comparación con otros territorios europeos, uno de los más tardíos en el inicio del fin de las formas específicas del Lideralismo. Esto sólo culminó allí con la muerte del Caudillo Francisco Franco, de España, en 1975, quien gobernó esa nación desde 1939 hasta su desaparición física. Y un poco antes, en el caso del dictador Antonio Oliveira Salazar, quien rigió en Portugal de 1932 a 1968, también casi hasta su fallecimiento. Ambos regímenes fascistas fueron los últimos reductos del Lideralismo (y del fascismo) en Europa Occidental.

Por su parte, en casi toda la Iberoamérica de este lado del Atlántico durante siglos ha prevalecido el Lideralismo, por encima de cualquier otra forma de dirección social. Comenzó con la conquista y la colonización española y portuguesa; con la instauración de virreinatos, encomiendas y realengos; instituciones que descansaban todas en una autoridad central totalitaria; porque el totalitarismo no es una “exclusividad” de un sistema político concreto.

Esa práctica, de manera más sutil, se mantuvo en el largo y lento proceso de crear las estructuras políticas nacionales, bajo la nueva condición de la Independencia, durante los siglos XIX y XX. Y aunque todos los procesos independentistas tuvieron visos republicanos y democráticos –quizás ya en parte por la influencia norteamericana en la región- en realidad nunca abandonarían sus raíces lideralistas. En realidad: “No se sabía hacer de otra manera”.

Por supuesto que los patrones republicanos y democráticos no se corresponden, para nada, con las bases y formas de operar del Lideralismo, pero pueden coexistir. Se produjo en Latinoamérica una suerte de simbiosis política entre Democratismo y Lideralismo, aún con diversos tintes en los muchos grupos, partidos y territorios en que se iba fragmentando las sociedades: Liberales y conservadores, izquierdistas y derechistas, nacionalistas y demócratas, social-demócratas y demo-cristianos, sindicalistas y capitalistas, militares y civiles, etc. En todos ellos un mismo deseo: Superar absolutamente a los contrarios.

Existen dos rasgos esenciales del Lideralismo. El primero: La intolerancia, la incapacidad de tender puentes colaborativos entre personas que piensan diferente. El segundo: Una vez alcanzado el poder, conservarlo indefinidamente, a cualquier costo. Estos dos rasgos, presentes durante siglos en territorios de Europa y de Asia en que primó el Lideralismo, se han hecho también palpables en muchos países de América Latina en los últimos doscientos años. También aquí hay tantos ejemplos, que no vale la pena mencionarlos por su nombre.

En Latinoamérica se alternaron durante todo este período, y por distintas razones históricas, etapas de predominio del Nacionalismo, del Liberalismo, del Sindicalismo, del Industrialismo, del Militarismo…Cada una de ellas con sus líderes nacionales; algunos llegaron a convertirse en figuras internacionales, y dentro de estos, unos pocos, hasta en mitos.

No obstante, toda esa larga historia del Lideralismo en América Latina se produce en circunstancias en que aún no se ha completado las tres condiciones mencionadas en el trabajo anterior, como bases esenciales en que se apoya la superación del Lideralismo. Pero, puede decirse que en la región se ha avanzado en los últimos años, quizás como nunca antes:

  1. En Latinoamérica no se han producido grandes guerras entre pueblos de la región, desde la terrible “Guerra de la Triple Alianza” – entre Brasil, Argentina y Paraguay- entre 1864 y 1870; es decir, hace casi siglo y medio. No existe aún una conciencia de la necesidad de la cooperación, como se desprende de las experiencias bélicas, pero esto ha ido cambiando, a partir de experiencias internacionales, en especial de Asia.
  2. La Revolución de las Telecomunicaciones en América Latina está aún retrasada respecto a Europa y América del Norte, pero ha avanzado muy rápidamente. A finales del 2015, el 55,9% de la población latinoamericana tenía acceso a internet. Esa proporción era del 73,5% en Europa y del 87,9% en América del Norte. *
  3. “El recurso a la sociedad civil en América Latina se asocia con la disolución de la  matriz estadocéntrica que ha caracterizado las sociedades en las décadas anteriores” ** El Tercer Sector se ha ido estructurando en casi todos los países.

En este contexto, que podría ser una transición hacia una nueva etapa de la Globalización en América Latina, grupos y personalidades de la Izquierda llegaron al poder en algunas naciones; en particular durante fines del siglo XX y principios del XXI. Esto ocurrió en momentos en que la situación ya había empezado a cambiar en la región. El Lideralismo, luego de siglos, había comenzado a perder terreno, y a los ciudadanos latinoamericanos, en especial en las ciudades, ya no les importaba tanto el color con que éste se vistiera.

En Latinoamérica, cada vez más, los pueblos saben más y confían menos en instituciones, partidos y gobiernos tradicionales, independiente de matices políticos. La corrupción, los privilegios, la impunidad, las promesas incumplidas y las incapacidades acumuladas y compartidas por décadas, erosionaron las viejas estructuras y el tejido político de la región. Se abren paso así nuevas formas de organización social y de proyecciones políticas independientes, que tratan de apartarse lo más posible del pasado.

Por ello, el actual retroceso que sufren determinados líderes y partidos de la izquierda latinoamericana pudiera interpretarse entonces no sólo como resultado de una “ofensiva de los contrarios y del enemigo”, sino por el cambio de los tiempos. Aunque muchos no se han dado cuenta –o no hayan querido darse cuenta- de esto. El viejo Lideralismo, que funcionó durante un largo periodo, bajo cualquier signo, puede que ya no sea para nadie la forma de acceder al poder…..y menos aún de tratar de conservarlo indefinidamente….

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