¿Hemos llegado al fin del “Lideralismo”?

En primer lugar quisiera apuntar que ciertamente no hay ninguna errata en este título. Hoy voy a referirme al “Lideralismo” y no al “Liberalismo”, que es a lo que nos tienen, más o menos, acostumbrados a tratar en este tipo de trabajo.

Esta palabra, “Lideralismo” en realidad, no existe en idioma español. No está registrada en la última edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y se ha utilizado sólo ocasionalmente para describir determinadas actitudes de grupos políticos que, en determinados momentos, han hecho énfasis en la importancia del liderazgo, como solución mágica de todos los problemas.

Utilizo este término de “Lideralismo” no en el sentido empleado anteriormente, sino dándole un alcance más amplio y libre. Y porque me parece que brinda una idea precisa de la situación que intentaré describir.

Considero el Lideralismo como un rasgo peculiar de aquellos sistemas políticos y sociales nacionales, que descansan en la figura, ideas y acciones de una sola persona, que llega a representar una corriente única del pensamiento y del quehacer social, y que domina la escena de ese entorno y, por ende, la vida de los individuos de ese grupo, por un período más o menos largo. Esto, que pudiera interpretarse como resultado natural y normal del liderazgo, es mucho más que eso. El Lideralismo viene a ser una expresión sintética, extrema y permanente de lo que comúnmente se conoce como Caudillismo.

Múltiples ejemplos de este estilo de dirección política – casi siempre, o siempre, acompañado de un profundo componente militarista- han estado presentes en muchas regiones del mundo a lo largo de la historia de la Humanidad, especialmente en Europa y en Asia. Y son tantas las personalidades que pudieran inscribirse en esta lista que no vale la pena mencionarlas.

Pero en Europa, tras milenios de confrontaciones, sangre y sufrimiento de sus pueblos y luego de la Segunda Guerra Mundial, y más aún después de la caída del Muro de Berlín, parece haberse comprendido que existen formas más humanas, civilizadas, efectivas y eficientes que el Lideralismo para enfrentar los procesos de la dirección política de las naciones. Y así se ha venido superando este estilo autocrático, sustituyéndolo gradualmente por sistemas democráticos, participativos y de empoderamiento. Igualmente, esta nueva tendencia se viene manifestando también en buena parte de Asia. Me referiré posteriormente, de manera sintética, a lo que considero son las bases y las razones prácticas que han posibilitado este profundo cambio en buena parte del mundo.

Se puede concluir a este respecto que, excepto para unos muy pocos países – y diferencia de lo que ocurría hace sólo cuarenta o cincuenta años – en el presente casi nadie puede responder a la pregunta: ¿Quiénes son actualmente los jefes de Estado o de Gobierno de los países europeos o asiáticos?…. Lo más importante aquí no son ya los nombres de las figuras o los líderes de esas naciones, sino que éstas funcionan (algunas de ellas bastante bien, otras menos bien) pero todas marchan, con suficiente independencia del nombre de quién se encuentre a cargo en cada momento.

En otros términos, esas naciones han superado la fase del Lideralismo. Como es sabido, sigue existiendo la figura del jefe de Estado o de Gobierno, se cuenta con pocos o muchos partidos, instituciones y congresos, pero en esos países se ha logrado crear sistemas nacionales. Estos se mueven como mecanismos autónomos; que dan continuidad a las políticas por encima de los naturales cambios periódicos de personas y partidos, y donde los objetivos y propósitos económicos y sociales nacionales de largo alcance están fijados, son conocidos, estables, permanentes y se encuentran por encima de los intereses particulares y de corto plazo de grupos, y mucho menos de “líderes indiscutibles o indiscutidos”. Tampoco tienen ya mucho que ver, en términos prácticos, con las llamadas posiciones de la izquierda, de la derecha o del centro; tema sobre el cual me referiré en otra ocasión.

¿Cuáles han sido las bases de estos profundos cambios políticos y sociales en buena parte del mundo con posterioridad a los años cincuenta del pasado siglo? En mi opinión podría decir que, de manera general, ha sido la acción conjunta de tres factores, todos ellos vinculados al llamado proceso de la Globalización, los que han sido determinantes de esta nueva situación mundial:

  1. El aprendizaje dejado por las nefastas experiencias de las guerras y confrontaciones. Y haber llegado a la comprensión de que estamos todos en un claro punto de un posible “no retorno” en un choque militar de gran alcance. Ya no es el empleo de las armas la vía adecuada para resolver los complejos problemas de este mundo.
  2. La Revolución en las Telecomunicaciones y, en particular, el fenómeno de internet. La democratización en el acceso a la información.
  3. La emergencia, con mucha fuerza, del Tercer Sector; de la Sociedad Civil organizada y “armada” con las nuevas tecnologías y estructurada en las muy extensas y diversas redes sociales, que han dado un poder individual a miles de millones de personas que hace sólo varias décadas no tenían. El poder se ha descentralizado.

Pero, ¿Y en América Latina? ¿Qué ha sucedido y dónde se encuentra hoy en este sentido?…. A esto se dedicará un próximo trabajo.

 

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